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José Cantabella.
Martes, 24 de octubre de 2017
los antiartículos de José Cantabella

Las hormigas. A Carmen, mi hormiga preferida

[Img #15312]Cada vez me interesan más las hormigas, no es una sentencia vehemente de un día torcido o de un levantamiento matutino personal con mal pie; es una realidad, y lo afirmo rotundamente: cada día siento más admiración y afecto por las hormigas, estos maravillosos y curiosos formícidos, insectos fantásticos que siempre despertaron la admiración de todas las razas y épocas de los seres humanos desde la noche de los tiempos. Es muy probable que algún día y no muy lejano me haga mirmecólogo, es decir estudioso de estos apasionantes y admirados insectos eusociales o bien buscar la forma de transformarme en una hormiga.

 

Cuando estoy en mi casa, ahora ya con más tiempo para todo, me dedico a observarlas en el suelo de la terraza, las veo ir de un lado para otro y me emociona verlas a mi alrededor, mostrándose ante mí como animales superiores, insectos gigantescos que nos ganan en todo a los humanos; incluso llego a pensar que me miran de soslayo cuando oigo las noticias en la ya necesaria radio portátil, de este mundo asolado por la mediocridad de los sucesos diarios en un Planeta ya casi descompuesto por la barbarie del ser humano. Y ellas, las hormigas, tan fieles a sí mismas, ahí siguen en mi terraza, rodeando las macetas, haciendo una fila de trabajo, de consulta, de entendimiento, tan disciplinadas siempre, tan afables con sus metódicas labores, con su complicidad y armonía entre ellas. Ahí en ese momento es cuando me viene el verdadero mal humor y mi rechazo por los seres humanos que nos pasamos la vida creando conflictos, seres humanos que se odian, que se envidian, que se repelen. Entonces vuelvo a mi tarea de mirar a las hormigas. Estaría todo el día relajadamente escrutándolas, adorándolas, ayudándolas a construir su mundo para ser un poco mejor, ya que en el mío ando tan confuso con las noticias de última hora que estoy pensando y buscando fórmulas magistrales para convertirme en uno de esos maravillosos formícidos, deslumbrantes insectos eusociales que no dejaré nunca de admirar, sobre todo para seguir teniendo paciencia con las noticias que siguen llegando atropelladamente en este mundo caótico en el que vivo.

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