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José Juan Cano Vera.
Martes, 27 de junio de 2017
joaquín esteban mompeán

necrológica de un grande

[Img #14901]Bajo  la apariencia de una cierta frialdad distante, JOAQUIN ESTEBAN MOMPEAN, enterrado ayer, escondía una personalidad sensible que blindaba con  principios y sentimientos de hombre cabal, una cultural amplia y un tacto político que lo hacia imprescindible allí donde aterrizaba. No era persona fácil de manejar, nunca se dejó instrumentalizar y  dialogaba razonablemente  y,con  sentido común. Siempre fue un fiel servidor  profesional del Estado y nunca jamás metió la mano donde no debiera, aunque durante el Gobierno de la UCD de Adolfo Suárez los casos de corrupción, y la oposición de izquierdas, la epidemia de la lepra política de utilizar los cargos para hacerse ricos, apenas asomaron las orejas  los depredadores.

Joaquín fue intachable en su vida profesional y política, pero ya vaticinaba, posteriormente a su salida como director General de  Administración Local, en el ministerio del Interior, empezó a tener dudas. En un viaje que hicimos a Palma de Mallorca para asistir a un Congreso de la UCD,  de la que formaba parte mi esposa, le oí expresarse con alguna dureza, de lo que estaba pasando ya en la región de Murcia, la guerra sucia interna en su partido que terminaría con la disolución del centrismo español, hoy pasando de boca en boca. Partido Popular, Ciudadanos y sectores minoritarios del socialismo moderado.Y personajes como Joaquín Esteban, Ricardo de la Cierva y Joaquín Garrigues Walker, sucumbieron a las trampas que le tendieron el sector más populista, cuyo epicentro había nacido en la pedanía de Alquerias, y en otras  de la Cordillera.

Los pesebristas de la chusma de bajo y alto nivel, llamados pancistas. La cifra ha crecido, y afirman los expertos e incluso los jueces libres, que la Murcia de España es de lo más corrupto de Europa, de la mano de la Grecia populista, donde gobiernan los limpios de corazón que reparten pobreza a parte iguales, sin importar valores y méritos.

No es cierto que fuera  amigo cercano a Adolfo Suárez, ni por carácter ni por ideologías. Adolfo siempre fue un oportuno que vendía neveras a los esquimales, al modo del político dispuesto a  tocar poder. Joaquín Esteban Mompeán fue más bien un tecnócrata, un jurista de sólida formación ética y formación religiosa, que no fue freno para mantener excelentes relaciones con la izquierda pura y dura, pero coherente, como lo demostró siendo gobernador civil de Córdoba, donde hizo  amistad con el apóstol del comunismo español, su amigo Anguit, entonces alcalde. Fui testigo de ello en unos días que pasamos en la capital andaluza el doctor Ripoll, hoy famoso europeo, y el empresario Martinez Meseguer.
 

No duró mucho Joaquín a las órdenes del ambiguo ministro del Interior, Martín Villa, años antes vestido rigurosamente de camisa azul. Esteban Mompeán siempre lucia una impecable camisa blanca, no cedió  a las presiones de Madrid, amaba a su tierra murciana y se fue de la política a tiempo para dedicarse a su gran  placer profesional, el Derecho, montando un bufete de categoría.

Nunca volvió a salir de su tierra. Creo que fue hace algo más de un año que hablamos, y me confesó que la idea del partido regionalista que proponíamos desde VMPRESS había que mantenerla: "Es la única vía de salida que tenemos. No contamos poco o nada para los grandes partidos. Es cuestión de pura matemáticas. Tenemos menos escaños que las otras regiones ricas en agua, y estamos atados desde siempre a los grandes partidos nacionales". Le respondí con cierta ironía "quizás tu puedas ponernos en órbita". Sonrió con amargura. Ya no lo volví a ver más.

Hoy pienso que hemos perdido a otro de nuestros  mejores, aunque algunos pocos quedan en primera línea. Claro que hacer de bomberos entre tantos pirómanos, es un riesgo, es peligroso y te la juegan sin escrúpulos los que sean  mafiosos. La maravilla sublime, casi celestial, es que ninguno de los grandes capos estén  pillados por los tribunales de Justicia. El silencio quizás sea producto de las altas temperaturas que genera las altas instancias del país que nos impiden salir a pasear por las calles y nos invitan a la siesta saludable.

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