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Antonio Marchal-Sabater
Miércoles, 26 de julio de 2017

Mala gente

[Img #15010]Dice el señor Puigdemont que si el Tribunal Constitucional lo inhabilita no lo aceptará. Se lo ha dicho al mundo entero (las declaraciones son del diario francés Le Fígaro), y se ha quedado tan tranquilo. ¿Se imaginan que el violador del Chándal, Francisco Correas o Iñaqui Urdangarin, dijeran lo mismo? ¿Se imaginan que todos los delincuentes de este país decidieran qué es delito y quién lo comente o quién debe cumplir las penas y quién no?

 

¿Nadie se pregunta qué clase de Estado es el que tiene este hombre en mente para Cataluña? ¿Debe España consentir que un ciudadano diga públicamente al mundo entero que no obedecerá la Constitución ni las leyes ni a los tribunales, que España no tiene el poder necesario para condenarlo a él porque se siente el paradigma de la democracia? ¿No les recuerda esto a comportamientos fascistas?

 

Tengo que reconocer tristemente, muy tristemente, que, analizando la actitud de algunos sectores de la política española, su desprecio por las instituciones y por el resto de compatriotas, la forma descarada y ruin de herir los sentimientos de los demás, he llegado a comprender porque en España hemos sufrido tantas dictaduras. Cobra para mí un sentido nuevo aquellos versos de mi admirado Machado que decían:

 

“Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza.

 

Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

 

No me cabe duda alguna de que la España que en pieza a vivir es la España Europea, la España que vota libremente lo que quiere, que acepta democrática y deportivamente el resultado de la voluntad popular, la voluntad de los españoles, vivan en la parte de España que vivan.

 

La otra España, la que ha de helarnos el corazón, es aquella de quién se hace la ley a su imagen y semejanza y decide pública y unilateralmente qué leyes ha de cumplir y si hay que dictar ad hoc, se dicta y aquí paz y en el cielo gloria.

 

La España de líderes que hablan de federalismo asimétrico (para ellos, todos los españoles no somos iguales, no creen en el principio de igualdad, nos clasifican en ciudadanos de primera, de segunda e incluso de tercera, en función de donde hemos nacido, como los emperadores romanos y luego van vendiendo carnets de demócratas).

 

De los que usan la palabra “nación” sin saber qué significa y la anteponen a la palabra Estado o la vinculan sin más criterio que la demagogia, de aquellos que saben que con frases rimbombantes: nación de naciones, Estado plurinacional, federalismo asimétrico, se garantizan una clientela tan muerta como lo estaba en el 1912 (Españolito no se escribió en 1936 ante el auge franquista, como siempre han intentado hacernos creer los demagogos) en mitad de un proceso constituyente, la restauración.

 

Un proceso que intentaba crear una monarquía constitucional que mejorara nuestra posición frente a una Europa en construcción, una Europa que aún no había superado las guerras napoleónicas, que mantenía imperios. Una Europa en la que Alemania aún se estaba unificando en forma de Reich (el estado federal que uniera algunos de aquellos trozos en que el viejo Imperio Románico Germánico se deshizo, aún tardaría casi 40 años y llegaría bajo la tutela de Estados Unidos)

 

Pero como ya ha quedado patentizado había otra España, la que heló nuestros corazones. La España anarquista que no podía consentir que, mediante la ley, el orden, la Constitución, España tomara la delantera al resto de vecinos una vez más.

 

Una España que se adelantó a la revolución bolchevique tan cacareada por toda la vieja Europa por Lenin, su artífice. Una España que como también dijera Machado estaba plagada de gente desconfiada, podrida de rencor social, mala gente.

 

Así nos lo dejó escrito el poeta:

 

“En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, y pedantones al paño que miran, callan, y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.

 

Mala gente que camina y va apestando la tierra…”

 

Para no hacer más largo este soliloquio, véase: Semana trágica de Barcelona, asesinato de Canalejas para frenar la democracia, la biografía de Francisco Ferrer Guardia —artífice de la mayoría de las revueltas anarquistas de la época0151—, o Lluís Companys, que por cierto fue ministro en el Estado opresor español antes que President de la Generalitat.

 

Desgraciadamente la mala gente ha conseguido que todo esto no salga en los libros de texto, alienando así a las nuevas generaciones. Motivo por el que lo estamos volviendo a vivir exactamente igual que ocurrió antaño.

 

No les quepa duda de que volverán las detenciones. Y si no los fusilamientos, sí las penas y con ellas las críticas al Estado de Derecho al que calificaran de opresor y fascista, en definitiva:

 

mala gente que camina y va apestando la tierra.

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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 26 de julio de 2017 a las 14:45
Javi
Lastima, que una !minoria! como los que estan al mando no respeten la Constitucion.

Hace dos semanas estuve por el norte de nuestro Pais (por la parte de Gerona) y pude conocer a mucha gente (de todas las edades), que no quieren ni pensar en separarse de esta nacion tan bonita!

Tambien he visto a unos poco que piensan como los que mandan de momento....

Para mi personalmente seria una gran tragedia si los cuidadanos de la "Region" de Catalunya decidieran separarse de Espanya.

Espero que no llegue tan lejos y la ley le ponga remedio al asunto.

No entiendo esas cabezas y los politicos en Madrid deberian dar un punyetazo en la mesa y cag....se en la leche que le dieron a alguno de por alli arriba!!!

Yo vivo en alemania y tambien hay Regiones que les gustaria independicarse, pero la Ley apaga, sin tardar, esas hogeras antes de que se hagan fuegos forestales.Y con eso no quiero decir que por Alemania no haigan problemas!

Saludos de un murciano en Alemania.

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