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Víctor Arrogante.
Miércoles, 27 de septiembre de 2017
Victor Arrogante

El Capital y las aspiraciones de la clase trabajadora

[Img #15211]Hoy como ayer, la necesidad, la razón, la dignidad y la justicia social exigen que la desigualdad desaparezca. La pregunta es ¿cómo hacerlo? La historia algunos instrumentos nos ofrece, entre otros el «marxismo» a través de su obra cumbre: El Capital que ha cumplido 150 años. Si en la doctrina política y filosófica marxista, derivadas de la obra de Karl Marx, caben múltiples interpretaciones, sobre su praxis más aún. Lenín, Troski, Mao, entre otros, aplicaron la teoría en la sociedad de su época, con diferentes resultados, todo para alcanzar el objetivo último, la emancipación de los desheredados. Si entonces eran aspiraciones, hoy lo siguen siendo.

 

Hay quién dice que el marxismo es una filosofía obsoleta, que procede del siglo XIX. En el mejor de los casos dicen que sus principios y propuestas son pura utopía y que no están vigentes. Soy marxista por la fuerza de la razón, pese a que puedan clasificarme como encastillado en una concepción decimonónica de la historia. Instituciones hay que siguen ancladas en el siglo I de nuestra era, haciendo gala de ello e imponiendo sus mensajes. Salvando las distancias y los avatares históricos, la mayoría de las circunstancias, políticas, sociales y económicas, siguen estando vigentes hoy, como vigente es la necesidad de unidad de la mayoría social para cambiarlo todo.

 

La publicación del primer volumen de la trilogía de El Capital de Karl Marx −El proceso de producción del capital−, ha cumplido 150 años. Es el único que escribió al completo. Los otros dos los elaboró Friedrich Engels −El proceso de circulación y El proceso global de la producción capitalista−, a partir de las notas que había dejado su amigo fallecido. En Rusia, contribuyó a destruir el poder de los zares y espoleó la revolución obrera en todo el mundo. Uno de los aspectos más sorprendentes de El Capital, es su capacidad para volver a la actualidad con cada crisis económica mundial.

 

El marxismo integra diversas tradiciones ideológicas, filosóficas y políticas. No existe una definición única, como planteaban los manuales soviéticos. Cada tradición marxista reinterpreta el legado de Marx y sus categorías de diverso modo. En lo que si se ha estado de acuerdo es que el «Capitalismo», es un sistema social de explotación y dominación de alcance mundial, en permanente expansión, que vive conquistando territorios sociales y geográficos y avanza en las diferentes fases de la historia.

 

El marxismo es una teoría crítica de la sociedad capitalista que promueve una práctica política de emancipación, rebeldía, resistencia, liberación y revolución. Presupone una concepción del mundo y de la vida, de la historia y del sujeto, expresada desde el punto de vista de los oprimidos y los explotados. Como teoría crítica constituye un saber abierto. Es científica, filosófica, ideológica, ética y política al mismo tiempo. El término marxista alude a los escritos, al pensamiento y a las tradiciones políticas no sólo de Marx sino también de sus seguidores y partidarios posteriores, hasta hoy en día.

 

Marx evidencia, que la crisis es un elemento consustancial al propio sistema capitalista y se revitaliza en el carácter cíclico que tienen las crisis económicas. Algo que el historiador Jörn Schütrumpf sintetizó: «Si Marx se vende bien, es que la sociedad va mal». El eterno retorno de esta obra, que responde a la búsqueda de apoyos en tiempos revueltos. Es un bálsamo para los desheredados y al mismo tiempo un manual de instrucciones para la emancipación. Emancipación, como la acción que permite a las personas y los grupos sociales acceder a un estado de autonomía, sin sujeción alguna a autoridad o potestad que envilezca.

 

Han transcurrido casi dos siglos y algunas de las reivindicaciones de entonces se pueden seguir haciendo hoy. Ha cambiado el modelo social. Ha surgido la «clase media» y al proletariado se le denomina productor, trabajador y trabajadora. Pero la clase dominante sigue siendo la misma de entonces: los que tienen todo y todo lo pueden. La esclavitud, tal y como la conocemos por las películas de romanos, ha podido desaparecer, pero esclavos son quienes sin tener nada lo deben todo frente al poder financiero. Esclavitud con distintas connotaciones económicas, políticas y sociales, pero esclavitud al fin y al cabo, y la libertad como principio para ser libres.

 

Durante la crisis económica mundial, que seguimos padeciendo, el marxismo volvió a tomar protagonismo y plena vigencia: debates sobre la muerte del capitalismo y la situación de una clase media, convertida en nuevos proletarios. La crisis, las circunstancias y las personas cambian, pero las ideas permanecen. La economía no debe separarse de la moral pública y la política. No se puede entender la economía en términos de producción y olvidarse de la explotación de los trabajadores y de la concentración de la riqueza o de unos derechos de propiedad que son injustos.

 

Una de las principales ideas que El Capital recoge es que los derechos de propiedad son el resultado de un proceso histórico violento y abusivo. Protege a sus titulares para que no tengan que compartir la plusvalía −la diferencia entre el precio al que se vende el producto y lo que pagan al obrero que lo fabricó−. Mientras eso ocurre, los trabajadores viven en la pobreza, reciben salarios de subsistencia y se enfrentan a un desempleo rampante. Aquí tenemos una de las fuentes principales de la lucha de clases entre proletarios y propietarios. ¿Les suena?

 

Los privilegios de la burguesía y del poder político siguen estando tan vigentes como vigente están la dominación de los mercados financieros sobre la economía real de la ciudadanía. La justicia social, la desigualdad y la solidaridad siguen siendo proclamas y reivindicaciones necesarias y urgentes de conseguir para el mayor bienestar y dignidad de mujeres y hombres. Al buen entendedor le sobran información y elementos de juicio, como para entender que las circunstancias históricas no son las mismas, pero si lo son determinadas situaciones que hacen que sigamos estando sometidos al poder político y económico de la clase que domina.

 

Burguesía es la clase social que agrupó inicialmente a mercaderes y banqueros, más tarde a capitalistas industriales. Nace en Europa occidental en el siglo XI y desde allí comienza a expandirse. Alcanza su predominio económico a partir de la revolución industrial en Inglaterra y su completa dominación política desde la revolución francesa de 1789 en adelante y hasta hoy.

 

El Programa Máximo del PSOE de 1880, reflexionaba y hacía unas propuestas, basadas en principios marxistas, antes de aquel «hay que ser socialistas antes que marxistas». El Programa decía que la sociedad es injusta, puesto que divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas: la clase dominante −la burguesía−, que posee los instrumentos de trabajo; y la clase dominada −el proletariado−, que no posee nada, salvo su fuerza vital. Los socialistas de la época destacaban que esta situación es la primera causa de la esclavitud en todas sus formas: «la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política», porque los privilegios de la burguesía están garantizados por el poder político, del que se vale para dominar a los trabajadores.

 

Las clases sociales, los grandes conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida y una misma condición de existencia se diferencian, se enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por sus intereses, su cultura política, su experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase. Las clases explotadoras viven a costa de las explotadas, las dominan y las oprimen, por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la historia. La conciencia de clase, es parte beligerante en la lucha de clases y cuando se asume se comienza a ganar la contienda.

 

Lucha de clases, no es un enfrentamiento entre individuos aislados, es un conflicto histórico entre grandes conjuntos de personas −las clases sociales−. Es la confrontación que divide a la sociedad en opresores y oprimidos, esclavistas y esclavos, patricios y plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba, terratenientes y campesinos, burgueses y trabajadores; una contradicción que ha impulsado el desarrollo de la historia.

 

¿Estoy trasnochado?, seguramente, pero es exactamente lo que ocurre. La necesidad, la razón, la dignidad y la justicia social exigen que la desigualdad desaparezca. Para ello hay que eliminar la estructura social que lo permite. Pero esto no se puede conseguir sino es «transformando la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera»: más Estado social, nacionalizaciones y menos privatizaciones, para el mayor bienestar general.

 

Haciendo un análisis marxista de la realidad injusta en la que vivimos, vemos que la emancipación de la clase trabajadora −el proletariado, la inmensa mayoría de la población, que solo tenemos la fuerza del trabajo para sobrevivir−, significaría la emancipación de toda la humanidad. Para que reine la justicia social y la libertad sea una realidad, es necesario transformar el modo de propiedad de los medios de producción; así como la estructura socio-económica tal como está concebida.

 

La minoría poderosa que ostenta la riqueza y los medios de producción, es la clase explotadora de la mayoría que nada poseemos. Sigue siendo necesario acabar con este Sistema injusto que impera, por otro justo, igualitario y solidario.

 

En Twitter @caval100

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