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Juan Eladio Palmis.
Viernes, 1 de septiembre de 2017

Oportunismo cartagenero

[Img #15109]El oportunismo cartagenero es genuino de la localidad. Puede tener cierto parecido con todo el oportunismo de la Cortijá murciana en sus variopintas zonas de cacicazgos, pero en Cartagena, el cartagenero, se acentúa con aires de comunismo coreano o soviético en sus momentos de propaganda más férreos.

 

La realidad imperante y dominante es que, en Cartagena, cualquiera que se atenga a lo que dice el manual del perfecto soplapollas obediente, venga del portal que venga, sea lo que sea en el campo del intelecto, puede alcanzar y lograr el poder pelele, que es el poder que más tiempo suele durar porque, carne con ojos, sonrisa, baboseo y lengua en astillero suele dar para mucho.

 

Van los empresarios cartageneros, de clara procedencia de cargo de seguidores de manual, y entienden que la solución turística de una zona que ha sido asolada y vergonzosamente destruida tan solo por la incultura de los gobernantes, y en vez de posicionarse en defender el medio ambiente que sería la razón en la repetida y loca nueva apuesta de Cartagena por el turismo, y como saben que joder es más fácil que crear y gestionar riqueza, se empeñan en joder el faro de Cabo de Palos, sabiendo que como no hay pueblo ni ayuntamiento para defenderlo, harán lo que les de la gana.

 

Llevamos un dos años por cero municipal, que pronto serán un cuatro años por cero en lo que se refiere a Cartagena y cualquier atisbo de lucha para mitigar el paro: el proceso involutivo que tiene la ciudad, que toda ella se quiere meter en la explanada del muelle y pare usted de contar; eso sí manteniendo potenciados los grandes valores ciudadanos tradicionales (fiestas y prosesiones) potenciadas ahora con mesas para beber cañas de cerveza; pero por fuera de esto, más pan, pijo y habas que nunca.

 

Lo que son las cosas; los catalanes, con la ayuda poderosa de las televisiones que son todas suyas, hablando del separatismo aburrido y cansino, están encubriendo perfectamente en alianza con el gobierno central, que el clan de los Pujol y los demás ladrones, con claros socios fuera de allí, no devuelvan una perrica, mientras que los cortijeros, en la cortijá murciana como ¡no se ha robao naica! no ha nada que tapar.

 

Siempre me suele asaltar la duda si el Opus no es mucho más poderoso, decisivo y fuerte en Cartagena que en Navarra. Y confieso que hay veces que me inclino por pensar que el navarro es un opus más espiritual que el imperante en una Cartagena hambrienta de euros donde todo su poder de secta lo utilizan para gestionar negocios de tipología de la no inversión y la sola recaudación de beneficios, previamente bendecidos con hisopos de plata de América de agua bendita, en ceremonia más exquisita, con más medios, que las que se realizaban en el Medievo y en el franquismo profundo.

 

El Mar Menor Muerto no tiene más solución que plantarle algas a tope de las adecuadas, de las que mantenía desde los tiempos en los que niñatos y niñatas que nos mandan ahora en la cortijá, pensaban que su futuro laboral sería, como mucho y un sueño, poder “trabajar en el consejo o en la Basan”, y el cuadro de oportunidades cartageneras si te ajustas y ciñes al manual del perfecto pelele, puedes llegar “muncho parriba”.

 

 Fruto precisamente de esa incultura social, que nada tiene que ver con saberte la lista de los reyes godos, el que una asociación del tipo de los que llevan el adjetivo de empresarios cartageneros, no sientan rubor ni vergüenza, al contrario, reclamando que una reliquia como es el faro de Cabo palos, en demostración de que tienen muchos cojones sociales, los cuales, como era de esperar para evitar el asesinato del Mar Menor Muerto, nunca han dado ni darán la cara, quieran ultrajarla, está diciendo con claridad cual es su juego y a qué, descarnadamente, juegan.

 

Ganaran con toda seguridad, como han ganado en el Mar Menor Muerto. Menos mal que queda más España donde empresarios, pueblo y ayuntamiento vigilen para conservar y preservar lo recibido.

 

Salud y Felicidad.

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