Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Víctor Blazquez
Viernes, 22 de septiembre de 2017
víctor blazquez

Cuidado, la diversidad anda suelta

Por Víctor Blázquez

@Acción_Mutante

 

[Img #15200]“Ya era hora de que se hagan valer los derechos del niño para 35 y no para 1 sólo”, “…buena noticia para todos los que peleamos porque nuestros hijos tengan una primaria como se merecen”, “Qué bueno para los chicos, que puedan trabajar y estar tranquilos”, “Gracias a Dios”, “Un alivio, para los nuestros”. Estas citas, extraídas de la captura de pantalla del grupo de whatssap de familiares de los alumnos y compañeros de Lautaro, un niño de 4 años diagnosticado con un Trastorno de Espectro Autista (TEA), representa descaradamente la satisfacción, alegría y descanso que suponía para ellas haber ganado la batalla, logrando que el joven fuera alejado de sus hijos e hijas y alegando que de esta forma la calma y la tranquilidad imperaría en las aulas y que la calidad de la educación mejoraría.

 

Tal día como hoy, creo que no existe mejor ejemplo para describir lo que somos, en qué nos hemos convertido y la ciénaga que nos estamos labrando con cada uno de nuestros hechos. Es de reconocer que el mayor logro que han conseguido estas familias no es otro que grabar en la historia un nuevo capítulo de nuestra involución como especie racional, afectiva y social y para mayor inri, por la gracia de Dios, como afirma una de las familiares.

 

No es necesario que hagamos ninguna exposición de motivos de todos los porqués que desmienten tales afirmaciones pero si deberíamos considerar aquellos que legitiman este tipo de actuaciones y que nos envalentonan para mostrarnos de este modo. Crueles, malvadas y egoístas por y para esos que llamamos “los nuestros”. Tenemos experiencias muy próximas donde estos discursos se han avivado y han cogido una fuerza destructora como si de un desastre se tratase. La derogación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, encontró un clamor social que iba exponiendo esputos a modo de denuncia incendiaria, argumentos infundados que aludían al adoctrinamiento y relegaban la educación cívica y social para la convivencia al ámbito domestico y familiar. Lautaro no vive en España, pero no nos olvidemos de nuestra particular receta. Tenemos todos los ingredientes para que nos salga un caldo con mucho más fondo.

 

Somos ejemplo. La fábrica no para de perpetuar odio y discriminación en los nuevos ciudadanos, dirigentes del futuro. Mientras tanto, ahí está Cintia, otra nueva madre coraje. Luchadora. Y por supuesto Lautaro, ese niño que no habla, que grita, que no logra concebir el sueño ni descansa. Pero que, al igual que el toqui Lautaro, primer luchador y guerrillero del pueblo mapuche en el sur de Chile, está cargado de un gran valor que le permitirá avanzar en todo lo posible, a pesar de tener un futuro cargado de obstáculos. De palos antepuestos en su camino que intentarán impedirle avanzar. No sabemos cuándo, qué testigos elegirá, pero lo cierto y verdad es que, llegado el momento, nos sorprenderá y juntará todos esos palos, los agrupará y los clasificará, redefiniendo así su significado, reinventando su utilidad y entonces, sólo entonces, habrá creado un nuevo sentido, una nueva explicación para aquello que le aturde, una impensable respuesta a todo que a su vez le estimulará y le agradará. El autismo te permite eso, el odio no.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress