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Víctor Mirete.
Jueves, 23 de marzo de 2017

Bienvenidos al nuevo circo romano

[Img #14452]Este artículo o es una reflexión ni nada que se le parezca. Estas palabras básicamente radican en la mala hostia que se me pone cuando veo que aún se siguen ocasionando actos como el ocurrido en el campo de futbol de Alaró (Mallorca).

 

El suceso, que tuvo lugar durante un partido de la categoría de infantiles el pasado domingo (día 19 de marzo de 2017) y protagonizado por los padres de los diferentes bandos rivales, es el que ocupa mi llamamiento y azote a un determinado sector de la sociedad que aún sigue creyendo que los campos de futbol son la descendencia legítima del Circo Romano; y que la ira, cinismo, ignorancia y carencia educacional se palia en estos cuadriláteros en donde una pelota es la única que sufre o debería sufrir un daño colateral.

 

Pues bien, pese a mis ganas de llamarles por lo que realmente son (pobres desgraciados sin vergüenzas y mal nacidos), reprimiré mi vehemencia para confirmarle a esos padres y madres que dieron lugar a la tangada que tanto aparece estos días en televisión por su brutalidad y atrocidad, que ese lugar a donde llevan a sus hijos cada domingo no es el Circo Romano y que el árbitro, el equipo contrario y la afición contraria están en el mismo bando: El bando de la tolerancia, la disciplina, el sacrificio, la voluntad, el esfuerzo, la cooperación y el respeto.

 

Está claro que se trata de un grupo de exaltados incívicos, ignorantes y beligerantes que solo poseen la sesera suficiente como para pasar la mañana y a veces ni eso, pero empiezo a pensar que está más extendido de lo que parece y que hay una fina línea que separa cada domingo en esos campos de niños y padres a la batalla futbolística de las batallas campales.

 

Por otra parte, dadas las denuncias de varios sectores así como los partes de lesiones emitidos tras la trifulca, se han impuesto sanciones a diferentes responsables de los actos. Pero estos actos acaecidos merecen algo más que una sanción administrativa. Merecen una reprobación social por parte de su entorno más cercano. Ese tipo de gente debe sentirse por un momento excluida socialmente, y sobre todo sentirse excluida del afecto de sus hijos, porque no en vano las mayores lesiones quedan en el recuerdo de esos hijos que han visto desatada la ira y la violencia de sus padres sin más motivo que la falta de sentido común y respeto por el prójimo.

 

Recordarles a esos padres que puedan haber tenido conatos de esa actuación en algún momento de su vida o que no lo hayan pensado aún hacer, que solo ellos tienen el poder de educar y dar ejemplo a sus hijos. Y como siempre le dicen al bueno de Peter Parker (Spiderman): “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. De modo que no le deis armas a vuestros hijos para que puedan pensar que esos actos tienen cabida o posibilidad en un terreno de juego al que solo se va a disfrutar.

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