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José María Hernández.
Miércoles, 6 de septiembre de 2017
Un mundo fracasado y en banca rota que continúa aumentado día a día su propia deuda

Algún Dios bueno ha de quedar por ahí

[Img #15134]Aunque se esconden mucho más de lo que debieran porque parecen como saber el destino de los que como ellos fueron con anterioridad, y, quizá, por eso, queden tan pocos. Se mantienen agazapados, desconozco si en el interior de esta maltratada tierra o más allá de nuestro contaminado cielo. Sin embargo, de forma muy esporádica, aparecen signos y señales de que aún están cerca de nosotros: De los que aún creemos en la bondad y en la generosidad; en la honradez; en el respeto a nuestros semejantes y a cuanto la Naturaleza nos regala; en la libertad; en la belleza de cuanto nos rodea y en lo extraordinario de nuestra existencia en este pequeño y aún, a pesar nuestro, maravilloso planeta.

 

Sin embargo, rara es la noticia que hable de cosas buenas, rara. Nos bombardean cada minuto con noticias espeluznantes, con noticias que te hacen poner los pelos de punta y derramar las lágrimas más ocultas y duras. Asesinatos; actos terroristas; robos; maquinaciones maquiavélicas para la apropiación indebida; guerras santas y no tan santas y amenazas de más y más guerras.

 

Un mundo que necesita de otros tres para mantener la rapiña, la codicia y la usura de una élite comercial; empresarial; financiera; religiosa; política y militar que solo sirven al lado más oscuro de la dualidad en la que vivimos, y donde la única luz que brilla es la de las bombas o el de las burbujas económico-financieras que hacen estallar cuando más les conviene. Un mundo fracasado y en banca rota que continúa aumentado día a día su propia deuda: En junio de este año alcanzó el 327%. O lo que es lo mismo, si el mundo produce 1 X, ya debe más de 327 X. No responde ni tan siquiera a un mínimo de eficacia, ni de sostenibilidad, cuando todos sabemos, ellos también, que los recursos son extraordinariamente escasos. Qué les importa, si al caso, quien paga y padece esa deuda somos todos los pobres de este mundo, porque, esa, la pobreza, es la única que está penalizada desde siempre, desde todos los inicios. Los ricos nunca pagan, por eso continúan siendo ricos y, eso que llaman justicia, no tiene instrumentos contra ellos, que por algo son ellos mismos quienes hacen y aplican esas leyes con la inestimable ayuda de sus comprados y chantajeados adláteres.

 

Esas oscuras y maquiavélicas élites han creado el mundo que tenemos hoy. Un mundo dejado de la mano de esos dioses buenos que suponemos estarán por ahí, aunque demasiado ociosos de cumplir con su obligación. Es como si el miedo también les hubiera alcanzado a ellos. ¡Menudos dioses entonces, si así fuera! ¡Qué terrible paradoja si el miedo, la mayor de las armas del mal, también alcanzara a esos dioses buenos!

 

Hay suficientes alimentos para todos, pero miles de millones pasan hambre. Hay suficiente dinero para todos, pero miles de millones no tienen el suficiente para subsistir. Hay suficiente agua para todos, pero miles de millones mueren de sed. En este mundo hay suficiente para todos, pero solo unos pocos son los llamados a la casa de ese señor tan nefasto para esta naturaleza.

 

En nombre de no sabemos qué progreso hemos acabado con miles de especies animales y vegetales; con vastas extensiones de ricas tierras; con enormes ecosistemas fundamentales para la vida y no cesamos, sabiendo, como sabemos, que el límite ya ha sido sobrepasado con creces.

 

Así las cosas, a esos dioses buenos solo les quedaría la posibilidad de salvar a unos cuantos de esta raza depredadora. Unos la llaman “Arrebatamiento”, otros, “Arca”, demás, “Refugios”. Una nueva vuelta a empezar tras el reseteo, como ya lo fue en el pretérito, que la Historia siempre tiende a repetirse. Esto es lo que nos espera y que ya ha dado comienzo…

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