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Juan Mariano Pérez Abad.
Lunes, 27 de marzo de 2017
Los cuentos del Pity-Power

El delito es tener miedo

[Img #14478]Según avanzan los tiempos, el Estado estrecha su cerco y nos somete a un control cada vez más estrecho. Cada vez tenemos más normas para controlarnos. Cada vez limitan más nuestra libertad e invaden más profundamente nuestra intimidad. Cada vez más radares, más cámaras en las calles, menos dinero en efectivo y más tarjetas. Cada vez más escusas para que puedan vigilarnos y multarnos. Cada vez con la sensación de ser un poco menos libres, un poco menos personas, un poco más ganado. Y siempre con la excusa de protegernos de graves amenazas terroristas o de proteger a los pobres discriminados, a las víctimas de alguna de las muchas fobias seculares que arrastra nuestra odiosa Cultura Occidental, cuna de todos los males del Mundo.

 

Lo último, lo más “chic”, es la nueva colección de delitos de última moda del gran diseñador “Transfobia”. Nos presentan su espectáculo en gira por diferentes Comunidades Autónomas, acompañada por “Ballet LGTB” de los hermanos “Homofobia” (“Gayfobia” y “Lesbofobia”) y su prima “Bifobia”. Lo han representado por toda la geografía nacional mediante las nuevas “Leyes Autonómicas de la Transexualidad” que nuestros prestigiosos dignatarios políticos nos colaron en las carteleras, con nocturnidad y alevosía, a finales del pasado curso escolar. Con ella se abre la tapadera de un nuevo pozo sin fondo para enterrar dinero público que, en este caso, iría destinado a la protección del colectivo transexual.

 

Su necesidad venía justificada porque, al parecer, algunos desalmados en no sé qué ciudad, habían agredido con salvajes miradas de reproche a miembros de ese Lobby cuando hacían sus profanaciones eróticas rituales, mientras bailaban en pelota picada y con tocado de plumas, en el último desfile del orgullo gay. Para castigar delitos de odio tan brutales como ese, se ha hecho imprescindible anular el Derecho a la Presunción de Inocencia a todo el que sea acusado del delito de “Fobia” contra ellos. En un futuro próximo por fin dejarán de ser marginales, ya no serán minoría en nuestra Sociedad, porque les van permitir a enseñar en las escuelas a nuestros hijos que ser como ellos es lo normal.

 

Ya teníamos montados un montón de negocios de ese estilo, explotando nuestra “Compasión Colectiva” para parasitar nuestros Presupuestos Generales del Estado. Son negocios que, en realidad, no sirven para favorecer a los colectivos presuntamente discriminados que supuestamente defienden, sino tan solo para “distraer” dinero público a costa de destrozarle la vida a mucha gente. Son los negocios de “desguace” personal y social que se encargan de la demolición de las civilizaciones decadentes como la nuestra, utilizando la enorme capacidad destructiva que tiene “el Poder de la Pena” (the Pity Power) Son negocios como el Feminismo Moderno que gestiona los divorcios y el asociacionismo subvencionado, el Sistema de Protección de Menores con las adopciones y las casas de acogida, y otros muchos más. El enorme peso económico que han logrado, los ha situado en lo más alto del Poder y han formado un clan anti-familiar llamado “Género”. Ahora se les suma una pieza más, la de la defensa de los transexuales, que distraerá unos cuantos sacos de millones de Euros más a favor del Lobby de Género.

 

Como es lógico, los ideólogos que han ido creando las bases doctrinales de todo ese activismo basado en la pena, han tenido un nivel intelectual penoso y nunca han destacado por su brillantez. Nos han ido presentando argumentos tan absurdos y contradictorios como llamar Discriminación “Positiva” a lo de “castigar” con la cárcel a un hombre por ventosear ante su mujer o lo de decir que tiene Memoria Histórica quien dice que nuestra Cultura Occidental es machista, cuando ha sido la pionera en conseguir la igualdad ante la Ley para la mujer. Son razonamientos ofensivos a la inteligencia, demagogias destinadas a la manipulación social de rebaños humanos.

 

Una de sus chapuzas más sonadas es la de haber utilizado el término “FOBIA” para componer las palabras que designan esos nuevos “delitos de odio”, en la redacción de leyes como la de Transexualidad. “Fobia” tiene su origen en el nombre de un personaje de la mitología griega llamado Fobos, hijo de Ares (dios de la violencia) y de Afrodita (diosa de la pasión) que era la personificación del pánico. Su significado literal es “MIEDO” y, por extensión, también se podría aplicar al “rechazo” pasivo que nos producen cosas que nos dan miedo, como las agujas de las inyecciones, pero nunca un odio voluntario y activo.

 

Como todo el mundo sabe, las palabras que significan “ODIO” se componen con el prefijo “MISO”, que es la primera persona del presente del indicativo del verbo “Odiar”, en Griego clásico. Así, se puede hablar de “misoginia” y “misandria” para calificar de una forma elegante el odio genérico a las mujeres y a los hombres heterosexuales que demuestran nuestros Penosos Poderes Públicos. Para expresar correctamente el odio a los componentes del Lobby LGTB, los términos adecuados habrían sido “Miso-lesb-ia”, “Miso-gay-a”, “Miso-transex-ia” y “Miso-bisex-ia”. Suenan raro, pero no tanto por su cacofonía como porque son fenómenos muy raros de ver en la realidad que nos rodea. Es evidente que una Sociedad que permite que se corten las calles, para que un colectivo como el LGTB exalte su identidad, en manifestaciones públicas tan poco elegantes como los Desfiles del Orgullo Gay, no puede ser “misogaya”.

 

Señ[email protected]: Sepan que la homofobia que nuestros admirables políticos han convertido en delito, no es el odio, sino el miedo a los homosexuales. Para no delinquir, es necesario no tenerles miedo. Es un reto difícil porque han “invertido la carga de la prueba” a su favor (nos han quitado la presunción de inocencia a los demás) en cualquier enfrentamiento que pudiéramos tener con ellos. Es como pedirnos que nos convirtamos en “los indios” de las películas de vaqueros y que luchemos sin miedo, armados solo con arcos y flechas contra los fusiles de repetición de la Caballería Americana.

 

Así que ya saben, si quieren ser buenos ciudadanos y no delinquir sin parar, ármense de valor y rechacen todo el miedo que les pueda producir enfrentarse con el Lobby LGTB. Sin embargo, les rogamos que actúen con astucia y precaución para no caer abatidos a la primera de cambio, porque no queremos ser las víctimas de un genocidio como el que sufrieron los indígenas americanos y ya tenemos suficientes mártires para motivar la lucha contra su tiranía.

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