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Jesús de Las Heras.
Jueves, 9 de marzo de 2017

A mis amigos les dejo que se equivoquen

[Img #14382]Hoy en día uno tiende a hablarse sólo con los que piensan lo mismo que uno. Así todos abundan en lo mismo, y nadie aprende nada. Es cosa de pobres, intelectualmente hablando. El espíritu de la manada, la tribu, y de que en el fondo la Ley de Lynch no está tan mal.
 

Pero es bien sabido que de la discusión y el contraste de pareceres sale La Luz. Yo he aprendido muchas cosas discutiendo con gente que no piensa como yo. Me da igual que sean socialistas, anarquistas, comunistas de cualquiera de sus versiones, falangistas (que también son de izquierdas, por cierto), de derechas, honestos, ladrones, inocentes, ingenuos o maliciosos. De todos aprendo porque todos son diferentes de mí, y cada uno de ellos me cuenta la misma película desde un punto de vista diferente, como debe ser. Como Campoamor nos contó con su famoso poema (En este mundo traidor…)
 

[Img #14380]Una excepción será, dirán ustedes, los intolerantes. ¿Se puede ser amigo de los intolerantes? Bueno, la cuestión seria sería si los intolerantes pueden ser amigos de uno. Hasta qué punto se pueden admitir sus opiniones. Y yo, en mi caso, encuentro que no hay límite para sus opiniones. Cuando ya exigen adhesión a sus ideas es cuando uno se puede plantear algo, pero bueno, si uno es intolerante con los intolerantes, ¿qué puede uno echarles en cara? No se puede ser intolerante con los intolerantes, al igual que no se puede ser ingenuo con los ingenuos, o ladrón con los ladrones. A mis amigos ladrones (si es que tengo alguno, porque esas cosas las puede uno sospechar, pero ninguno de ellos lo confesará) les llevo tabaco a la cárcel, les doy mi adhesión y mi apoyo humano, pero no les expreso conformidad con lo que hacen, al igual que con los demás. Porque mis amigos son ellos, y yo soy yo. Puedo ser uno con ellos hasta cierto punto, pero nunca voy a coincidir con ninguno de ellos en todo, como seguramente ustedes tampoco coincidirán con nadie al 100%. Porque si lo hicieran, ustedes no serían ustedes, sino que ustedes serían ellos. Y hasta ahí podrían ustedes llegar, digo yo.
 

En estos días ha habido un par de cosas que han sacudido mucho los medios de comunicación: dos violaciones infames (o puede que sólo inefables, o lo del medio, cuya palabra ahora mismo no se me ocurre) de los dogmas de lo políticamente correcto: un polaco se ha atrevido a decir nada menos que en el Parlamento Europeo que las mujeres son más bajitas, más debiluchas y más tontas que los hombres, y que por lo tanto está bien que ganen menos dinero. La diputada socialista española que había allí (cuyo nombre no recuerdo, pero que tampoco es para recordarlo) dijo que él pensaba que ella no tenía derecho a estar allí representando a los votantes. No alcanzo a ver qué relación tenía uno con lo otro. El polaco de marras (cuyo nombre tampoco retuve, porque en realidad tampoco es para tanto), se reía con suficiencia, porque parecía que la muchacha aquella le daba la razón con la andanada que le estaba dedicando. Porque no se puede conculcar el derecho de un diputado a decir lo que estime conveniente según su leal saber y entender, aunque ese precepto básico de la democracia y de la libertad de expresión (que no son lo mismo, por cierto) lo violen sistemáticamente todos los partidos políticos en España y puede que en parte del extranjero. Y sin embargo en todos nuestros medios de difusión (que la información es otra cosa) han aparecido opiniones por un tubo en contra del pobre polaco. Y todas la misma, no sé por qué hablo en plural…: no se puede decir esa opinión en un parlamento que es de todos. A ver, señores disentidores del disentidor polaco: ¿la libertad de expresión es para decir sólo lo que a ustedes les gusta? ¿Ustedes creen que son los depositarios de la verdad absoluta, y nadie puede osar decir lo contrario de lo que ustedes piensan? ¿O es que ustedes tienen tanto miedo de que les convenzan de algo blasfemo contra esa nueva religión, la de la Corrección Política, que hacen lo mismo que los fanáticos de antes, cazas de brujas y condena de quien promueva la disensión? Es una pregunta cuya respuesta es evidente, pero seguramente ustedes no la verán así, porque pretenden seguir de reyes desnudos toda la vida, y ay de quien ose decírselo. No, yo no me voy a pronunciar ni a favor ni en contra de lo que dijo el polaco. ¿Y saben ustedes por qué? Porque no me da la gana. No tengo que buscar su congraciosidad, y si ustedes piensan que yo también soy un tal y un cual, pues peor para ustedes. Algún día comprenderán ustedes lo que es la libertad de opinión y de expresión. Seguramente cuando ustedes ya no la tengan, porque sus enanos hayan crecido tanto que los han ninguneada a ustedes, y si entonces ustedes se mueven mucho, tampoco van a salir en la foto.
 

[Img #14381]El otro tema grave de estos días es el famoso autobús de la asociación Hazte Oír. Resulta que dicen que los niños tienen pene, y que las niñas tienen vulva. Seguramente es la respuesta, a mi modesto entender, de esa otra campaña que hubo poco antes de que “Algunas niñas tienen pene, algunos niños tienen vagina”. Yo ni quito ni pongo rey, pero sigo con mi tema, el de la Libertad de Expresión. El día en que ya no se tenga, y ya no falta tanto por culpa de los medios de disfunción, quiero decir difusión, españoles, yo ya no podré decirles a ustedes lo que pienso, y es muy posible que ustedes tampoco, si el dogma oficial ha dejado de ser ese que ustedes defienden tanto ahora. Porque la sociedad evoluciona al margen de los individuos que consiguen captar el poder en cada momento, como nos ha contado la historia una y otra vez. Y si no, al tiempo. Pero lo que sí me parece muy grave en un estado que se dice de derecho es que una alcaldesa se haya atrevido a utilizar a la policía para inmovilizar un vehículo sin orden judicial. Eso lo hacía la Gestapo, y entonces estaba bien, pero los nazis nunca presumieron de ser un estado de derecho ni de impartir justicia, ni de ser una democracia. Esta gente de ahora, sí. Llegan al poder y se empeñan en imponer su ideología a los ciudadanos, como si nos hiciera falta. Niegan el derecho de cada uno a pensar y decir lo que quiera, y ahí está el problema. Llegaremos a niños denunciando a sus padres, como sucedía en la Alemania Nazi, y sin embargo jamás ocurrió en la España Franquista, les duela a ustedes donde les duela. Porque hay que ser honestos y darle a cada uno lo suyo.
 

El autobús de Hazte Oír debería haber sido inmovilizado, o no, por el juez, no por la alcaldesa de Madrid, aunque sea juez en excedencia. Porque no se puede juzgar al ciudadano desde una ideología, sino desde un juzgado, con las leyes en la mano. Porque no hay nadie infalible, y todos nos podemos equivocar. Y cuando nos equivocamos, debemos rectificar. Pero si nuestras equivocaciones se deben a nuestras opiniones privadas, personales, se puede rectificar y deshacer el mal realizado. Pero si se deben a una ideología que hemos abrazado ciegamente, esa ideología no nos lo permite, porque es un corsé que no nos deja movernos hacia donde necesitamos. Por eso hace años que descubrí que todas las ideologías son perversas. No hay ninguna sana. Hay unas ideas que son mejores que otras, y en cada momento nos dejamos llevar por ellas. Pero no se puede admitir que una ideología nos defina a los unos como enemigos irreconciliables de los otros. Eso atenta contra los derechos de los demás. Pueden ustedes no hacerles caso, pero no levantar la mano contra ellos, ni siquiera virtualmente, porque no estén ustedes de acuerdo con ellos. Porque eso es totalitarismo. Sí, ya sé que hay partidos políticos que son totalitarios. Y si me preguntan ustedes si hay alguno que no lo sea, yo creo que les podría decir honestamente que no, que no veo ninguno que no lo sea, como no sea el PP, y a ratos Ciudadanos, porque ni ellos mismos saben lo que son, o al menos no se atreven a decirlo. Se han inventado un himno y una bandera para no usar los de España. Les da vergüenza, o se sienten culpables, quizá, de ser españoles. Y esa es la auténtica vergüenza. Y a mí me da mucha vergüenza ver tantas banderas de EEUU en los mitines de todos los partidos, o de la de Francia en los suyos. Pero parece ser que esta bandera y este himno “son de Franco” y por lo tanto nadie quiere llevarlos, no sea que le tilden de facha. Y no hay más facha que el que llama facha a los demás.

 

Ahora ya saben ustedes otra de las razones por las que no voto. Y de que desaconsejo a ustedes que voten. Sí, va a dar igual voten o no voten. Pero si no votan, no serán ustedes cómplices de los dislates que hagan estos políticos que salen de las urnas.
 

En resumidas cuentas, polacos y autobuses aparte, el marcador está en dos goles a favor de la intolerancia y cero a favor de la libertad de expresión y de pensamiento.
 

Pero uno vive en el mundo y se relaciona con los demás. A algunos de esos demás yo los quiero, y por eso son mis amigos. Por eso les dejo que se equivoquen, y nuestras conversaciones son de todo menos aburridas. Hasta se enfadan y todo, pobrecillos. ¡Qué vamos a hacerles! Es posible que algún día tenga que sacar a alguno de la cárcel, cuando su opción haya perdido del todo. Aunque es mucho más probable que alguien me saque a mí... Porque mis amigos lo valen todo aunque lo que digan no valga nada.

 

Bueno, pues ya no les aburro a ustedes más. Otro día les hablaré de mis amigas. :-)

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