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Jesús de Las Heras.
Jueves, 23 de marzo de 2017

La Armada vencida

[Img #14450]Los ingleses celebran mucho sus triunfos militares del pasado de una forma que raya lo obsceno sin que a nadie parezca importarle, al revés que los españoles, a los que parece que la guerra y la gloria pasada les da ictericia y se sienten culpables de que una vez se llamase en todo el mundo EL LAGO ESPAÑOL nada menos que al Océano Pacífico, el mayor del globo terráqueo.

 

Así, si uno va a Londres se encuentra con Portobelo Road, la Carretera de Portobelo, y la enorme Plaza de Trafalgar, dos lugares que siguen manteniendo el nombre de dos victorias inglesas sobre los españoles, aunque ahora parece que los ingleses son nuestros amigos. A pesar de Gibraltar.

 

Pero si le preguntáis a cualquier inglés por «The Spanish Armada» o por el Almirante Nelson os dará todo lujo de detalles, pues todos ello tienen información más o menos detallada de sus triunfos del pasado, de los que se sienten muy orgullosos, como si ellos mismos hubieran participado directamente, a pesar de que ya han pasado 429 años de aquello. En cambio si le preguntáis al español medio por Cartagena de Indias, lo más probable es que sepan, en todo caso, que se trata de «una ciudad de Venezuela, de Colombia, o de Méjico». Y sin embargo fue el escenario de la mayor derrota inglesa de todos los tiempos. Lo triste es que yo tuve que visitar esa bella ciudad de Colombia para conocer la mayor gesta del ejército español en toda su historia.

 

[Img #14451]Hace ahora 276 años, en marzo de 1741, EL almirante inglés Vernon atacó aquella ciudad española con 186 navíos y 30.000 hombres. En Cartagena había sólo seis barcos y algo menos de 3000 españoles, mestizos, e indígenas asimilados a la cultura española, para defenderla. Tras dos meses de combate y habiendo conseguido desembarcar y sitiar las fortalezas que defendían la ciudad, los ingleses tuvieron que retirarse con el rabo entre las piernas dejando dieciocho mil muertos y teniendo que incendiar muchos de sus navíos porque ya no les quedaban hombres para tripularlos. Ni los españoles ni los sudamericanos de ahora parecen ser conscientes de que si hubieran vencido, los ingleses se habrían apoderado de toda Sudamérica, realizando después el genocidio que ya habían realizado en el norte, y por lo tanto la gente de allí sería de piel más pálida y pelo más rubio.

 

En su soberbia y falta de información, los ingleses acuñaron monedas conmemorativas de su derrota, que antes de volver su flota los ingleses creían victoria, lo que les convirtió en el hazmerreír de Europa, y si no lo siguen siendo es porque el asunto se silenció y los españoles hemos sido tan memos que lo hemos consentido.

 

Pero ¿cómo fue posible que ganasen los españoles si estaban en proporción de uno a diez? Es cierto que las fortalezas de Cartagena estaban bien situadas, pero el éxito se debió sobre todo al general que las comandaba, un hombre al que ya antes se apodaba con respeto «El Medio Hombre» porque le faltaban una pierna, un brazo y un ojo, consecuencia de sus campañas militares previas, el almirante Blas de Lezo, de infausta memoria en Inglaterra y ninguna en España, donde se recuerda a traidores como el Conde Don Julián, el rey Fernando Séptimo o el Presidente Negrín, más que a los hombres que le han dado gloria de verdad. Pero el mérito de nuestro general estuvo en anticiparse, en atacar cuando se esperaba que se defendiera, y en resistir cuando se debería rendir. Lo que no le faltaba a nuestro general era inteligencia: se anticipó a su enemigo e innovó en el arte de la guerra, inventando un sistema de trincheras en zig zag, de modo que cuando los ingleses disparaban al enemigo cuerpo a tierra, los de la quebrada siguiente les atacaban por detrás, haciendo una escabechina; y también mandó hacer un foso de dos metros de profundidad alrededor de toda la fortaleza, de modo que las escalas de los ingleses no llegaran a las almenas, por lo que el asalto resultó un tiro al blanco para los españoles que no contentos con ello salieron en persecución de un ejército muy superior que huía colina abajo sin que sus mandos pudieran hacer otra cosa que correr también, dado que la fuerza que tenía que haberles apoyado había sido desviada por dos supuestos desertores bilingües cartageneros a los puntos de máxima fortaleza en lugar de los puntos más débiles que les habían prometido.

 

Por eso es una tragedia, más que una vergüenza nacional, que hoy en día en lugar de una calle, avenida o plaza de Blas de Lezo y de Cartagena de Indias en cada ciudad y pueblo de España, los españoles no saben nada ni de uno ni de otra. Esa es una grave carencia que hemos de resolver. Sí, los ingleses son nuestros amigos, aunque lo podrían demostrar un poquito mejor si se esforzaran, pero lo nuestro debería ser conocido por todos nosotros, y deberíamos recordar nuestras glorias pasadas además de nuestras miserias. Sería muy fácil, con lo que está cayendo, buscar y sustituir en todos los callejeros «Juan Carlos I» por «Blas de Lezo» o «Cartagena de Indias», verdadera Antinumancia por obra y gracia de aquellos héroes comandados por el genial Blas de Lezo y Olavarrieta, que encima era vasco, de un pueblo de Guipúzcoa.

 

Mucho rollo hay hoy con lo de la Armada Invencible, pero la flota que fue a Cartagena de Indias, la Armada Vencida, fue la mayor del mundo hasta las de las guerras mundiales del siglo pasado. Honor y gloria a Blas de Lezo y sus soldados, y miseria y vergüenza para las mentes mezquinas que desde entonces se han vendido y se venden a la gloria extranjera a costa de la nuestra.

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