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Francisco Javier Díez de Revenga.
Martes, 27 de diciembre de 2016
reseña de Francisco Javier Díez de Revenga

El comisario Soto, la última novela del murciano Mariano Sanz

[Img #13984]La editorial murciana Raspabook acaba de publicar la novela de Mariano Sanz Navarro (Murcia, 1943) El comisario Soto, la primera de las suyas, aunque con anterioridad había dado a conocer volúmenes con relatos breves y, sobre todo, excelentes libros de viajes. Aunque la novela viene anunciada como una «novela negra» es muy cierto que no responde este extenso relato a los cánones estrictos del género, aunque hay que advertir que algunos de los numerosos episodios narrados podrían integrarse plenamente como fragmentos de tal subgénero narrativo. Porque lo cierto es que en esta narración, como es ya habitual en muchos novelistas actuales, confluyen diferentes especies literarias, desde el relato costumbrista al melodrama, desde la intriga policíaca al relato testimonial, desde la narrativa social a la sátira política, desde la ficción psicológica a la parábola moral o a la memoria personal … En definitiva, que son muchos los elementos que integran este sin duda complejo relato, múltiple y variado, sin que suponga en ningún momento, tal conjunción genérica demérito alguno en la calidad de la obra, en su amenidad y en su atractivo para el lector.

 

A la complejidad del relato contribuyen algunos elementos que merecen ser destacados, como son la figura del propio protagonista y la misma estructura de la novela, aspectos de carácter argumental y organizativo, de contenido y de forma, que revelan que no estamos ante una novela habitual o al uso. Tengamos en cuenta que la figura principal, el protagonista, el que da título al libro, es un comisario de policía que a lo largo de la novela apenas ejerce como tal comisario, porque su dedicación profesional, de las dos que posee en el más genuino pluriempleo de la época en la que la ficción se ambienta, la Posguerra en España, era habitual en muchos ciudadanos. En el caso del comisario Soto había obtenido por oposición dos plazas: la de comisario y la de corredor de comercio. Y en la novela, la mayor parte del tiempo, lo veremos ejerciendo de corredor de comercio. El lector que espere, con ese título, hallarse ante un relato policiaco que desista en su intento porque no va a encontrar tal especie en la novela que nos ocupa.

 

Desde el punto de vista estructural sorprende la distribución de los materiales narrativos, ya que organiza el volumen en cuatro capítulos que llevarán por título el nombre del protagonista y el de otros personajes. Todo esto acentúa la ya mencionada complejidad del relato, porque cada capítulo no responde a un relato monográfico de todo lo referente a la criatura o criaturas mencionadas en el titular, sino que el relato principal sigue su camino y su desarrollo.

 

No se trata desde luego de un reproche sino de advertir una decisión original que otorga a la materia narrada una amenidad complementaria. Hay que anotar también, en el terreno de la memoria personal que esta obra contiene, los ambientes recuperados: la Barcelona de la Posguerra, en gran medida, y en una pequeña parte también la Murcia de aquellos años, aunque este telón de fondo es más diluido y prudente. El carácter de relato costumbrista es el que permite al autor recuperar espacios y tiempos vividos personalmente, lo que le suministra además un evidente tono de memoria personal que todo el relato prodiga.

 

Los secretos resortes de la narrativa más compleja hacen que el autor se diluya y desparezca, y que sean los personajes los que logren autonomías que desdibujen el carácter autobiográfico que les dio origen. En este sentido Mariano Sanz logra dominar con rigor tales instrumentos y consigue, en definitiva, un contexto descriptivo ficticio, aunque basado en la realidad… Quizá en ese complejo mosaico lo que resulte más conseguido y brillante sea la comparecencia de variados personajes secundarios, peregrinos y curiosos, como, por ejemplo, un coleccionista de oxímoros, que proceda o no de la realidad, es un divertido y sorprendente hallazgo. Y criaturas como ésta hay en el relato varias con riqueza literaria, que, en todo caso, comparten tanto el comisario Soto como su esposa Mercedes e incluso el delincuente redimido Lagartija, que tendrán en el relato un papel primordial.

 

Con un caudal de sabiduría literaria bien pertrechado, y sobre todo con gran eficacia descriptiva, ya puesta de manifiesto en anteriores empresas, Mariano Sanz Navarro logra un relato interesante, nutrido de elementos complementarios (el papel del cine y de la música en la configuración de espacios y personajes es fundamental), que enriquecen definitivamente una novela amena, sorprendentemente poblada de muchas inciertas certidumbres (oxímoron en definitiva) que la dotan de estimable atractivo literario.

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