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Juan Mariano Pérez Abad.
Lunes, 30 de enero de 2017
Los cuentos de Pity-Power

Autodefensa: Derecho y deber

[Img #14142]La historia de Loli, la madre que huyó con su hija de Murcia para que los Servicios Sociales no se la arrebatasen, desata de nuevo la polémica sobre la desobediencia civil y sobre si es legítimo protegernos de Poderes del Estado como los Servicios de Protección Social, enfrentándonos a su poder. Al parecer, le retiraban la tutela debido a su minusvalía, después de habérsela a su hermano y a la abuela, en aparente contradicción con los principios que contempla la Ley de Protección del Menor.

 

La supervivencia es el primer instinto de cualquier ser vivo y defenderse de agresiones, problemas y conflictos el primer derecho individual reconocido en todos los códigos de derecho. Como el ser humano es un “animal social”, cada uno colabora para defender a todos y todos para cada uno, organizándonos en grandes grupos sociales que llamamos “Estados”. Pero la principal amenaza para un ser humano son los de su propia especie. Cuanto más cercanos son, más fácil y frecuente resulta que surjan enfrentamientos. Cuando se desatan conflictos todos pensamos que llevamos la razón, así que para no tener que matarnos los unos a los otros cada vez que discutamos, hemos inventado la Justicia del Estado y sometemos nuestro propio derecho de autodefensa a sus decisiones y su autoridad.

 

Para que este sistema funcione y sea duradero tiene que merecer el respeto de todos. Los que salen perjudicados tienen que estar muy convencidos de que los responsables de esas decisiones de la Justicia son personas honestas, que no obtienen ningún beneficio con su perjuicio y que respetan la Ley. A veces las decisiones que se toman son tan graves como legitimar una decisión de Servicios Sociales de arrancarle los hijos a unos padres biológicos por razones que pueden resultar discutibles y denegarle a su familia extensa (abuelos, tíos…) que puedan hacerse cargo de ellos. Los perjudicados tienen que acatar la decisión judicial y aceptar que nuestro “Sistema de Protección de Menores” asuma su tutela y los envíe a residencias de acogida o los dé en adopción.

 

Pero todos conocemos la historia negra que rodea nuestras casas de acogida: niños internados usados para prostitución y la pornografía infantil, fugas, niños tutelados viviendo en parques públicos, desapariciones, infanticidios, etc. Todos conocemos el tráfico de adopciones irregulares con niños que eran robados a sus madres en hospitales y cómo Sor María, una de las monjas que se los quitaba, poco antes de que muriese repentinamente antes de ser juzgada, declaraba públicamente que no la condenarían porque todo eso se seguía haciendo y ahora era legal ¡Hay que tener mucha fe y mucho respeto por la Justicia para asumir todo eso!

 

Además sabemos que nuestra Justicia es extraordinariamente lenta, tanto que no consigue evitar daños irreparables en los niños. Para ellos, el tiempo pasa tan deprisa que pueden olvidarse de sus padres en pocos meses o quedar marcados para siempre por el desarraigo familiar. Por si aún nos quedaba confianza en la Justicia, viene la Unión Europea y en su penúltimo informe nos dice que está muy preocupada por la corrupción de nuestro Sistema Judicial. Y después vienen las noticias de la inhabilitación del juez Silva mientras Blesa está en la calle, la lapidación de los jueces Ayala y Castro y, para poner la guinda del pastel, el archivo de la causa contra el Presidente murciano Pedro Antonio Sánchez porque a la Justicia se le ha “pasado el plazo” para la instrucción de la causa. Y así, golpe a golpe, el respeto al Poder Judicial se nos ha ido a tomar por sodomías.

 

Perdido el respeto, a la Justicia del Estado solo le queda el miedo para someter a sus designios nuestro derecho a la autodefensa. El pánico es un sentimiento obscuro y primitivo que cuando se apodera de nosotros nos impide reaccionar y razonar. Se apodera de los padres de estos niños y los bloquea, haciéndoles dar vueltas en círculo corriendo hacia ninguna parte. Los atasca presentando ante la Justicia un recurso tras otro contra unas injusticias que la propia Justicia creó. Los atenaza con las amenazas de los Servicios Sociales de no recuperarán a unos hijos que ya perdieron, de quitarles las pocas visitas que les permiten o de negarles el colegio si se fugan. Al final, el dolor de verse separados de sus hijos convierte su vida en una cárcel peor que la que tienen miedo a sufrir si se rebelan. El poder del miedo es tan grande que también somete a la prensa libre, para que calle la injusticia por temor a las denuncias que nos pone la Justicia por denunciarla ante el Pueblo. Y se apodera de las organizaciones religiosas y benéficas que reciben subvenciones, y las calla por el miedo a perder su dinero. Y se ha apoderado de todo nuestro País, dejándolo incapaz de reaccionar ante la corrupción y la injusticia más descaradas.

 

Cuando en un Estado no funciona la Justicia, la autodefensa de lo nuestro y de los nuestros, deja de ser un derecho y se trasforma en un deber, en una obligación moral. El miedo no es excusa porque es fácil de vencer, porque es un espejismo que se esfuma si te atreves a enfrentarte a él. Como es irracional, desaparece al pensar… que si te han quitado hasta los hijos ya no puedes perder más. Como es solitario, se aleja cuando nos juntamos para vernos cara a cara en las manifestarnos de cualquier ciudad. Como es engañoso, desaparece cuando la prensa publica la verdad. Como es “virtual”, se destruye al dejar de llorar nuestras penas en las redes sociales y actuar en la vida real.

 

Y solo si vencemos el miedo, solo si nos defendemos enfrentándonos con valor a la injusticia, conseguiremos que la Justicia abra sus ojos, lave sus sucios ropajes y vuelva a ejercer su sagrada labor de evitar que tengamos que tomarnos la justicia por nuestra mano.

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 5 de febrero de 2017 a las 22:39
A marcos, a Daniel y a sara
Decidme, que le hicisteis a celia? . Ahora ya lo sé, cómo os gustan "las perras" sazonadas de enfermedades y desgracia!!!
Cuando llegó el caso de otros, ya veniais de vuelta de liarla muy parda en vuestras carnes despedazando y repartiendo a quien aún no había muerto .Lo vuestro no tiene nombre, está por debajo de lo más bajo, y cada vez sois más conocidos con motivo de verguenza y repudia. Me dais asco..y no vais a tener la suerte de que me mate ningún cáncer, y tendréis que rendir mis cuentas y las de otros que ya se incuvan

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