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José Antonio Pareja.
Domingo, 21 de mayo de 2017
maldito lou

El método Rajoy para parecer idiota y otras estrategias de defensa

[Img #14762]“Si mi padre hubiera confesado la herencia no habría sido presidente de la Generalitat”, decía el pasado viernes Josep, el tercero de la banda de los Pujol por orden de nacimiento, en una entrevista a Catalunya Radio. Y si en vez de confesar una falsa verdad hubiera dicho simplemente la verdad, esto no es de Josep Pujol sino mío, ahora sería uno de los presos más ilustres de la cárcel Modelo de Barcelona. La confesión de falsas verdades cuando un delincuente se siente acorralado, para evitar las consecuencias que tendría un testimonio sincero, es una estrategia tan antigua como el propio delito.

 

Otra táctica clásica de los delincuentes es intentar mantener el mínimo contacto posible con los investigadores, para alargar el proceso con la esperanza de que todo se acabe solucionando por un fallo en la instrucción. Sólo quien es inocente no pone trabas en ir a declarar, aunque sea como testigo. Pero como en todo, aquí también hay clases. Si sospechan que perteneces a una banda de, pongamos por ejemplo, aluniceros, y te llaman como testigo para averiguar cuánto sabes del asunto, difícilmente un juez admitirá que te excuses por no ir al juzgado alegando tu apretada agenda criminal. Y mucho menos, si además tienen la seguridad de que eres el jefe de la banda. Pero ya ven que lo que no sirve para un alunicero o un atracador de bancos, es perfectamente válido para un presidente de Gobierno, al que lo mínimo que se le debería pedir es la voluntad de dar ejemplo.

 

Una tercera táctica, tan antigua como extendida, es la de hacerse pasar por idiota. De todas las anteriores es quizá la más difícil de destapar. Las tácticas para parecer un perfecto imbécil han llegado a tal nivel de excelencia, que en muchos casos los propios actores acaban autoconvenciéndose de que lo son. No es un papel que se pueda improvisar de un día para otro, requiere de años de práctica y de una elaborada puesta en escena. A muchos puede parecerles sencillo, pero prueben ustedes a decir: “Es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, sin esbozar una simple sonrisa y con cara de concentración, y verán que hasta el mismísimo Sir Lawrence Olivier tendría serios problemas. Y si eso se debe hacer casi a diario, en diferentes contextos, y tratando sobre temas muy diversos, acabarán admirando a Mariano Rajoy casi tanto como muchos lo desprecian ahora.

 

Cierto es que nada mejor para que alguien parezca gilipollas, que quienes en teoría lo defienden, nos lo repitan machaconamente. Rafael Hernando es, con toda seguridad, quien más ha ayudado a que confundamos a Mariano Rajoy con Marianico el Corto. Resulta difícil elegir un momento estelar, porque son tantos y tan diversos que necesitaría, más que una columna, una enciclopedia para referirme a todos; pero por simple actualidad podríamos escoger la idiotización del todavía presidente del Gobierno, cuando fue citado a declarar en el caso Gürtel. Dijo el bufón del PP en el Congreso (lo que ellos conocen popularmente como “portavoz”): “Podrían llamar al Papa de Roma, porque sabe lo mismo que el presidente del PP”. Es decir, que Francisco, que ni tan siquiera fue invitado a la boda de la hija de Aznar, sabe lo mismo de la financiación del PP que Mariano, que es dirigente del partido desde antes de que tuviera este nombre. ¿Hay alguna forma más precisa de llamar tonto a alguien?

 

Terminaré este sucinto estudio sobre maniobras de distracción judicial, con una de uso casi exclusivo entre los delincuentes-políticos, y sin apenas predicamento entre el resto de malhechores. Me refiero a la de la falta de oportunidad en la que se hace pública la investigación. Se habrán dado cuenta de que nunca es el momento apropiado. Ya sea porque es justo antes de unas elecciones, de una declaración de independencia, de la aprobación de los presupuestos o del instante en el que habían decidido comenzar a ser honrados, lo cierto es que absolutamente siempre se encuentra una intencionalidad por parte del juez, fiscal o policía. 

 

No les aburro más, simplemente vayan con cuidado ahí fuera, y si ven a un señor con traje y cara de formal que les ofrece un número premiado de la lotería, no lo cojan, puede ser una papeleta de voto. 

 

https://twitter.com/BorjaMariaZ

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