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Juan Eladio Palmis.
Martes, 19 de septiembre de 2017
PALABRA DE PALMIS

El Obispo y Cartagena

[Img #15191]Resulta que cuando el hombre jornalero, el hombre bueno, el que se gana el pan con el sudor con su frente, quiso alzarse de su posición de hombres de rodillas, de esclavo, al que lo tenía sometido el clero trinitario vaticano, y allá por el segundo decenio pasado del siglo anterior al pasado quiso alzarse y caminar como hombre libre alzado, con las menos cadenas posibles, el estamento que más fuerza, muerte y sufrimiento causó, fue precisamente el estamento, obispo por obispo, cura párroco por cura párroco, para que el hombre bueno viviera entre la miseria y el dolor y les besara las manos en obediencia a ellos.

Ahora, una parte del sentir cartagenero, alegando al claro estilo sionista cosas que pasaron en tiempos remotos, cuando tener un obispo cerca siempre significaba tener los productos que se iban a pudrir en sus alacenas y silos como migajas a recibirlas babeándolos, quieren tener a la secta más dañina que ha existido y existe a la hora de apropiarse de lo que nos es suyo, que no dudó que los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, vinieran contando con todo su apoyo eclesial y de grupo sectario, a cortar cuellos a gogó a todos los que tomaron parte en el llamado Trienio Liberal, un amago del hombre sintiéndose hombre.

Tampoco le tembló la mano y le escatimó esfuerzo alguno en la rebelión pasada de ponerse del lado de los sublevados y de estar por años señalando gente para llevarla al paredón de fusilamiento; simplemente porque hay una condición que va con ellos juntamente, y cuanto más doctrina vaticana haya, más pobreza y humillación e incultura domina entre las gentes y así ellos pueden campear más fácilmente.

No se puede ser, por tanto, amigo de una secta que le importa un pijo tres cuartos las necesidades y la pobreza de la gente; que falta todavía que en un cataclismo, en una catástrofe, al margen de bendiciones y chorreos de agua bendita, aporten una sola tienda de campaña o una manta para tapar a una persona con frío, siendo como son el estado con más solvencia económica del mundo, al tiempo que la lavadora gigante que más y mejor lava el dinero asesino del mundo, el que no ayuda a la humanidad para nada.

Por decir verdades como estás que son de Perogrullo, muchos que me precedieron fueron quemados o conducidos al paredón de fusilamiento, porque a todo aquel que no les ríe sus macabras risas y actos, no dudan en enviarlo a ese lugar del más allá que están utilizando de continuo como monigote de miedo, dándoselas de entendidos en la materia.

Cartagena, en mi particular opinión, el mundo entero, en la misma particular opinión, cuanto más lejos viva de una secta como la vaticana que tiene acreditada con sobresaliente y mucha mala leche y sadismo su capacidad destructiva y destructora de sociedades y de comunidades para su único sobresalir y vivir subvencionados, creo que le dará menos futuro y estabilidad social a Cartagena  con un obispo y su clan viviendo en la ciudad.

Pero si el tener el obispo por aquí junto al mar, expuesto a que los moros asalten sus cuarteles, si es ese el deseo mayoritario de los cartageneros, que luchen por ello, que salgan a la calle, que convoque manifestaciones, que adviertan a sus políticos con sus votos, y palpen y pulsen cuántos cartageneros sueñan con tener el obispo a su vera y vecindad, y a cuántos entra entre sus preferencias tener una catedral por todo lo alto a tener un hospital en condiciones, que ni eso tenemos, porque vivimos de prestado y alquilados en lo sanitario.

No se si me he explicado con claridad suficiente; pero si en algo tengo que agradecer a los de Murcia ciudad, es porque “disfrutan” de la presencia del obispo y, a pesar, están demostrando tener más compañones que los cartageneros, que somos la ciudad de Europa, y probablemente del mundo con el número de habitantes que proporcionalmente tiene las peores comunicaciones ferroviarias e incómodas del mundo.

Salud y Felicidad.

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