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Juan Eladio Palmis.
Lunes, 26 de junio de 2017
Murcia no cuenta para nada en España

García Retegui y la renovación en la cortijá

[Img #14896]Durante el negociazo que hizo el clero trinitario vaticano en aquella España primica hermana de la de ahora, sacando a la venta solo los bienes raíces que le interesaba sacar al clero bajo la mano pelele del gaditano José Álvarez, que se hizo llamar Mendizábal para una mayor impresión y respeto en un país donde ni dándole palos evolucionan las ideas, ahora se ha dado una casualidad que solo es eso, una pura casualidad.

 

El equipo del cambio político que pregona en serio y muy en serio el nuevo secretario general de los sociatas Pedro Sánchez sin haber previamente mirado la deuda con los bancos, en la cortijá de Murcia se ha dado una coincidencia, que solo es eso, una coincidencia, en el nombre de la persona que va a representar en la cortijá el profundo y habitual cambio socialista, que se llama García Rategui, exactamente igual que una señora que sigue viviendo en el seno del partido socialista desde que los partidos y los sindicatos se alzaron con dinero para dar sueldos de los llamados de ideología.

 

Aquella García Rategui, que se conoce y siempre se ha conocido por el segundo apellido por aquello que en la cortijá todo lo que viene de fuera es mejor y se respeta más que lo de dentro, al margen de que ya existen serías dudas de que si en la más pura de las realidades sin necesidad de urnas ni de referéndum alguno la cortijá murciana hace ya largo tiempo que dejó de formar parte de España salvo para sufragar jubileos y votar sus gente en complicidad muy efervescente con el robo y el desmantelamiento patrio, a más de lo mismico, le llaman reformismo.

 

Una cortijá en la que los que se llaman y consideran sus escritores son gente encuadrada en el opus dei, no es nuevo ni tiene nada de novedoso si se hace hincapié y recordatorio de que una sociedad sin pensadores ni escritores no puede evolucionar en sus ideas, y, por tanto, no puede generar cambio alguno.

 

La cortijá murciana, pedazo roto que ya no cuenta para nada en España salvo para arrimar yesca económica, su cambio real es en realidad una caída en pedazos de aquello poco que tenía y se había logrado, que se ha roto o se está rompiendo y cayendo al abismo de la incultura: un lugar desde donde cuesta mucho salir, por no escribir casi imposible, y ese es todo su cambio: el romperse.

 

Si no sintiera hondo respeto y dolor por países como Haití, o la República Dominicana, de los cuales el que puede escapa, escribiría que la paridad social de superstición que existe entre las sociedades de esos dos países y la cortijera de Murcia gozan de una tremenda igualdad. Los unos con el vudú mezclado con la religión, y, en la cortijá, la religión amasada con los euros y los vestidos fatuos de señorito y señorita con masas sociales semejantes, jubiladas o por jubilar, que es lo mismico que decir peladas o por pelar.

 

Existe la errónea creencia de que a los partidos del estilo de robo del partido popular, o del cambio de nada y de destrozo social del pesoe, sus votantes se encuentran domiciliados en urbanizaciones o pisos de los llamados de alto estanding, cuando en la más pura realidad su núcleo mayor de votantes, de sustentadores son gentes que viven en lo periférico de todo; lejos del centro de irradiación de la cultura. De ahí que el cambio socialista si se da en algún contado asunto, nunca se va a dar en la cortijá murciana alineada plenamente en la incultura y fomentada a tope en la superstición que es lo que le endiñan diciendo que es su cultura.

 

Y por si fuera poco semejante triste realidad lograda, ahora no va haber cambio alguno por la vía del pesoe, porque da la casualidad que la encargada de capitanear el cambio político tiene una semejanza de nombre y apellido con la Rategui silenciosa, militante de sueldo de ideología del partido o del sindicato, que lleva años y años guardando el prudente silencio de los que son idealistas y seguidores del último que llega al poder, para recoger el testigo y volver a pasarlo entre ellos: los mismos de siempre en una cortijá que, sin referéndum, ya no pertenece ni a la España de la sacristía, sino un par de supersticiones más allá.

 

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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