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Al sistema partidocrático le ha salido una patología que
amenaza su existencia, el movimiento del 15 de mayo. Y es que muchos de los
lastimados y dolidos del régimen bipartidista y de sus lacras se han unido para
celebrar en unas nuevas procesiones, la fiesta de los cambios, el segundo
sábado de cada mayo, en formato de procesión cual nuevos feligreses de una
recién creada religión que se unen para pedir a los dioses que brinden la ayuda
que les falta al modo de “agua de mayo”.
Los movimientos sociales, como las religiones, crean sus
nuevas liturgias, actos de celebración conjunta ya sean reuniones asamblearias
o estas marchas por las calles en las que en plegaria compartida se hacen invocaciones
para que caigan estos falsos ídolos de la política y vengan otros redentores.
Al nuevo pueblo judío que ha sido expulsado de las ollas de
Egipto por el Faraón por no querer comulgar con el dios Amón (que aquí sería el
bipartidismo) sino con otro, le falta un Moisés capaz de guiarles por el desierto
inhóspito haciendo que el maná caiga del cielo y que de las rocas emerja agua
para remediar las muchas necesidades de la larga marcha hacia la tierra
prometida.
Y es que el nuevo movimiento de travesía quiere mantener a
todo trance lo que llama “horizontalidad” o rechazo a la existencia de líderes,
su buen mosqueo tienen con los anteriores que han conocido y por eso el gato
escaldado del agua caliente huye.
Este nuevo pueblo de dios 15M piensa que por la sola virtud
de las plegarias o quejidos contra el orden establecido, este se desmoronará.
Yo he estado en las columnas humanas hacia la tierra prometida y la composición
humana es harto variopinta de modo que los que van rezando los ensalmos en la
cabeza son muy diferentes de las varias razas humanas mezcladas unidas por una
sola cosa, el dolor de unos políticos frustrantes.
Así que pongamos las cosas en su sitio, el 15M es el dolor
del cuerpo enfermo, pero no su cura. Pero el dolor atrae la medicina, que
vendrá más tarde.
Entre tanto hay que resistir a este PP de lenguaje y actos fascistoides para que él mismo se queme que lo está haciendo y a buen paso. Mientras no se amenace su poder electoral no se sentirá auténticamente atacado, pero entonces, le puede salir su peor lado y habría, tal vez, que tomar la tierra prometida al asalto, por cerrarse las otras vías.