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José Cantabella.
Martes, 6 de septiembre de 2016

Cadáveres y cadáveres

In memoriam Aylan Kurdi

Los zapatos se llaman ataúdes (Nicanor Parra)

[Img #13484]Triste, penoso y patético sigue siendo la corriente llegada de pateras con refugiados e inmigrantes a nuestras costas, y las autoridades españolas y europeas continúan sin hacer nada, absolutamente nada para resolver de raíz el problema. Los mares que rodean la península ibérica y Europa se están convirtiendo en auténticos cementerios, y uno de los símbolos que más lo representan es la imagen de Aylan Kurdi, un niño turco muerto sobre la arena de una playa de Turquía, vestido, con sus zapatos, la cabeza ladeada, ante la supuesta distracción e indiferencia de un militar. Terrible, terrible imagen simbólica pero real.

 

Las desgracias de esta magnitud cuando comienzan a ser corrientes, diarias, se vuelven tan cotidianas que asistir a este atropello moral en cualquier playa española al amanecer es ya un hecho que bien parecería que tenemos que aceptar. Me rebelo con todas mis fuerzas cuando me enfrento a esta terrible situación tan lamentable cuando aparecen imágenes o vídeos en cualquier medio de comunicación, me invade un estado de excepticismo, también de rabia; por no poder hacer nada, tan solo escribir estas palabras que es lo único que me queda. Vergüenza siento de saberme un ser humano, como creo que ustedes, queridos lectores, sentirán por tan insufrible situación. Rebelémonos pues en conjunto contra el mal trato que están obteniendo los refugiados e inmigrantes al intentar de la manera más precaria huir de sus países y llegar (los que lo consiguen) a nuestras costas con la ilusión de una nueva prometida por bandas de tráfico de pateras u otros medios.

 

Recordemos que los españoles, y hagamos un ejercicio de memoria histórica, fuimos inmigrantes y refugiados durante la Guerra Civil y su posguerra, también en otras épocas de nuestra Historia y nos acogieron en múltiples países de todo el mundo con educación, respeto y tolerancia. Miremos de una vez a los impávidos y miserables políticos elegidos por nosotros a los ojos y a sus colegas europeos. Es muy vergonzoso que a principios del siglo XXI un ser humano tenga que pasar por estas situaciones, asolados principalmente por las guerras y la pobreza de sus países que fomentan sus propios gobernantes, para que luego en los grandes Consejos aquellos políticos dejen pasar tanto oprobio y se miren de soslayo desde sus cómodos sofás. Putos políticos, sí, putos políticos, putos líderes de una Europa encorsetada y decadente, corrupta, que no da solución ya a esta lacra y permiten que nuestros prójimos mueran en cualquier costa del Mediterráneo, Atlántico o Cantábrico.

 

Sin duda, la figura de Aylan Kurdi pesará como flores de plomo sobre aquellos ineptos políticos españoles y europeos que sigan desentendiéndose de los refugiados e inmigrantes de todo el mundo que llegan a nuestros países, sobre los que no encuentren soluciones, pues es su responsabilidad (que para eso cobran sus grandes salarios) resolver el gran conflicto, pues hay que resolver con urgencia.

 

No más cadáveres y cadáveres, en las costas españolas y europeas, jamás ya imágenes como la de Aylan Kurdi, signo de un genocidio consentido de principios del siglo XXI, que yo no quiero admitir y me rebela; por eso mismo visualizo una y otra vez la foto (ya símbolo de otro nuevo genocidio para la Historia) del niño turco, tratando de mirarle a los ojos, pero tristemente descubro que su cabeza está girada; entretanto, parafraseo aquellos geniales versos de Luis Cernuda, y te digo Aylan Kurdi: que espero que tu muerte no sea otro síntoma del olvido, de la fragilidad de los desfavorecidos, que el llanto que tú no has podido llorar lo lloraremos por ti millones de personas, queremos estar contigo, más no estás solo.

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