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José Luis Mazón.
Jueves, 16 de marzo de 2017
Se marcharon el año pasado sobre finales de julio y agosto

Vuelven a Murcia los carismáticos vencejos

[Img #14421]En la tarde del lunes 13 de marzo, tras disiparse una soberbia tormenta de agua y viento que poco duró pero se notó mucho, aparecieron como por arte de milagro los primeros vencejos sobre la ciudad de Murcia, uno de los lugares del sureste a donde por algún capricho de las corrientes migratorias, llegan estos pájaros que pasan casi todo su tiempo en el aire, donde viven, se alimentan, copulan, duermen y más cosas que ignoramos.

 

Sin duda que son emisarios de la primavera, cuando ellos llegan es porque ha llegado la época del renacimiento y a eso vienen, a perpetuar la especie.

 

Se marcharon el año pasado sobre finales de julio y agosto, raudos, tan pronto el último vencejo cría saltaba del nido, los padres tomaban la ruta del sur, hacia Africa, en cuyas sabanas y selvas pasarán 7 u 8 meses viviendo en permanente vuelo con una espectacular resistencia para un pequeño ave de 40 gramos que parece cosa de milagro.

 

Son aves especiales con una relación con el viento hasta ahora desconocida de ninguna otra clase de pájaro.

 

Lo mejor de los vencejos, de lo que se aprende de ellos,  es de convivir lo que se hace posible solo cuando han caído del nido y necesitan madurar hasta alcanzar el desarrollo para el vuelo. El humano caritativo se hace cargo de su manutención y cuidados.

 

Hay que darles de comer dieta de insectos (grillos y/o gusanos de la harina) cada dos o tres horas mientras son crias, abriéndoles el pico con mucho cuidado  porque raras veces ellos lo abren solos. Asi que el criador de vencejos pasa varias horas al día en contacto con ellos.

 

El vencejo hechiza a su cuidador. Le transmite algo, una especie de encantamiento que hace que el cuidador viva el sacrificio del cuidado del vencejo con la mayor alegría. Es una magia de la que son portadora los vencejos. 

 

Desde 2008 en que cayó en mis manos el primero por azar,  no me ha faltado año donde me haya tocado suerte cuidar uno, dos y hasta tres vencejos hasta la suelta, que suelen ser dos o tres semanas o a veces un mes, depende del tiempo de la cria. He criado otros pájaros caídos pero ninguno se asemeja al influjo y el carisma que desprende el vencejo.

 

He aprendido grandes cosas de los vencejos. La primera que son maestros consumados del arte del empeño. Son infatigables. Son comunicativos con los humanos, aprenden a entenderse con el humano que les cuida a las mil maravillas, entienden que le estás cuidando y que la misión es temporal. Si tienen un problema grave de plumaje les he visto en el suelo de la clínica de vencejos de Frankfurt (se las han arreglado para que una veterinaria alemana por amor a los vencejos monte una clínica de vencejos que los cuida durante todo el año a los que no pueden volar en el verano), pues si tienen un déficit de plumaje aletean por el suelo con tal fuerza y empeño que uno piensa que si no es por las alas remontarán vuelo de otro modo desconocido. Llevan consigo y transmiten al cuidador la medicina de la paciencia. Aunque te estés  malhumorado al ponerte a darles de comer es como si un halo extraño y benéfico se apoderara de ti y se disipa el mal humor para entrar en un estado de calma concentrativa que parece producir el propio vencejo. Tal vez sea la comunicación de su propio estado de ánimo.

 

Sin duda los vencejos son una especie benefactora de la especie humana, y no solo porque se comen a los bichos que nos hacen la vida difícil, los mosquitos y moscas, sino tambien porque  su retorno periódico garantiza un plus de protección a la especie humana, y es que el día que no lleguen los vencejos estaremos más indefensos ante las poderosas fuerzas enemigas visibles e invisibles de la humanidad que pueblan la Tierra. Por eso bienvenidos sean nuestros amigos los vencejos, en el 2017.

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