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José Cantabella.
Sábado, 5 de noviembre de 2016

Coleccioanalismo

[Img #13782]Nos pasamos la vida coleccionando cosas, pero existe una época crucial del año en donde todo se colecciona, y ése todo está en los kioskos, los grandes supervivientes de nuestro tiempo junto a las cabinas telefónicas y algunos políticos.

 

En septiembre, octubre y noviembre, con la nueva temporada, llegan los coleccionables a nuestra vida de la mano de los grupos editoriales más importantes del país, arriban en manada a los kioscos, aparecen las ofertas en televisión, suenan en las distintas emisoras de radio, en revistas, periódicos, nuevos cursos rápidos para aprender inglés, recetas de cocina para hacer felices a los estómagos de los hombres y las mujeres, los hijos, abuelos, esposas y maridos, cursos de ganchillo, plumas estilográficas, muñecas de otros tiempos, cómo hacerse pintor de óleo y acuarelas, la historia completa de la Humanidad en fascículos, cursos de escritura creativa, aviones de guerra, las últimas batallas de la II Guerra Mundial, libros literarios y científicos, cómo hacerse articulista de un periódico, ser el mejor escritor de novelas de terror, cómo conducir el nuevo tranvía de nuestra ciudad, juegos educativos para los niños, ser el más tonto y egoísta de las redes sociales, etcétera, etcétera, etcétera. Vamos, lo suficiente y necesario para terminar de cultivar nuestra aguda inteligencia, nuestras excelentes ya de por sí habilidades manuales, todo lo que es justo y necesario para que la nueva temporada seamos todavía aun más felices y dignos, más perfectos, si cabe, por tanto, vayamos a los Kioscos como si no hubiera un mañana, cada semana, para comprar los coleccionables, aunque luego, pasados dos meses, en la mayoría de los casos, dejaremos de comprar, por pereza o hastío o indiferencia, porque no es lo que creíamos o pensábamos, porque ya nos instruimos lo necesario, y así disgustarnos con el kiosquero a quien el primer día le juramos amor fraternal hasta el final del tiempo que duraba la colección.

 

Es verdad, las personas, somos muy dados a los coleccionables desde siempre, tenemos la mayoría el hábito de llenar las estanterías y armarios de nuestras casas de colecciones inacabados e innecesarios de todas las temáticas citadas anteriormente y otras, hasta que de pronto, llega un zafarrancho casero y todos esos fascículos que tanto nos iban a cultivar pasan a mejor vida en los trasteros, incluso, algunas veces metidos en cajas, y otras veces, para nuestra desgracia intelectual y moral, acaban en los cubos de la basura del reciclado, pues son tantos los propósitos cada año y el afán de mejora, que a fin de cuentas, tenemos montones de los números uno y dos de aquellos variados asuntos; y pare usted de contar, hasta ahí llegó lo que se daba, en este caso, lo que se compra.

 

Realmente, cuántas veces coleccionamos, por ejemplo, un curso entero de pintura o un curso de inglés, la verdad, que casi nunca, en muy pocas ocasiones somos capaces de tener la constancia de terminarlos, hay que reconocer que hay coleccionables que parece que no acaban nunca (como París, que tampoco se acaba), cuando pensábamos que eran doscientos capítulos, luego resulta que eran doscientos cincuenta, por eso, hay que mirar la letra pequeña, mirar a la cara al vendedor. Siempre nos asalta la sensación de que son varios los años que tienes que acudir al kiosko de la esquina, y finalmente cantar victoria, pocas, muy pocas veces hemos dicho, por fin he terminado de tener los setenta tomos de esta o aquella colección.

 

Esta nueva temporada, vamos hacer un nuevo propósito y vamos a ir una de estas mañanas antes de ir al trabajo, llevar a los niños al colegio o hacer la compra al supermercado, al kiosco, pactaremos un nuevo compromiso con su dueño, y nos volveremos a empeñar con lo último en coleccionables, por cierto, ahora se habla mucho de ello en todos los medios de comunicación, lo más novedoso, se trata de una colección imprescindible para todos los aficionados: es un curso de trescientos fascículos (ni más, ni menos) para educar y preparar a los coleccionistas de todo el mundo, enseña con sus pormenores, cómo se puede llegar a término y recopilar todos los fascículos de una compilación, sin fallar ni una sola semana, sin que se nos olvide pasar por el kiosko jamás, sin pelearnos con nuestro kiosquero y cultivarnos ya de una vez; en definitiva, es un maravilloso curso que nos hace aún más adictos a los mejores coleccionables que salen todas las temporadas en septiembre y octubre, y llegan como agua de mayo a nuestras felices vidas.

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1 Comentario
Fecha: Jueves, 10 de noviembre de 2016 a las 13:48
Mea culpa.
Cierto, confieso que he caído varias veces en eso del coleccionismo. Creo que se debe al deseo de saberlo todo del tema que me preocupa. La última colección que compré en el kiosko es de plumas: una bonita colección de la misma pluma comprada 165 veces, pero con forma, color y tamaño diferentes, y un nombre distinto para cada una de ellas. Pero la parte que escribe, que es la que importa, es exactamente igual en todas ellas.

Creo que el coleccionismo se debe también al ansia de tener, de poseer, aunque en realidad no somos lo que tenemos, sino lo que llevamos dentro. Y eso no nos lo venden en el kiosko. ¿O sí?

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