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Juan Eladio Palmis.
Domingo, 23 de abril de 2017
En aquellos años el mundo del trabajo se fue a su palo, y el mundo del cuento y del baboseo, al suyo

Cartagena da pena, la cortijá dolor

[Img #14601]No son temas simples. Ya no es una cuestión de la que podamos salir por nuestras propias fuerzas en reserva sin necesidad de ayudas externas, la pena de Cartagena, el dolor de la cortijá después de tantos años de parasitación, de robo y de indiferencia popular, han dado el resultado que tenemos a la vista, donde la única esperanza de vida que le queda al cotarro es que la tapa con caña se ponga a veinte céntimos de euro, y la cosa entonces esté en su lugar de pobreza correspondiente.

 

Los que tenemos cierta edad sabemos el cómo y la manera de funcionar del triunfalismo, y lo feliz que va la gente, incluso sintiéndose culpable ante los demás de su propio fracaso, viendo las calles llenas de gente en aparente diversión y felicidad constante.

 

No hace muchos años, pasar por la Calle Mayor de Cartagena un domingo por la tarde, era toda una proeza de gente paseando para arriba y para abajo. El dinero del trabajo del obrero español trabajando en la reconstrucción urbana e industrial de algunos países de Europa (para que se queden tranquilos y felices los franquistas, diré que el franquismo, con un exquisito modo y olfato de gobernar desconocido en el mundo entero, patentó Pegaso, Barreiros Kelvitanor, Renault, Citroen, Ebro, etc. etc. todo ideado por la tecnología española). Y cuando se acabó prácticamente en Europa la reconstrucción, España, que seguía igual de rota que después de la guerra y llena de una paz a base de porra y miedo, fue un lugar ideal para que el capital extranjero se viniera en busca de una mano de obra barata y obediente, que poco a poco se fue calificando, aunque las primeras grandes aleadas inversoras extranjeras lo que se requerían eran muchos peonaje, y los técnicos y mandos superiores los ponían ellos, los de fuera.

 

Aparecieron las Cajas de Ahorros, las ventas a plazos, y la calle Mayor los domingo por la tarde se quedó desierta, porque empezó una etapa social (vamos, por aquello de alegrar a los nietos del franquismo, a darle todo el mérito al franquismo y al opus dei, porque casi todos los ministros era de ese palo santo) donde los obreros tenían sindicatos fuertes y supieron (especialmente la gente de astilleros y del sector del automóvil) hacer valer su trabajo, si hacía falta, mediante huelgas.

 

En aquellos años el mundo del trabajo se fue a su palo, y el mundo del cuento y del baboseo, al suyo. Y ni por asomo podía pensar nadie que el baboseo y la inutilidad se iban a imponer de la manera brutal a como se han impuesto sobre el mundo laboral y lo han puesto de rodillas y tiritando, y ahora le prometen, en su vuelta social otra vez al paseo por la calle Mayor los domingos por la tarde (se ha pasado la moda al sábado) que gracias al buen hacer del mundo de la inutilidad, una cerveza con tapa va a costar veinte céntimos de euro.

 

Lo de Cartagena, aunque su estado febril y su triunfante solución social es trasplantable a cualquier otro pueblo de la cortijá (aunque los hay tan oscos que nunca han tenido ni paseo público por la carretera a pesar de ser pueblos mediterráneos), es muy probable que pronto se alcance la fabulosa calidad de vida que permita que una caña con tapa cojonuda  pase a la cifra de un céntimo de euro por cabeza, en Cartagena se acentúa más la espera hasta adquirir ese grado de pura pena social, porque habiendo recursos actuales, solo se habla de lo que hubo, de lo que se fue hace miles de años, entrando de lleno en el campo más completo de la suposición, y, que se sepa, con la suposición nadie levanta puchero alguno.

 

Eso sí, estamos otra vez de lleno enfrascados en aquel tiempo en el cual se aconsejaba no viajar y leer la prensa (ahora ver la tele) para saber la brillante realidad que nos rodea.

 

Oye, y si los herederos no pueden hacerse cargo de las herencias, no hay por qué preocuparse, el papá estado se hace cargo de muchas de ellos y le va (al papá y a la mamá estado) de puta madre para arriba. Y del mismo modo que hay ciudades suramericanas que no tienen el gastazo de mantener equipos de basureros porque la basura se la llevan los pobres, pronto en Cartagena tampoco van a hacer falta, porque ya le pegan de diez a doce repasos por día a cada contenedor de basura. Y vamos tan sumamente bien que se anuncia para mañana la llegada de cinco cruceros salvadores para la economía de la ciudad.

 

¡Vamos, lo nunca visto de bueno, la reostia!

 

Salud y Felicidad.

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 24 de abril de 2017 a las 23:28
Para "Cartagena, otra"
Chacho, na, me aparo. Gracias por leerme. Salud y Felicidad. Palmis.
Fecha: Domingo, 23 de abril de 2017 a las 19:02
CARTAGENA, OTRA
MACHO PALMIS, OTRA VEZ CON CARTAGENA. ES QUE TE HAN JODIDO O TE HAN NEGADO TU POTENCIALIDAD POLÍTICA. AYER UN OJO Y OTRO.ERES UN CORTIJERO DE VMPRESS, REPAMPANOS, QUE FUROR. PARA, PARA.-

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