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Juan Eladio Palmis.
Martes, 7 de marzo de 2017

Tres pijos y medio

[Img #14363]Tranquilos. Está conseguido. En la inmediatez de las gentes de la calle, con muy escasas excepciones de aquellos que les pueden preocupar los nombres y los apellidos, a la mayoría les importa poco, muy poco, tirando a tres pijos y medio, que mande, aparente, o deje de mandar en la cortijá murciana, cualquiera de los políticos que se han ganado a pulso la indiferencia, en el mejor de los caso, de las gentes.

 

Por fuera de las gavillas que babosean en los entornos de los estados mayores de la estafa económica y social que son los actuales directivos de los partidos políticos, en espera de cazar lo “suyo”, algo tan de necesidad como lo es la participación ciudadana en la inquietud política, estos, antes encorbatados hasta para dormir, peinados de peluquería ellas para lo mismo, que solo han progresado en quitarse la corbata y aumentar los tintes para el cabello, por lo demás, aquí, acá en la cortijá, la actualidad de indiferencia callejera hacia el futuro político es tan patético, que da coraje sentir como estamos abocados a lo que somos incapaces de predecir; pero que, menos a bien, huele a todo.

 

Cuando los que le damos a los teclados, y por mor de la necesidad pasamos revista mental de la situación, estampa y figura, hechos e intelecto de los políticos cortijeros, caemos, algunos, otros no, para otros todo va de puta madre para arriba, en envidia con los que comentan y solo hablan de futbol, porque hay muchísima más originalidad en las declaraciones finales futboleras de un partido ¡manda cojones! con las declaraciones habituales de nuestros amados políticos que han logrado algo que parecía imposible, que la política, algo que levantaba pasiones, ahora nos deje a todos cabreados, que no es poco, pero indiferentes.

 

Lo que no nos puede dejar indiferentes, pese al interés particular de una gavilla que se alpargata económicamente a empanadillas, bandejas de plata, cordones, medallas y fanfarrias piadosas a costa del dinero público cuando llega la santísima semana santa, algo que según, como es en extremo rentable para todas las localidades españoles, deberían de ser irrenunciable su patrocinio inversión y beneficios para parroquias, comercios y casinos locales, y no apoyarse en el dinero público, en cuyo destino primordial y básico, la satisfacción de las necesidades colectivas, no entra, ni por mayoría simple, y si no que se haga un referéndum, el que se le entregue a organizaciones privadas de parte dinero público sin justificación alguna y a fondo perdido.

 

Por la cultura es por donde los humanos comenzamos a superar lo que se llama el barbarismo original. Y la Unesco ya definió como cultura y bien cultural aquellos bienes muebles o inmuebles que ofrezcan un gran interés histórico y artístico. Y sigo manteniendo que la ley de la Dependencia y Protección al Menor, en la cortijá en total abandono y dejadez, por la cual se puede intentar superar aquel barbarismo original de abandonar a nuestros mayores para alimento y cebo de las alimañas del entorno para después que la tribu se comiera las alimañas, se desparrama más cultura real que unos desfiles que cogieron su máximo reciente pasado de esplendor cuando la iglesia católica vaticana y el franquismo estaban a partir un piñón, y nos dejaron la cáscara al rojerío; eso sí, perdedor de una guerra por ateos y quemadores de iglesias y conventos.

 

Entre las pautas de conducta, como en la personal entra mi preocupación por la política, ya adelanto que en la cortijá murciana se han puesto las cosas de tal manera que, o gobiernan a cojones la gavilla que presume del título de expertos en asuntos teológicos, que se están repartiendo perras y puestos de diez mil euros mensuales para arriba, o aquí, según ellos, no hay cojones a vivir en democracia civil laica.

 

Ya veremos. Salud y Felicidad.

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