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Redacción
Lunes, 24 de julio de 2017
Elbia Álvarez

Abre fácil

[Img #14999]Es la frase que aparece en cientos de productos del supermercado y que me hace sentir estúpida. Porque me resulta muy difícil abrir las envolturas de dichos productos.

 

Me detengo a leer las instrucciones de apertura y, aún así, termino al final rompiendo todo el paquete hasta lograr sacar el alimento que he comprado. Y destrozar el paquete lleva mucho tiempo.

 

A lo largo de los años he entrenado mi mente para resolver los problemas de la manera más difícil posible. Porque así me lo han enseñado. Así lo he aprendido. Por tanto, cuando figura “abrefácil” en un producto envasado y no lo logro ni con facilidad ni con dificultad, me siento frustrada e inútil.

 

Esta forma de aludir a una acción, apela a una solución “intuitiva”. Se usa mucho esta palabra actualmente. El ordenador, el móvil, algunos juguetes, electrodomésticos, tienen un manejo muy intuitivo. Se refiere a una acción fácil, sencilla y que, dejando a un lado la mente, es intuitiva. Un niño de 10 años lo hace con una rapidez inverosímil –en un móvil por ejemplo-, porque su mente está todavía limpia de cualquier filtro social que le obligue a razonar de una manera larga y compleja. Es intuitivo y maneja esta habilidad sin ningún condicionamiento.

 

Vivo en una sociedad en la que ha separado la mente, la intuición y las emociones que habitan dentro de un mismo individuo. Como si cada una de ellas constituyera personalidades diferentes. Esta desintegración causa un dolor imprevisto, ignorado y grave en un ser humano que sólo puede existir con estos componentes esenciales del mismo, y por tanto, deberían de estar integrados para reconocer lo que verdaderamente somos.

 

Se imaginan ustedes una persona sin intuición. O sin emociones ¿O sin mente?

 

Esta sinrazón produce lo que en las últimas décadas observo, pasmada e impotente: una sociedad liderada por la codicia, el egoísmo y el ¡sálvese uno mismo!

 

¿Salvarse de qué?

 

Mi mente, por el camino más difícil, no puede llegar a comprender que todos los políticos y banqueros en general, y los españoles en particular, estén robando tanto, durante tanto tiempo y a la vez.

 

Mi intuición me lo pone más fácil: “roba que algo queda”. Pero aún así, es tan asombroso que lo hagan tantos, al mismo tiempo y que se apropien con tanta desmesura de lo que no es suyo, que mi intuición se queda también anonadada y descompuesta. Porque me dice: ¿para qué más de lo que se necesita para vivir bien? Y no encuentra respuesta.

 

Voy a ver si logro abrir el bote por el “abrefácil”. Si lo logro me sentiré mejor.

 

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