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José Cantabella.
Jueves, 13 de octubre de 2016

Volver o las galerías de la memoria

[Img #13704]Cuando escribo casi siempre tengo dudas y miedo, mucho miedo y dudas, escribir es el arte de resolver dudas y miedos, por eso escribo ahora que puedo sobre mi vuelta al Barrio donde nací, crecí y viví los primeros veinticuatro años de mi vida, siempre es difícil escribir de la añoranza del pasado, de las veleidades del presente, de futuros ciertos o inciertos, por ello también tengo miedo y dudas.

 

Y decía bien, casi, aunque siempre hay resquicios, meandros por donde entrar a esa casa de la escritura; así entré la tarde de un domingo reciente que Lamia y yo paseábamos por el Barrio, nos encontramos con Torres y todo se despejó, ahora escribo sin miedo, sin dudas, muchas veces la escritura es así, de pronto se abre una ventana, entras, y ya el camino está hecho, sin saber por qué, este es uno de los grandes misterios de unir palabras y luego está Torres pegado al kiosko donde tantas golosinas, helados y revistas pornográficas comprábamos a escondidas de las miradas de los parroquianos.

 

Podría llevar treinta y cinco años sin ver a Torres aquella tarde que lo vimos junto al Kiosko de siempre, el único; yo buscaba sin conseguirlo unir algunas palabras sobre mi vuelta al Barrio y no salía el Antiartículo, y de pronto, Torres, él también escribe conmigo; hicimos toda la escuela primaria juntos y durante la infancia y juventud jugamos por las huertas, nos subíamos a los camiones de La Murciana asidos a las traseras, íbamos al río a bañarnos, rompíamos por las noches las bombillas precarias de los caminos mal iluminados y tantas cosas. Después nos vimos menos, yo me fui, pero sabía que Torres y tantos como él estaban allí, porque algunos no se fueron, así es más fácil escribir, viendo de nuevo tantas caras que quedaron tatuadas en la memoria de alguien que vuelve a su barrio después de treinta años. Entonces, Torres, Bibiano, Trini, Mari Pepa, Cristina, Luisa, Alberto, Ramón, Manolo, y tantos otros me acompañan mientras escribo ahora, y por supuesto, Lamia, ella también vuelve, volvemos, siempre volvemos dicen...

 

[Img #13705]Yo creía que no me había ido del barrio pero no es así, las experiencias confunden, cuando mi hija mayor era todavía casi un bebé, yo vivía fuera, algunos domingos recorría furtivamente el barrio en mi coche, con ella atrás en su silleta, pero eso no era volver, he vuelto ahora. El amor me ha devuelto al que fue mi Barrio de siempre, estoy feliz de estar de vuelta, por eso paseo, paseamos Lamia y yo y visitamos la que fue mi casa, de la que solo quedan los tres pinos que plantó mi padre, el sitio donde yo nací, donde irán mis cenizas, pues ya nadie nace en las casas y vuelve, y es feliz de volver, y está agradecido a la vida por tantas cosas, incluso a Torres, que sin él no habría nacido este Antiartículo, de bien nacidos es ser agradecidos.

 

Volver significa muchas cosas o una sola, aunque el barrio sea tan diferente por la inmigración, por la nueva gente, por el deterioro de sus calles, por el olor fétido de las alcantarillas y las discusiones airadas de latinoamericanos, pero esto a mí me gusta, siempre creí en una sociedad multirracial, multicultural, en donde los seres humanos se entiendan a pesar de sus diferencias de religión o raza.

 

Volver a tu barrio de siempre no es ese lugar donde van a morir los elefantes, no, volver es, seguir estando pegado a todo aquello que nos fue construyendo como seres, a la raíz, a la semilla, a los recuerdos, a la memoria, ser fieles a nuestra memoria, a nuestro pasado. Aquí los parroquianos del barrio sabemos ya que así pasen cien años hay cosas que nunca cambian, lo comprobamos Lamia y yo cada tarde de domingo que paseamos por el barrio y nos dejamos llegar por aquellos lugares comunes que seguimos redescubriendo a cada paso, a cada mirada, ayer fue la casa de los abuelos de Lamia, la casa de La Fefa, Camino Hondo, la senda que llegaba hasta mi casa, los pinos que plantó mi padre hace ya tantos años, los frutales que resisten el paso del tiempo, la mota del río.

 

Estoy seguro que no todos los domingos nos encontraremos con Torres, pero él nos dijo dónde encontrarlo, nos señaló con su dedo chico el pulsador de su piso, seguro que nos iremos encontrando con muchos otros y pasearemos deseosos de hallar otros pasajes de la memoria, lo importante es que hemos vuelvo y seguimos añorando aquel pasado pero con la firme esperanza de vivir un futuro, con menos miedos, con menos dudas, en el Barrio que nos vio nacer, y donde ya viviremos para siempre.

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