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Jesús de Las Heras.
Miércoles, 5 de julio de 2017
si la Constitución se viola todos los días, ¿por qué no la quitan?

España tiene alergia a la democracia

[Img #14929]Vivimos en una sociedad cuyo dios máximo es el dinero. Todo el mundo lo adora, y en su consecución, e incluso en su nombre, se cometen las mayores felonías y villanías con el conocimiento, si no la aquiescencia, de todo el mundo. Es decir, que a todo el mundo le parece justificación suficiente hacer lo que sea para conseguir dinero. Aún recuerdo la razón que me dio un policía municipal en una ocasión por la que el Ayuntamiento de Murcia le había dado una autorización a un camión para invadir con su carga una acera debajo de la cual están los coches de nuestro garaje comunal: «Es por el dinero que recauda». O sea, damnificar a los vecinos está bien porque así el Ayuntamiento de Murcia recibe dinero de la oportuna licencia. Ese camión aumentó, sin duda, las grietas del alquitrán que mantiene el techo libre de goteras, y así nos luce el pelo cada vez que llueve. Y el Ayuntamiento hace decenios que da largas para arreglarlo, siendo el causante del destrozo, aunque su empleado, el policía, haga esas gracietas como si fueran argumento de algo.

 

Pero ese problema es menor. Lo peor del caso es que todo se justifica por el dinero hoy en día. No hay más que ver lo que hacen los políticos. Algunos estamos hartos de señalar que no son las personas, sino el propio sistema el que está corrompido de nacimiento. Si los partidos son los que designan a los candidatos a diputado, estos le deberán lealtad al partido, y no a los votantes, que somos meros comparsas, tontos útiles, carne de tomadura de pelo. Hasta ahora no he visto ni una sola ley que se haya hecho para beneficiar a los ciudadanos, sino para imponer la ideología del partido que está en el poder, pero siempre a favor de los que tienen dinero. A mis herederos, hoy en día, le saquearía la Comunidad Autónoma de Murcia el 35% de los bienes que yo pueda dejar, y si no lo pueden pagar, se los incauta (o se verán obligados a renunciar a la herencia, que es lo mismo) sin que la Comunidad les dé ni un euro. Eso se parece mucho a un atraco. Pero cuando murió la Duquesa de Alba dudo mucho que sus herederos tuvieran que pagar ese porcentaje, que serían muchos millones de euros. ¿Y eso es porque la Duquesa de Alba es más guapa que los murcianos? Dice la Constitución Española que todos los españoles somos iguales ante la ley, pero eso que acabo de referir demuestra que es mentira. ¿Dónde está el fallo? ¿Por qué se viola continuamente la Constitución sin que nadie le ponga remedio? Dice también que todos somos iguales ante la ley, pero si robas una gallina te meten en la cárcel, mientras que Griñán y Chaves siguen en la calle a pesar de los EREs y de todas las otras graves acusaciones que se han hecho contra ellos. La prensa los silencia, los partidos no los condenan, quizá porque «son de los suyos», y por lo tanto es mentira que la ley sea igual para todos. La diferencia está en el dinero. Dice un dicho popular que si debes algo de dinero tú tienes un problema, pero que si debes mucho dinero, el problema lo tiene tu acreedor. Quizá ese sea el cuento de la gallina y Chaves.

 

[Img #14930]Y digo yo, si la Constitución se viola todos los días, ¿por qué no la quitan? ¿No sería más honrado decir que no tenemos constitución y que los ricos sigan haciendo lo que les salga de las narices y que los pobres se sigan fastidiando? Así por lo menos estarían claras las reglas del juego. Que robe todo el que puede, y que no le pillen. Esta es la sociedad actual, la que le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos. Así se descompuso la sociedad romana hasta que vinieron los bárbaros del norte y la desmembraron. Sólo que esta vez van a venir los bárbaros del sur. De hecho ya están viniendo, con sus talibaneces e intolerancia. Pero, ah, amigo, aquí somos tolerantes, políticamente correctos e imbéciles. Tendemos la mano para que nos la corten.

 

Dice la constitución que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Según eso nos la tendría que dar el gobierno. Pero no nos la da. Al revés, resulta que si fallas dos o tres plazos de la hipoteca, el banco te quita la casa donde vives y la malvende por lo que te quedaba por pagar, o quizá algo más, pero no te devuelve ni un euro. Eso es una estafa legal. Resulta que tú has pagado casi toda tu casa, pero te has quedado en el paro, y de los treinta pagos, pongamos por caso, te quedaban dos. Has perdido los 28 que sí habías pagado. El banco te deja en la puñetera calle después de haberse enriquecido con tu esfuerzo. Me pregunto a cuánto asciende el dinero recaudado por los bancos mediante ese abuso legal. ¿Más o menos de los seis mil millones de euros que dice el Banco de España que no recuperaremos jamás (aunque algunos economistas dicen que es mentira, que fueron doscientos mil millones de euros), ese rescate a la banca perpetrado por los presidentes Zapatero y Rajoy, que les ha convertido en los dos peores gobernantes que España tuvo jamás? Ya que no me da dinero, yo exijo al Gobierno de España que me dé explicaciones. Porque me las debe. Si no le pago a Hacienda cada año, me piden explicaciones, o algo peor. Pues que me dé explicaciones, o algo mejor.

 

YA VALE DE TANTA INDEPENDENCIA CATALANA. Que se vayan, si tanto les molesta España. Pero esa cortina de humo está ocultando muchas cosas. Por ejemplo, las explicaciones que nos debe el Gobierno sobre por qué se nos baja o se nos congela el sueldo y se nos suben los impuestos. Por qué hay tantos recortes, si se malgastan muchos miles de millones de euros en Comunidades Autónomas que no nos hacen ninguna falta.¿Quieren ustedes federación? Pues federémonos todos con Europa. Que el Gobierno no esté en Madrid ni en ninguna otra ciudad de España, sino en Bruselas. Que nuestros representantes estén sólo en Bruselas, y que allí se determine la política de toda Europa sin excepción. Quizá así, cuando todos los europeos seamos iguales en derechos y en políticas, la cosa funcione. Y si no es posible, Adiós a Europa, no a Cataluña. Porque Cataluña es una región de España, como lo es Murcia o Andalucía. Pero que no se nos mienta por omisión: el problema no es Cataluña. El problema es la mala gestión de un gobierno torpe y un parlamento soez, donde en lugar de hacer leyes útiles para el ciudadano lo que hay son peleas de perros a ver quién la tiene más larga. Y eso a los ciudadanos que no llegan a fin de mes les da igual. Y a los que sí llegamos, nos resbala también. Porque esta democracia no la queremos porque no es democracia. Porque no nos representa nadie en ese parlamento ni en ese gobierno que, por definición constitucional, no es un poder independiente del legislativo. De hecho el gobierno también hace leyes. ¿Cabe mayor cara dura? El gobierno tiene que ejecutar las leyes, no hacerlas. Las cortes tienen que hacer las leyes, no designar al Gobierno. Pero, claro, esa parte de la constitución sí que se cumple. La que les interesa a los poderes fácticos, a los que mueven el cotarro, a los dueños del dinero.

 

¿No les parece a ustedes que es indecente que los ricos cada vez sean más ricos, y los pobres más pobres? Pues el sistema está montado para que así sea. Por eso pienso que este sistema político que llaman democracia sin serlo, es perverso. Para que funcionase tendría que haber primero unas elecciones a cortes constituyentes (sí, ES MENTIRA QUE LAS DEL 77 lo fueran). Después de hacer la constitución y aprobarla en referéndum, esas cortes deben disolverse y procederse a unas nuevas elecciones a diputados y a Presidente del Gobierno según el procedimiento libremente aprobado en dicho referéndum (me refiero a referéndum libre de «ruido de sables»). Las cortes resultantes no podrán elegir al gobierno. El pueblo elegiría al Presidente del Gobierno, que no podría ser Diputado, y elegiría a sus ministros entre los españoles no diputados, para mantener la independencia entre los dos poderes. Los diputados y el Presidente del Gobierno serán siempre, por definición y por oficio, responsables ante los ciudadanos, y no ante los partidos. Por eso la nueva constitución debería estipular que habría una única lista abierta donde se podría apuntar todo aquel que lo deseara, de modo que recibieran más o menos votos independientemente del lugar de la lista que ocupara, y de si está en un partido político o no, cosa totalmente irrelevante para el ciudadano y para la acción del elegido. Eso sí es democracia: cuando hay representatividad. Cuando el elegido representa al elector. En ese sistema, podría suceder que un candidato, pongamos yo mismo por ejemplo, recibe nueve millones de votos, y usted que me lee, alcanza el último escaño con cinco mil votos, a la hora de la verdad su voto vale tanto como el mío. Usted, supongamos no es de ningún partido, y yo soy del PSOE. A usted no le ayudó nadie a conseguir su escaño, y a mí me ha ayudado un partido con más de cien años de historia y otras cosas. Por eso me ha votado más gente. Pero a la hora de la verdad, mire usted, resulta que en una democracia de verdad yo represento a todos los españoles, y usted también. Por eso lo decente es que su voto de usted valga exactamente lo mismo que mi voto de mí. Así, si yo quiero meter por las narices al pueblo español la ideología de Pablo Iglesias (no este de ahora, que no sé si tiene, sino el fundador del PSOE), me voy a ver con un palmo de narices. Porque los demás votarán según su conciencia, no según las directrices del partido al que pertenezca. Y, desde luego, se esperará de mí que por muchos favores que deba al PSOE, yo vote también en conciencia. De modo que si el jefe de mi partido, sea quien sea, fuese aragonés de esos que no quieren dar agua a Murcia, Alicante y Almería, si yo pienso que eso es injusto, votaré a favor del Transvase del Ebro. Y usted, aunque, pongamos, sea de La Coruña, puesto que —al igual que yo— no representa a los gallegos, sino a todos los españoles, quizá piense que lo justo es que el agua sea de todos y no del sitio por donde pasa, y por lo tanto vote como yo, porque todos los diputados votaríamos a favor de todos los españoles, no de los caciques de los cachos de tierra por donde pasan los ríos. Pero resulta que, a pesar de que la Constitución Española del 78 (sí, esa que hicieron cuatro listos de parte del franquismo y de los partidos clandestinos entonces, pero a los que nadie había elegido para nada) establece que nadie puede decir a un diputado qué debe votar, los votos de todos los deciden los jefes de los partidos que no representan al pueblo, sino a sus respectivas ideologías. Por eso no hay democracia en España: la ley dice que no nos representan.

 

Por todo esto la democracia en España no podrá ser restaurada nunca. Porque para restaurarla tendría que haber existido alguna vez. Si analizamos nuestra historia veremos que nunca la hubo. Y mientras se sacralice tanto a esta constitución, no se va a cambiar, no se va a substituir, y no vamos a tener otra que sea democrática de verdad. Pero, en todo caso, se podría crear la democracia en España. Eso se puede hacer por las bravas, mediante una revolución con muertos, hambre y miseria, o por la buenas, exigiendo representatividad en el gobierno. Pero dudo que los jerarcas actuales cometan el acto de harakiri político del que tanto se presume que hicieron las cortes franquistas: se transformaron en lo que hay, admitiendo como compañeros de juego a la clandestinidad, para repartirse el pastel. Otra mentira más de las muchas que los españoles de hoy toman por dogma inatacable. Por eso es imposible que nunca haya democracia en España. Porque la política es un negocio, y el dinero no da alergia. La representatividad y la democracia, sí. Y mucha.

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