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Adolfo Caparrós.
Miércoles, 15 de febrero de 2017
Juego de niños

“Poesía lúdico-satírica bizantina del siglo XI”, edición de María Teresa Amado Rodríguez y Begoña Ortega Villaro

Clasificación: Poesía

Editorial: Cátedra / Letras Universales 523

 

[Img #14248]Volvemos a enfrentarnos a una edición erudita y bilingüe idónea para quienes estén estudiando griego clásico.

En la introducción, las editoras explican bien los usos y costumbres del Imperio Bizantino y la importancia del clero en dicho escenario.

Las rivalidades y privilegios de los eclesiásticos eran entonces mucho mayores que las de hoy. En especial, si comparamos la calidad de vida en aquel momento. Por lo tanto, no era de extrañar que dentro del clero hubiera luchas de poder y críticas para derribar a los enemigos y ponerse en su lugar. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que la cultura estaba en manos del clero. Eran ellos los que se encargaban de la docencia y los que tenían dichos conocimientos.

El juego de niños viene de que las críticas que se lanzan vienen marcadas por una regla que, comparada con lo que vemos hoy en los telediarios, es pecado menor, o no tanto.

Importantes son las críticas en cuanto a las formas, la capacidad oratoria, las malas construcciones poéticas y la falta de gracia a la hora de componer versos.

[Img #14249]También se hace alusión a la avaricia, la glotonería, el exceso de ingesta de vino, la poca elegancia en el trato y la homosexualidad.

Son las críticas canónicas que se repiten en toda la Historia de la Literatura, con más o menos intensidad, siempre que se ha querido hacer sátira clerical. Si visitan alguna catedral, en la zona del coro, es habitual que los artesanos que tallaban los asientos ilustrasen con grandes panzas y en actitudes grotescas a los monjes. Son asientos con bisagra que se levantan, cuando levantamos el asiento, aparece la sorpresa. Signo, parece claro, de envidia de los esforzados artesanos frente a los clérigos privilegiados.

Dicen que no hay peor cuña que la sacada de la propia madera, el caso es que la gran mayoría de las sátiras están escritas por ellos mismos en auténticas luchas de poder y rivalidades propias de cualquier oficio. El problema es que quien predica está mucho más expuesto a incumplir lo que está predicando que quien no dice nada o no está sujeto a una normativa tan dura.

El ingenio, la intensidad propia del género y las necesidades de que la burla y la ironía sean evidentes, nos llevan a un lenguaje soez, agresivo y chocante en boca de monjes.

Formalmente, es un auténtico libro de bolsillo propio de la colección Letras Universales. En la cubierta, un precioso icono bizantino que presenta a Cristo con las escrituras en su mano izquierda mientras bendice con la mano derecha a dos Santos, uno presenta una calabaza de peregrino y la otra un papiro enrollado. Que lo disfruten.

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