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Juan Eladio Palmis.
Martes, 11 de abril de 2017

La tractorada y la semanasantada

[Img #14557]Hasta hoy, lo único que se topa con las devociones y fervores que se mantienen y están progresando en la medida que los trajes de domingo están al alcance de más gente, son la cultura y la ciencia social distributiva de los países de nuestro entorno, porque lo de la Cortijá Murciana capitalina y Cartagenera puede que ya sea irreversible para lo que queda de siglo, y tengan que venir generaciones que todavía están al galope en bolsas y senos genitales, en espera del clásico descuido del duende que da o niega la vida.

 

Dejando de lado, solo momentáneamente, el formidable orgullo que produce el saber que tenemos las mejores “prosesiones” de Europa, incluida toda Escandinavia e Inglaterra, en la medida que va en auge la docilidad de los fervores, aumenta, por ejemplo, el silencio por la profanación del territorio nacional por parte del colonialismo yanqui, que utiliza nuestra neutralidad para armar sus armas en nuestro territorio y lanzar sus ataques contra países con los que no estamos en guerra ni intención tenemos de estarlo.

 

No se puede esperar nada diferente de lo que la historia reciente nos enseña entre la amistad, el partir un piñón del mismo pino de intereses, entre los dictadores y genocidas del siglo pasado, y los que están apuntando en el siglo que está corriendo, y el fervor religioso emanante de Roma, que siempre han ido de la mano. Y cuando surge una condena, lo es a toro pasado o para asuntos tan tremendos como lo puede ser, para el piñón del dicho mismo pino, el hecho del miedo universal por Venezuela por el que el clero trinitario reza con fervor día y noche, y eso nos conforta a los que nos sentimos respetuosos con los venezolanos.

 

 Aquí, en esta avanzada cortijá no se han acabado todavía los ecos de la tremenda tragedia social organizada por las reivindicaciones de unos salvajes tractoristas; por la tractorada que querían, nada más ni nada menos, soluciones para el campo donde se cultivan los alimentos, y alguna medicina efectiva, y menos marear ya por años la perdiz, para tratar de resucitar el Mar Menor Muerto, y los muy cafres y antimurcianos de los agricultores no saben que lo único que no origina trastornos ciudadanos algunos son las santísimas procesiones, porque durante su recorrido ya se guardará cualquier vecino de demandar una ambulancia o quejarse si tiene que ir a alguna parte.

 

En la cortijá cartagenera, aunque sea duro de entender para los que no gozamos de la proclividad mística necesaria, el hecho de que la solución económica de la ciudad sea la santísima semana santa, no le da patente de corso al mando cortijero para que los accesos rodados a la estación de autobuses, un lugar de ocupación frecuente como en todas las vacaciones, no autoriza a que todo el sector suroeste de la cortijá cartagenera se quede sin que la gente, tan pronto suena un cohete irrespetuoso con alguna gente y bastantes perricos, pueda llegar libremente con su coche, porque mucho más abajo, en lo hondo, a mucho más de medio kilómetro vaya a pasar un trono.

 

En la trifulca de esta misma tarde, el guardia municipal cumplía órdenes; pero el vecino que llevaba a su familia en coche con maletas camino de la estación de autobuses, también llevaba razón. Y no parece lógico que si la tractorada molesta a los murcianos capitalinos cuando se está protestando por algo que va en beneficios de todos, una semanasantada, una prosesionada de día tras día y así por siete u ocho, tiene, por fuerza, que molestar, aunque lo consideren una blasfemia aquellos que entiende que sin “prosesiones” se acaba la vida económica de la ciudad.

 

 Está claro que la agricultura, los tractores no van adornados con flores como los tronos cuando cortan la vía pública, y, encima, sus conductores, sus gentes, lo que demandan, eso del agua y de delimitar los campos de acción territorial, es un asunto que es de tercera división en la cortijá, porque hay una premisa que dice que lo primero es lo primerico, y lo primerico es que no se debe de joder y cortar calles con protestas de necesidades sociales vitales para todos, porque por todos es sabido que cuando se cortan las calles por motivo de las “prosesiones”, nadie se pone malo; y si se pone las ambulancias se esperan devotamente rezando las horas que hagan falta.

 

Esa esperanza que teníamos algunos de que un porcentaje más o menos elevado de la ciudadanía cortijera le preocupaba realmente el Mar Menor Muerto y la contaminación letal de Portman, ha quedado más que claro que no es así. Y la lástima, el dolor, es que en Europa, en Escandinavia e Inglaterra han perdido el tren, y desconocen el tremendo adelanto que significa disfrutar de la mejores y más adelantadas prosesiones.

 

Salud y Felicidad.

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