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Jesús de las Heras.
Lunes, 22 de junio de 2015

Cansinos por torpes

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Ya cansa un poco”, me decía hace días una joven de esas que ya saben que son guapas sin que venga su trigésimo admirador súbito a hacerle el informe.

 

Porque ya vale de que cuando uno conoce a una chica guapa tenga que decírselo inmediatamente, Además, jamás le dirán que lo son a las feas, ni a las gordas, ni a las desgarbadas, y mucho menos a las imbéciles o a las acomplejadas. No, señor, a todas ellas se les dirá, indefectiblemente, que son guapas, que son bellas o cualquier otro piropo, según el nivel de destreza o torpeza lingüística del sujeto, y eso quizá no caiga tan bien como ellos se creen.

 

Porque a lo mejor quien les apetece que le diga eso es su novio, su marido, o ese chico especial que, admírense ustedes, no le hace el menor caso a ella. Pero por eso no les apetece que selo diga un desconocido, alguien a quien acaba de ver por primera vez en su vida. Si en lugar de “guapa” la calificara de inteligente, lista, ocurrente, original..., quizá no sería tan evidente la torpeza, porque, suponen ellos, todas las mujeres quieren ser guapas. Pero la realidad es que ella quieren ESTAR guapas, pero sólo para algunas personas que ellas aprecian, no para todos, lo que nos convierte a los demás en invasores de esa intimidad que ellas quieren construir con su imagen y con su manera de ser, de hablar, de actuar, para ese ser especial de su apetencia. Y nosotros deberíamos darnos cuenta de esas cosas, si aspiramos a su amistad, o al menos a que ella se lo pase bien en nuestra presencia.

 

La otra parte de eso es que todos los hombres, por lo visto, somos feos, o debemos serlo. Recordemos el famoso adagio: “El hombre, como el oso, cuanto más feo más hermoso”. Sin duda el dicho procede de aquel período de nuestra historia, el más largo de todos ellos, cuando las calles no estaban asfaltadas, ni empedradas, y los vehículos eran de tracción animal, y además la ausencia de aseos en las casas hacían que el anuncio chillado de “¡Agua va!” fuera un eufemismo de que lo que caía con tropezones nadando desde las ventanas abiertas de las casas no fuera exactamente agua, que al caer a la calzada se mezclaba con los excrementos de los animales de tiro. Cuando llovía se agravaba el problema, pues los charcos que se formaban despedían hacia los lados un caldo bastante poco saludable y ofensivo para el buen oler, que no alcanzaba a las damas que transitaban por la acera porque entre lo despedido y ellas se encontraban sus galantes acompañantes, que las mantenían en el lado de la fachada de las casas. De ahí vendría la necesidad de que ellas se perfumaran, y ellos no. Era una época en que aún no había inodoros en las casas, ni tampoco duchas, porque faltaba agua corriente. Pero hoy en día todos tenemos eficientes sistemas de fontanería en casa que nos permiten disponer de agua corriente, ducha, bañera, incluso bidets, y por lo tanto ya es posible la igualdad en nuestra sociedad, en lo que a higiene se refiere. Por eso sería quizá embarazoso decir a un hombre que te acaban de presentar que es guapo, y por eso tal vez no se lo deberíamos decir a una mujer tampoco, al menos obligatoriamente. Es como decir que “estamos encantados” de conocerla. ¿Ya sabíamos de su existencia? ¿Nos habían ensalzado sus méritos quizá? ¿O somos tan clarividentes que le vemos el alma o su pasado, o su forma de ser de un vistazo, y por alguna razón nos hechiza, embruja, subyuga, encanta?

 

No, yo creo que las relaciones entre hombres y mujeres, al menos en el momento de conocerse, habrían de cambiar para ser más justas y agradables. Mejor que ponernos a pontificar doctoralmente sobre la belleza que acabamos de conocer (¿en serio no le vemos otras virtudes?) sería escuchar lo que tenga que decir, pues así la conoceremos más y podremos decidir si es una amistad que nos gustaría animar o dejar desvanecerse.

 

Sí, ya sé que mi opinión no va a remodelar la actuación de mis coetáneos, pero en un país en que las mujeres son guapas y los hombres feos, los varones son listos y las señoras amas de casa, los chicos deciden y ellas vetan, alguien tenía que decirlo. Ya no podréis decir que no os lo advertí.

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