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José Cantabella.
Jueves, 22 de septiembre de 2016

Fábula del Mar Menor

A Matías Cantabella Pardo y a otros tantos que
como él luchan a diario por salvar la laguna.

 

[Img #13576]Cuan Robinson Crusoe, dejado atrás el naufragio (la primavera, otoño e invierno de la urbe), arribábamos un año más a nuestra isla (una playa del Mar Menor, ése gran paraíso), y otra vez se cumplían los rituales, ingresando entonces en esas otras nuevas formas de lo cotidiano, adecuar la casa, la pequeña piscina y los patios exteriores e interiores, luego, un poco más tarde, nos asomábamos sigilosamente por las rendijas de la persiana de una de las ventanas exteriores, pudiendo comprobar horrorizados que en el lejano horizonte se encontraban ahora unos enormes cráteres de rudas cenizas que la enorme llanura formaba sin término en donde había estado el mar. Y mientras mirábamos perplejos por las rendijas podíamos comprobar cómo los diferentes organismos, vecinos residentes todo el año, familiares, amigos y allegados, se agrupaban dirigiéndose hacia esa vasta llanura, desconcertados trataban de organizar asambleas para determinar cuáles eran los motivos por los que el mar ya no estaba en su sitio de siempre, ¿qué habría ocurrido?. Aunque los miembros de dicha asamblea daban por sabido que esto antes o después esperaban que ocurriera, porque no era normal lo que acontecía todos los años, lo mal que se cuidaba la playa, los vertidos tóxicos que llegaban de las empresas colindantes a los que siempre el Gobierno hacía oídos sordos, y los desastres que los habitantes del lugar habíamos procurado al no cuidar el entorno, pues desde algunos años atrás nuestras playas estaban tan mal que, casi no se podía disfrutar de ellas; ya nadie se atrevía a pasear por la orilla, tampoco correr, los niños y mayores no se podían bañar, en definitiva, un desastre de dimensiones insospechadas, y que ahora todo el mundo se echaba las manos a la cabeza.

 

Por otro lado, se dilucidaba en la asamblea quiénes habrían sido los culpables que propiciaron que el Mar Menor se fuera para siempre, todos responsabilizaban al Gobierno Regional y su entramado de mentiras, descuidos, consentimientos, corrupción..., hasta que se hacía la hora de reponer fuerzas y los miembros de la asamblea acudían abatidos a sus casas, y volvían a reunirse al día siguiente y al otro, y al próximo, todos los días, pasaban el tiempo intentando dilucidar, esclarecer, emprender acciones...

 

[Img #13577]Entretanto, iban pasando los días a pasos agigantados, y así se llegaba hasta el fatal momento en que las vacaciones se acababan y los vecinos, familiares, amigos y allegados tenían que volver tristes a sus casas de la ciudad, comenzando otra vez a trabajar y se daban por terminadas de esa manera las peores vacaciones de sus vidas. ¿Y qué decir de los residentes?, que tendrían que soportar todo el año la peste del la laguna sagrada.

 

Cuando desperté de la siesta estaba empapado de sudor por la pesadilla, aterrorizado me fui inmediatamente a la ventana, levanté con vigor la persiana, pudiendo ahora comprobar que todo estaba en su sitio, podía contemplar el horizonte marino en una tarde infinitamente azul, pero ya no quise volver a acostarme, sin duda por miedo a que si me volvía a dormir se desarrollaría otra vez el temor, aunque enseguida me tranquilizó el escuchar cómo los demás miembros de la familia andaban por el pasillo, oía el abrir y cerrar de puertas de la casa, unos que acudían a la cocina a preparar la merienda para los niños y los abuelos, otros a beber un poco de agua para luchar contra el sofocante calor. Todo afortunadamente estaba como siempre después de la siesta, iniciábamos el veraneo y un año más se cumplían los rituales, ingresando en esas otras nuevas formas de lo corriente y diario, nos vestimos para salir a dar el primer paseo al mismo tiempo que llegaba el declinar de la dorada tarde de principios de julio.

 

Durante el paseo visitaríamos a los vecinos y amigos para que fueran corriendo la voz de que nuestra playa estaba en peligro, que denunciaran la situación, cada uno con sus recursos, para que hicieran todo lo que estuviera en sus manos para cuidarla y respetarla, sobre todo iríamos hasta la misma orilla para mojar los pies y comprobar, como hicimos un poco más tarde después de las preceptivos avisos, que la playa estaba desgraciadamente tan sucia y mal cuidada como años anteriores; y este año peor que nunca, tanto que no podríamos ni bañarnos.

 

Mientras paseábamos sentimos el olor a podrido del agua y su espuma, pisé algo muy desagradable que bien podría ser un vidrio, una lata, un alambre... En ese momento el dolor de la punzada hizo que irremediablemente me acordara de la pesadilla de la siesta, y todo se hizo de nuevo realidad...

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 26 de septiembre de 2016 a las 21:00
hermes matus genaro
en éste y la mayoría de los casos en general¿quién tiene la culpa?obvio,los atracadores a mano armada,los saqueadores por convicción,nuestros queridísimos políticos,nuestro querido ¨mal¨ menor,por dios santo bendito,tantos años preocupándose de que los titeros no sacasen gusanos,multa tras multa,los picoletos en tromba,ala titeros asesinos,y en un pis pas tienes el mar menor convertido en una cloaca,eso no les ha preocupado,a mí me han llegado a sacar del agua seis agentes de benemérita,lo flipas dos coches patrulla para sacar a un tío del agua que está cogiendo titas,eso sí que les ha preocupado,son una banda organizada de auténticos inéptos,incompetentes e ineficaces dirigentes politicos,eso sí saquear saquean que lo flipas,se llevan hasta el último céntimo,bolas de pendejo es lo que son,y ahora con lo del rato y cia,nos los quieren pintar de víctimas,sencillamente demencial,nos han tomado por unos putos gilipollas,hay cuatro políticos que se escapan,de ser unos corruptos,los demás al trullo pijo,desde filesa,malesa y time sport,hasta el rajoy,corruptos hasta la médula,yo los llamo los intocables de ELLIOT NESS,podría estar hablando de nuestros intocables hasta el día del juicio,

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