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José María Hernández.
Viernes, 17 de marzo de 2017
El aire que respiramos es ya irrespirable porque el dinero así lo quiere

Ya estamos muertos, pero no lo sabemos

[Img #14426]Esta es la gran paradoja de nuestro momento histórico. Hemos alcanzado este siglo XXI o el (V)DCCLXXVII, según la cultura hebrea, repletos de las contradicciones más enormes. Destruimos más especies de animales y plantas que nunca; arrasamos hectáreas y hectáreas dejándolas yertas con elementos tóxicos para cualquier tipo de vida; ríos, lagos y mares que hemos desecado con la mayor de nuestra inconsciencia; hacemos, hoy, más guerras que en ningún tiempo y nos matamos entre nosotros por razones sin razón, ni sentido alguno, tan solo para que algunos ganen un poco o un mucho de más dinero.

 

El aire que respiramos es ya irrespirable porque el dinero así lo quiere. El dinero es un gran culpable de todo el mal. Pero más que el dinero, son aquellos que lo utilizan y acaparan solo para ellos modificando su orden y economía. Son como una gran casta sacerdotal que antepone sus privilegios seculares a la vida misma; al derecho de una vida digna para todo ser viviente de este viejo planeta; al derecho irrenunciable de VIVIR en PAZ y HARMONÍA con cuanto nos rodea, sin destrozarlo, cuidándolo, como los únicos tesoros que verdaderamente son y para rendir el culto debido a toda esa excelencia gratuita que se nos dio y por el solo hecho de haber nacidos HUMANOS.

 

Esa casta sacerdotal milenaria de cráneos alargados y que aquellos que no los poseen –porque no son genuinos- intentan imitarlos con sus mitras repujadas de sedas e hilos de oro, como intentándose ganar su favor y sus prebendas, olvidando quiénes son verdaderamente y a qué raza pertenecen. Nos engañan, nos llevan engañando toda la vida, desde el inicio de los inicios y no conseguimos sacar los pies del plato. Por eso estamos hoy más muertos que vivos. No conseguimos alcanzar el equilibrio, no nos dejan. El mal siempre gana todas las batallas, es inútil enfrentarse con el engaño y la mentira.

 

Han convertido su propio experimento en una suerte de sin sentidos, contradicciones y paradojas. Somos sus peleles (1.- Muñeco de figura humana hecho de paja o de trozos de tela, especialmente el que se saca a la calle en carnaval para quemarlo o mantearlo. 2.- Persona débil o de poco carácter, que se deja manejar por los demás muy fácilmente) y continúan haciendo lo que quieren con nosotros. Y si fuéramos un resultado de ellos, ¿Hasta cuándo les durará el derecho de disponer, a su antojo, de nosotros? Quizá hasta que tomáramos conciencia de esa verdad que nos ocultan a propósito, para que no rompamos esa relación que, hasta ahora, solo parece beneficiarles a ellos y al mal que representan. Pero, ¿Cómo romper ese cordón umbilical si desconocemos su existencia? ¿Es acaso el sufrimiento humano su alimento? Solo así podría tener, todo, una explicación racional.

 

Parece que la NASA se prepara para dar lo que consideran una gran noticia: La existencia de vida extraterrestre. ¡A estas alturas de esta película! Una mofa más de tantas y tantas. Puede ser un inicio para aquellos que sobrevivan (Que sobrevivirán como siempre ha ocurrido), pero puede que los conscientes sucedáneos de los cráneos alargados que lo hagan, que lo harán, vuelvan a repetir la misma historia ya conocida y que parece terminar en unos pocos meses y no permitan romper este bucle que esclavizará a esa nueva civilización por otros tantos y tantos miles de años.

 

Porque lo que la NASA no contará es que puede ser que ya estemos más muertos que vivos y no lo sepamos la inmensa mayoría de seres humanos y, sí, unos pocos con mucho dinero, bunkers y mitra. ¡Cuídense!

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