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Jesús de Las Heras.
Martes, 24 de octubre de 2017
Jesús de las Heras

Micromuertes

[Img #15313]Vivimos la vida, creemos, de un tirón, aunque concedemos, por lo general, que unos la viven con mayor intensidad que otros. Sin embargo…, ¿nunca os habéis quedado en blanco? Sin pensar en nada, con la mente en un estado de estupor que no os deja reaccionar, quizá hasta sin respirar. Y ese momento ¿lo vivimos? ¿Estamos vivos durante ese momento?

 

Sin embargo eso no siempre sucede ante un estímulo externo, sino a veces buenamente porque sí, nos quedamos «en babia», bien sin pensar en nada, bien siguiendo un pensamiento que nos ha sugerido una palabra que hemos oído, o una imagen que hemos visto, hasta que la mente llega a un callejón sin salida y se para allí…, dejándonos en un estado catatónico o casi, hasta que algo o alguien, puede que hasta nosotros mismos, nos hace reaccionar y volvemos a ser conscientes de nosotros mismos, de nuestra propia esencia, consistencia, identidad, individualidad. Pero ese no estar aquí hasta que volvemos a estarlo es lo que yo llamo «micromuerte». porque hemos estado durante unos segundos, puede que unos minutos, en el Más Allá hasta que hemos vuelto al Más Acá.

 

Quizá no estéis de acuerdo en mis reflexiones porque al fin y al cabo se nos ha eduacdo a todos en el temor y la ignorancia de la muerte, ese estado desagradable que reconocemos a regañadientes que acabaremos teniendo, pero «cuanto más tarde mejor», aunque en realidad la muerte nos visita de vez en cuando, con mayor frecuencia de la que reconocemos, aunque se vaya sin nosotros.

 

[Img #15314]Pero estoy convencido de que sí hay algo peor que la muerte: no haber vivido, o no estar vivo a pesar de que nos movemos, nos reproducimos, trabajamos, comemos y dormimos. Como todo el mundo. Y ese hacer como todo el mundo ¿es vivir? ¿Cuánto tiempo «vivimos» con el piloto automático puesto? Sabemos que nos movemos hacia un sitio determinado, un lugar al que queremos llegar, a ser posible sin pagar el billete, o bien pagándolo y siguiendo las intrucciones que nos da alguien al que suponemos más enterado que nosotros… Para luego no alcanzar nuestro objetivo y sufrir la frustración o depresión que nuestra insatisfacción nos ha causado… Y sin embargo, mientras íbamos en ese vuelo a ciegas en pos de nuestro líder o persona de confianza podemos llegar a un estado en el que empezamos a echar en falta la mayor comodidad o contento de los que disfrutábamos antes, cuando aún nos quejábamos de que alguien tenía un coche mejor que el nuestro, una casa mayor y más cómoda, unos hijos de mejor comportamiento, o que se lleva mejor con sus familiares…

 

Porque lo queremos todo. Y sin embargo, nos decimos, «a todos visitará «la Parca» por igual». Sólo que la Parca no existe: la muerte es la detención de nuestras funciones vitales. Una detención como las que hemos tenido tantas veces a lo largo de nuestra vida, pero esa última vez para siempre. Cuando acaban esas funciones vitales de modo terminante, cesa nuestra conciencia, pasa el tiempo, pero ya no para nosotros porque ya no nos damos cuenta de eso.

 

¿Dónde estábamos durante toda la historia de la humanidad? ¿Dónde hace dos siglos? Si lees esto ahora, no estabas. Ni yo tampoco. Y dentro de cien años tú y yo estaremos en el mismo sitio: ni aquí ni ahora. Por eso hay que vivir el aquí y el ahora siempre, ya que no hacerlo estar muerto. Aunque se trate sólo de una micromuerte.

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