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Juan Eladio Palmis.
Martes, 28 de marzo de 2017

El Molinete

[Img #14483]El Molinete, que encima tiene un nombre que rima con bastantes chascarrillos en la lengua española, y dejando claro que en los lugares donde acontecieron los preguntados nunca eran dedicados a ningún culto, salvo el de la existencia, cuando uno estaba iniciado en esos asuntos marineros de los puertos de norte de Europa.

 

Cartagena, que siempre había que ubicarla al sur de Valencia o Alicante las pocas veces que preguntaban por tu procedencia, por aquel entonces se conocía por el Molinete: un lugar que se ve que tenía su eso para las gentes de dichas zonas europeas que todas tienen en común que parecen que están recién salidas del frigo para descongelarlas.

 

Existían en abundancia los escaparates en dos o tres puertos holandeses, en marinero de San Pauli en Alemania; pero, por una razón que nadie nunca me explicó, el Molinete se llevaba la palma a la hora de enumerar barrios de putas de categoría, prestigio y hasta romanticismo.

 

Influenciado por la fama, en ocasiones, cuando atracaba por mi puerto, Cartagena, corriendo el riesgo de que me señalaran con el dedo o mi novia me dejara en la estacá,  subía a percatarme de la existencia de ese atractivo que, sin estar bajo votos de castidad ni de ninguno otro de los que al parecer  gusta saltárselos a los que se los exigen emitirlos, nunca encontré nada que fuera especialmente atractivo para un joven o un marino de los que entonces se decía que recorríamos mundo.

 

Cartagena, por aquel entonces, a lo que personalmente alcanzo como experiencia, era conocida entre la gente con la cual servidor alternaba por esos puertos, por su barrio de putas. En Europa, ahora, nos conocen a todos los españoles por nuestra afición a gastarnos los dineros de la sanidad y la enseñanza y otras cosas sin importancia, lo que el jugador inglés Jonh Best definiría como gastos mal gastados, porque no nos los gastamos en putas y bebida, que sería estar muy bien gastados para el citado jugador inglés.

 

Algo así es insultante para un país con la rectitud del nuestro; en primer lugar porque por no quedar, ya no quedan aquellos barrios de putas-putos, con lo cual damos la apariencia, que es lo que importa, de que la castidad más absoluta impera en nuestra sociedad norteamericanizada empapada en moralina hasta el extremo de que el sexo de contrabando con aranceles, está muy por encima de mal visto que el robar a manos llenas y desvalijar, caso de Cartagena, el Hospital del Rosell, y ahora haya que volver a comprar material que se facturó a otro hospital como nuevo, el Santa Lucia, y tales granujerías formen parte normal de una moralina de calzoncillo vuelto, que esconda al bajarlo los palominos.

 

Se me puede acusar de muchas cosas, menos de europeo; pero estoy con ellos cuando dicen que el dinero no lo hemos empleado con la seriedad y la moral necesaria. En Cartagena, sin ir más lejos, no hay tiempo, dinero ni ley que regule la obligación de descontaminar un suelo letal para la salud de la ciudad; en Cartagena estamos dejando que un hospital que costó millones, el naval, se convierta en arenisca; en Cartagena el dinero público se le da en cantidades desconocidas a fondo perdido a unas asociaciones privadas sin que rindan cuentan; en Cartagena envenenan a los moradores de su término municipal, bien de La Aljorra, El Llano, Escombreras, Portman Potasas y Derivados, el Hondón y un largo etcétera, y se está de continuo maniobrando para ver si se arranca el gran pelotazo que sería un gran puerto sin barcos como sería el puerto del Gorguel, para el cual habrá todo el dinero que haga falta para su construcción y las sisas caribeñas o de Belice.

 

En putas y vino no se gasta el dinero; pero sí es una putada verlo como se lo gastan en fanfarronerías de caballerías y supercherías medievales como jubileos.

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