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Juan Eladio Palmis.
Miércoles, 6 de septiembre de 2017

Las playas de Cartagena

[Img #15132]Podía tener playas urbanas, como, por ejemplo, adaptando la zona de la “Cola de la Ballena” como si fuera una piscina marítima gigante. Pero, en Cartagena toda la cienciología se encamina hacia un diseño que sea revolucionario en los achotes de la santísima semana santa y su rentabilidad, que juntada a la de los cruceros, el verano y las fiestas de cartagineses y romanos, nos está colocando a la cabeza de España en el paro; pero no así en el aprovechamiento de abuelos y padres y consumo de cerveza.

 

Menos mal que ha sido un alivio saber la intención que nuestros enemigos viscerales, los murcianos, esos que se levantan cada día pensando como joder a los sabios y listillos cartageneros, tienen un proyecto que harán realidad pronto de que el río Segura (con agua comprada a dueños de pozos a precio de oro, no desalinizada) a su paso por la capital (iba escribir la Meca murciana, pero la cosa de la venta de floreros está en auge) sean aguas en las que se pueda una persona bañar, sin necesidad de recibir una descarga de microbios de mil pares de cojones del Mar Menor Muerto.

 

Por lo tanto, el baño, aunque sea de agua de pozo, eso sí, comprada a precio de oro (con la picaresca de que alguna agua es chupada de los pantanos públicos y vendida a la cuenca), lo tenemos asegurado los cartageneros cogiendo el coche y yéndonos para Murcia capital a bañarnos en río Segura que fue, ya que los mandamases cartageneros tienen muchas preocupaciones en la cabeza porque ahora tienen que centrarse en lo de cartagineses y romanos, en lo del corredor mediterráneo, en hacer un nuevo puerto en el Gorguel, pintar de colores y adaptar el faro de Cabo de Palos a que sea un restaurante especialista en michirones y carajillos, y no bajar la guardia para las próxima semana santísima.

 

Hay que ser muy hábil y tener muchos paniaguados al servicio destructivo de un presupuesto municipal que supera en los cuatro años de legislatura un gasto mínimo de más de cien mil millones de las antiguas pesetas, para que solo sirva en pagar jornales para que todo siga igual, con una tendencia clara y decidida de ir a peor.

 

Al final político de Barreiros, en aquellas locuras de construir para sisar, algo, aunque fuese malo, pillaba el eje de la ciudad; pero ahora el dinero se gasta igual, se pierde igual, y esta misma mañana sin ir más lejos, a las once de la mañana un tío con el soplador, levantando una polvareda de tres pares de cojones, y otro con una aspiradora con ruedas, en el paseo de Alfonso XII (O será XIII, me importa un cascarón) molestando a los transeúntes, estaban recogiendo hojas secas de los árboles en las horas de la mañana de más concurrencia. Todo, como se ve, ahorrando para la concesionaria de las basuras.

 

La misma basura que vimos en el espigón de la Curra cuando empezó verano, la hemos visto aumentada a límites de vergüenza cuando el verano ha finalizado. Pero insisto, lo que más vergüenza da es sentir que en Cartagena no hay presente, no hay futuro, y solo te salen panzazos del más rancio estilo pueblerino de que otros tienen la culpa de la falta total de ideas, de la falta total de acción para aplicar los dineros de un presupuesto municipal que nadie sabe donde coño va, una vez que se pagan los jornales.

 

En algo positivo para los cartageneros, claramente, no.

 

Salud y Felicidad.

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