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Víctor B. @Accion_Mutante
Lunes, 24 de julio de 2017
Víctor B.

La pataleta: algo más que un berrinche

[Img #15001]Es cierto que ejercemos cierta protección sobre aquellas personas que consideramos más débiles que nosotros. En ocasiones y paradójicamente lo hacemos porque las tenemos menosvaloradas o como solemos decir “minusvalidas” y, por tanto, dependientes de una influencia externa, la nuestra, que las proteja de los peligros del mundo. La infantilización pasa de ser una interacción a una herramienta a través de la cual sometemos y controlamos a terceras personas, atreviéndonos a alegar una desprotección y dependencia, en mayor o menor medida, hacia los cuidados y la seguridad. Lo que vendría siendo en términos musicales el “sin ti no soy nada” de Amaral.

 

Cuesta salir de este bucle que nos va tejiendo, poco a poco, el conocimiento que tenemos a cerca de las personas con diversidad funcional. Si preguntamos, si leemos la prensa, si vemos la televisión, el cine, etc. todo a nuestro alrededor nos informa que estos angelitos son lindos y que se merecen todo lo mejor. Yo por mi parte, no he venido a ocupar este espacio para desmontar la teoría, pero tampoco lo he hecho para alimentar esta hipocresía. He venido para colaborar con la rabia de un colectivo que viene ejerciendo su derecho a la pataleta desde hace mucho tiempo y que aún así, no terminan de darle un giro al estereotipo que les aplasta como una losa social que les necesita calladitos y conformes con el cuentagotas de avances sociales que les van administrando desde la botica de los servicios sociales.

 

En este caso, deconstruiremos la cita célebre para reivindicar que “el camino se hace al andar, pero también al rodar, al saltar y al arrastrase si es preciso” y para ello hay personas que requieren que otros se lo permitamos y les apoyemos en esta difícil batalla que enfrenta a las elites, al rendimiento, a lo particular frente a lo colectivo, el apoyo mutuo, la diversidad, lo plural, lo solidario y lo justo, porque al fin y al cabo es de justicia que yo, tú y él tengamos las mismas oportunidades y, para ello, los medios necesarios para desarrollarlas y disfrutarlas y en todo esto me encuentro yo. Una persona de a pié que lo único que he pretendido durante quince años es ofrecer esa solidaridad y ese apoyo a unas reivindicaciones que considero justas y necesarias para hacer de este mundo un lugar un poco más habitable para todas las personas, independientemente de sus realidades.

 

En ello pondré todo mi empeño para que esta columna de opinión ponga a las personas con diversidad funcional (o la mal llamada discapacidad) en una posición más justa, porque tanto trabajo y tanto esfuerzo no se merece tanto silencio.

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