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Víctor Mirete.
Miércoles, 12 de julio de 2017
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La llegada

TÍTULO: La llegada (Arrival)

PAÍS y AÑO: EE.UU / 2016

GÉNERO: Ciencia Ficción

DIRECTOR: Denis Villenueve

GUIÓN: Eric Heisserer (relato: Ted Chiang)

FOTOGRAFÍA: Bradford Young

MÚSICA: Jóhann Jóhannsson

PRODUCTORA: Paramount / FilmNation / Lava Bear Films

DURACIÓN: 116 min.

 

[Img #14948]CRÍTICA: ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Cómo han llegado? Pero por encima de todas ellas radica la pregunta… ¿Qué sucedería si vida extraterrestre llega a nuestro planeta, vendrían en son de paz o en son de guerra? Esta duda es la primera que suelen plantear los filmes de “invasiones” extraterrestres, pero es obviamente la que desencadena el devenir de todos los acontecimientos. En “La llegada”, es así, pero lo es de una forma bella, poética, sesuda y con un final entre esperanzador como inquietante. Pero trataré de no decir nada al respecto salvo que este metraje nos orienta hacia una cuarta dimensión inexplorada e incomprensible para el ser humano: El tiempo. Un concepto extremadamente complicado en la física si nos escapamos de su linealidad tal cual la conocemos. El futuro, el pasado, el presente. Un palíndromo temporal en el que surge otra pregunta tan metafísica como inquietante: ¿Cambiarías las decisiones de tu vida si supieses que ocurrirá en el futuro?

 

Bien, estamos ante una de esas películas que deben y merecen verse varias veces para poder llegar a entenderla con claridad y en su máximo detalle (sobre todo si no eres o científico o no tienes demasiados conocimientos en esa materia, o si no tienes un coeficiente intelectual muy alto, como es mi caso). Denis Villenueve, director de otros filmes como Sicario, Prisioneros o la inmiente Blade Runner 2049, nos envía un atrevido, estético, inteligente y emocional Sci-fi humanista. Al verla, me daba cuenta de lo difícil que es hacer un cine aguerrido sin necesidad de guerra, o un cine de acción sin necesidad de violencia, o un cine de tensión sin necesidad de sorpresas. “La llegada” es una cinta elegante que utiliza los silencios, la gestualidad así como un discurso muy medido y nada farragoso para adentrarnos en una atmósfera pedagógica.

 

Me fascina la dualidad que han creado entre el lenguaje y la matemática para demostrar que ambos son pilares ineludibles de la humanidad. Me encanta como focaliza gran parte de la trama en el estudio de la lingüística como primer vehículo comunicativo, como pegamento para el entendimiento entre especies y culturas; pero también como esta se pone al servicio de la ciencia para construir hipótesis y parámetros universales. Pero, sobre todo, me parece maravillosa esa dicotomía final que surge ante una situación de incertidumbre, y que te explica casi todo lo que has intentado digerir hasta ese momento (como veis he tratado de no spoilear nada, y por eso a lo mejor parezco muy metafórico), además de lanzarnos un mensaje sobre la condición humana y el devenir de la misma. ¿Nos autodestruiremos o nos autodestruirán?

 

Por todo ello, esta película me conduce a aseverar que hay conceptos, preguntas y respuestas que sólo están al alcance de unos pocos. Tal vez el guionista, Eric Heisserer; o el creador del relato en el que está basada la cinta, Ted Chiang. Lo que también nos confiere “La Llegada”, como así lo hacen otras películas como Interstellar, K-pax, Origen, Mars Attacks, Encuentros en la tercera fase o tantas otras, es la voluntad para querer saber más sobre una materia, para apreciar el conocimiento como algo primigenio para evolucionar. Pero amen de eso, es una película que nos obliga a pensar y estrujarnos el cerebro durante más de 100 minutos para tratar de comprender todo lo que nuestros sentidos perciben y no perciben.

 

Para ello, Denis Villenueve ha prescindido de grandes efectos visuales, de testosterona o adrenalina a todo pistón y de espectacularidad técnica. Se ha limitado a crear un bello paisaje fotográfico con una carga emocional, reflexiva e intrusiva que comulga a la perfección con esa interpretación pausada y sincera del reparto actoral.

 

En ese aspecto cabe mencionar el genial papel de Amy Adams (una de mis actrices fetiche) en la piel de la protagonista. Sinceramente creo que es una de las actrices que mejor manejan los silencios, las miradas y la complicidad para poder crear escenas cotidianas, decorarlas con delicadeza y reflexividad. Bien acompañado su personaje, aunque sin alardes, con los interpretados por Jeremy Renner y Forest Whitaker.

 

Como único pero a esta película, decir, que en ocasiones el ritmo narrativo es algo lento. Hay que estar bien descansado y receptivo para mantenerse firme ante una película tan detallista, compleja y profunda si tenemos en cuenta esas bajadas de tensión.

 

NOTA: Sin acabar de entenderla en su total magnitud y con la esperanza de hacerlo en las siguientes veces que la vea (que lo haré), le voy a endosar un brutal 8,5 sobre 10.

 

 

www.vicmanproductions.blogspot.com

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