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Juan Israel Aldana.
Jueves, 22 de enero de 2015

Retrovisor Nostálgico: Cheers

[Img #9858]Tal vez habría que escuchar el conocido tema inicial de esta serie, antes de hablar de ella; seguro que nos haría dibujar una sonrisa en el rostro. Esta mítica serie giraba siempre en torno a la camaradería, a la amistad; era su tema de base.

 

Con los años se convirtió en una de las más populares y longevas de la historia de la televisión. A pesar de que tuvo unos inicios poco prometedores y no se esperaba mucho de ella.

 

Los capítulos, se desarrollaban casi íntegramente en un bar, donde los protagonistas pasaban la mayor parte del tiempo. Unos trabajando y otros bebiendo cerveza sin parar, filosofando sobre cuestiones mundanas, rutinarias y cotidianas. Vamos, lo que se conoce como charlas de bar.

 

Y era esa la gran virtud de la serie; aprovechar cualquier situación banal o absurda y convertirla en gags cómicos, por medio de ingeniosos y ágiles diálogos, siempre consecuentes con las personalidades de sus personajes.

 

El bar era propiedad de Sam Malone (Ted Danson), un ex jugador profesional de béisbol, socarrón a la par que seductor. El resto del personal lo constituían el veterano “Entrenador” (Nicholas Colasanto), antiguo compañero de gestas deportivas de Sam, y Carla (Rhea Perlman), una camarera lenguaraz e inoportuna, aunque noble y bienintencionada que se ganó al público con su cómica e incontenible sinceridad.

 

La serie empezaría con la llegada de Diana Chambers (Shelley Long), una mujer culta y refinada, que se ve obligada a aceptar un trabajo como camarera en el local, para salir de un apuro.

 

Con el tiempo, hubo nuevas incorporaciones como las de Woody Boyd (Woody Arrelson), como nuevo barman algo inocentón, y de Rebecca Howe (Kristie Alley), futura propietaria del local. Una mujer que tras su fachada dura e inquebrantable, resultará ser frágil e insegura.

 

Con respecto a la clientela, teníamos al orondo contable Norm (George Wendt), al cartero Cliff (John Ratzenberger); y finalmente al psiquiatra neurótico Frasier Crane (Kelsey Grammer). Éste último, fue adquiriendo tal popularidad, que llegó a tener su propia serie posteriormente.

 

El protagonismo de la serie era coral entre todos sus personajes, y las tramas de cada episodio se distribuían de forma equitativa, para que no se advirtiera favoritismo alguno.

 

Ni que decir tiene, que la serie supuso un gran trampolín artístico para todos sus integrantes; si bien no todos tuvieron la misma notoriedad en sus futuras carreras.

 

Tras 11 años y más de 270 capítulos, las puertas de Cheers cerraron sus puertas. Inevitablemente antes o después las puertas de Cheers tenían que cerrarse. Y así sucedió en 1993, tras 11 temporadas en emisión y más de 270 capítulos llenos de historias de estos personajes que desnudaban su alma y su tontería, bebiendo para alimentar sus sueños y para alejar sus temores.

 

No se puede encontrar una serie tan entrañable como ésta. Se puede considerar cada episodio un regalo donde la amistad, cariño y compañerismo están siempre presentes.

 

Personajes auténticos y que se hacían querer. Aún hoy, después de tantos años, es una serie agradable que se deja ver, y que se merecería que las nuevas generaciones de seriéfilos la descubrieran. Recomendable, al cien por cien por mi parte.

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