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Juan Mariano Pérez Abad.
Lunes, 2 de octubre de 2017
Los cuentos del Pity-Power

El hermafroditismo, la transexualidad, las pensiones y el Independentismo Catalán

[Img #15236]Siempre ha existido una gran polémica sobre si la Identidad Sexual del ser humano nace o se hace. Quizás la mayoría tenga la impresión de que el bebé nace ya con una predisposición genéticamente determinada en un sentido u otro, debido a que, desde bien pequeños, algunas personas expresan rasgos de personalidad propios del sexo biológico contrario. Pero si lo que deseamos no es polemizar, sino encontrar la verdad de este tipo de asuntos, no podemos recurrir al debate y votación (por muy democráticos que resulten) sino que tendremos que recurrir a la Ciencia.

 

La rama de la Antropología que se encarga del estudio del desarrollo de los rasgos de comportamiento y personalidad se llama “Psicología Evolutiva”. La Psicología no es una ciencia exacta, pero sí que nos da una idea muy clara de que el aprendizaje tiene más importancia que la herencia congénita en la determinación del “sexo percibido” por el sujeto adulto. Está demostrado que el “periodo ventada” en el que los niños deben aprender a diferenciar los roles sexuales es muy precoz, de forma que si a los 3 años de edad no tienen ya bien claro que hay dos sexos (hombres y mujeres) y a cuál de los dos pertenecen, difícilmente podrán llegar a tenerlo claro durante el resto de su vida. Esa edad tan temprana explicaría la falsa impresión de que los niños nacen ya “cambiados”.

 

Pero, sin duda, donde queda más claro el peso de los factores educativos en la determinación de la identidad sexual es en el hermafroditismo. Los hermafroditas son bebés que nacen con malformaciones genitales que hacen difícil distinguir su sexo. Su tratamiento corrector corresponde a la cirugía, pero esta no puede ser completada hasta edades avanzadas, próximas a la pubertad. Sin embargo, la primera actuación importante de la Medicina le corresponde al pediatra que asiste al neonato, que es el encargado de asesorar a los padres en la ASIGNACIÓN DEL SEXO del bebé, una asignación que es independiente de su sexo genético y debe hacerse en el Registro Civil en los 8 días siguientes al nacimiento. La importancia de este asunto no es solo legal, sino también médica, porque los trastornos de la identidad sexual que se producían en estas personas daban lugar a tasas muy elevadas de enfermedades psiquiátricas y suicidios. Para evitarlas, el pediatra instruye a los padres insistiéndoles en que, desde la cuna, los eduquen y les den el trato correspondiente al sexo que eligieron.

 

El problema de de trastornos y suicidios en personas con ambigüedad sexual de cualquier origen, siempre ha servido a quienes usan la Demagogia para culpar a la Sociedad Patriarcal por su intolerancia secular sobre la homosexualidad, a pesar de que se han producido siempre, se siguen produciendo ahora y se dan en todas las culturas. Pero la conclusión que extrae la Ciencia del problema de los hermafroditas no va por ahí, sino porque deja demostrado a la luz de la Ciencia que la educación tiene más peso que la genética en la determinación de la identidad sexual del adulto.

 

En la toda la Cultura Occidental, los políticos parecen haberse cansado de la Ciencia para asesorar su Política Social y toman sus decisiones basándose en la más pura Demagogia. España figura entre los países que encabezan este grave error, sumándose a iniciativas legislativas que, revestidas de vanguardismo, contradicen frontalmente la realidad científica más básica y contrastada. En concreto, las nuevas leyes sobre la Transexualidad que se han promulgado en muchas Comunidades Autónomas y ahora se proponen a nivel nacional, imponen una educación sexual obligatoria desde los primeros niveles de Primaria, cuyo contenido va a ser propuesto y controlado por el “Loby LGTB” (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) El efecto inevitable a largo plazo no es difícil de adivinar: esa educación provocará que se altere de forma radical el equilibrio de Identidades Sexuales de la población general, tal y como lo conocemos hasta ahora. Eso no redundará en mayor bienestar, sino en más problemas psiquiátricos, más suicidios y más gasto público en programas de promoción de la ambigüedad sexual. Los únicos que se beneficiarán económicamente serán los “enchufados” de los políticos que administren las partidas presupuestarias millonarias que saldrán de nuestros impuestos, necesarias para financiar estas iniciativas legislativas.

 

Pero no podemos olvidar que el Sexo pertenece al terreno de la Biología y, por tanto, tiene sus propias leyes. Su primera función biológica es la de asegurar la procreación y dar continuidad a la Especie y la Raza, pero las conductas sexuales ambiguas apenas contribuyen a la reproducción colectiva. Dentro de la Especie humana, las diferencias más importantes no son las raciales, sino las culturales. Actualmente, la Cultura Occidental se encuentra en peligro de extinción porque sus tasas de natalidad se han desplomado. Esta situación es similar a la que precedió a la desaparición del Imperio Romano de Occidente, allá por los siglos 3º al 5º D.C. En esta situación, la promulgación de ese tipo de leyes resulta contradictoria y hasta suicida, y solo se entiende como uno más de los fenómenos de corrupción propios de una Sociedad decadente en vías de extinción.

 

A lo largo de la Historia de la Humanidad, han nacido, crecido, envejecido y muerto muchas culturas, así que no debemos extrañarnos por la decrepitud y la próxima desaparición de la nuestra. No hay que preocuparse mucho, porque otras culturas darán continuidad a la vida humana en este Planeta. Pero el problema de la vejez son los achaques que te impiden trabajar para seguir ganándote la vida y evitar que el hambre y la miseria aceleren el final. Para eso inventamos las Pensiones, pero para que los viejos las cobren, alguien las tiene que pagar. Como no ha nacido gente joven suficiente para pagarlas, más pronto que tarde se nos van a terminar.

 

Nada hay más penoso que ver a un viejo morir de hambre y miseria ¡Alguna solución habrá que encontrar! Propongo buscar alternativas para morir de forma digna y noble, sin tener que sufrir una lenta agonía. A mí, lo del suicidio asistido me parece deprimente y cobarde, así que sugiero establecer alguna causa noble que defender en el campo de batalla, para poder morir “con las botas puestas”. Podemos montarnos una guerra de viejos a la que ir a matar y morir como un héroe nacional. Dentro de nuestro contexto de decadencia corrupta y suicida, podríamos aprovechar la ocasión que nos ofrece toda esa farsa independentista montada en Cataluña y empezar una “Guerra de Secesión en Silla de Ruedas”. Habría que acotar un campo de batalla para no molestar a los que aún puedan trabajar y se podrían ir retransmitiendo a diario por la tele las batallas de sillas de combate, para que los combatientes se sientan aclamados por el público y mueran sintiendo haber ganado fama y gloria.

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