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Jesús de Las Heras.
Lunes, 6 de noviembre de 2017
Jesús de las Heras

Ya vale de tanta Cataluña

[Img #15346]No vale más que ninguna otra región de España, pero ha dado pie al espectáculo más penoso y sonado de esto que se dado en llamar Democracia Española.

 

Yo siempre he pensado que la democracia es como la paternidad: o el niño es tuyo, o no es tuyo. Ni «espiritual», ni «adoptado», ni «putativo», ni cualquier otra cosa que te inventes te va a convertir en progenitor de otra persona. Lo contrario es mentir, aunque ya sabemos que estamos en una sociedad de mentira donde hasta la propia mentira ha cambiado de nombre y ahora se llame «post verdad».

 

Pues bien, con la democracia pasa lo mismo: o manda el pueblo, o no manda. El adjetivo «popular» pervierte tanto el concepto que la convierte en dictadura, aunque sea «la dictadura del pueblo». También el adjetivo «española» la pervierte, aunque no tanto: sí es una dictadura, pero tolerada, votada (si bien en condiciones precarias y engañosas), y disfrazada, porque no es el pueblo el que gobierna, sino los partidos políticos. Y lo malo es que a mis conciudadanos les da igual, porque dicen que es lo mismo. Pero la realidad es perversa y lo contradice:

 

Si uno se mete en un partido político, ha de abrazar su ideología, aunque se trate de algo tan difuso como la del PP, que se define en cada uno de sus congresos nacionales. Luego, si uno expresa lealtad a dicha ideología, y sobre todo al líder del partido (que suele ser su Secretario General o su Presidente), puede conseguir que dicho líder decida incluirle en la lista de candidatos a diputado, senador o concejal, y medrando, medrando, puede conseguir llegar a ser Director General, Alcalde, ministro o incluso Presidente del Gobierno de España.

 

Todo esto es lo que se ve desde fuera, y no puedo decir más porque desconozco la mecánica del proceso, ya que mi profunda convicción de que las personas tienen más valor que las ideas me impide afiliarme a partido político alguno del sistema tan profundamente antidemocrático que conocemos con el rimbombante nombre de Democracia Española. Pero la constitución vigente lo dice bien claro en su artículo 6: los partidos políticos son el instrumento fundamental para la participación política. También dice que el funcionamiento interno de los partidos ha de ser democrático, pero eso les da igual a los que hacen las leyes, los partidos políticos. Ellos se ponen sueldos escandalosos, coches oficiales y guardaespaldas: ¿no pueden llegar a fin de mes con el mismo dinero que nosotros, el pueblo? ¿No pueden utilizar los medios públicos de transporte que usamos nosotros? ¿Tan mal hacen su trabajo que creen que les queremos pegar?

 

Los políticos españoles no responden ante nadie, excepto ante el líder y puede que (a veces) ante los afiliados de su partido. Pero aún en el segundo caso, los afiliados no son todo el pueblo. De hecho son una exigua minoría. Y no vale el argumento de que todos nos podemos afiliar a un partido político, o fundarlo, para estar representados. A algunos nos lo impide nuestra conciencia. Yo nunca me afiliaré a un partido político que vota ponerse sueldos de cuatro o cinco mil euros mientras la gente tenga que tirar con seiscientos, si es que no está en el paro. Yo nunca me afiliaré a un partido que consienta que el voto de cada español no valga lo mismo que el de cualquier otro de nosotros. Yo nunca estaré en un partido que afora a sus cargos importantes para que no vayan a la cárcel cuando cometan un delito, de modo que cuando ya no estén aforados este haya prescrito. Yo nunca apoyaré a un partido al que le interese más la ley que la justicia.

 

Je, dicen que esto es una democracia porque hay división de poderes. Pero los jueces en España están para hacer cumplir la ley, no para impartir justicia. Y no es lo mismo. Y cuando sucede lo contrario, que la ley es rebasada por la justicia, el juez puede tener problemas, como Calamita, Alaya, o Marino Barbero. Aunque a pesar de todo, yo sí confío en los jueces, en general. Hacen lo que pueden por impartir justicia. Y eso hoy, en España, es difícil. Deberíamos pedir que en caso de colisión, prevalezca siempre la justicia por encima de la ley, y que no se pueda represaliar al juez que actúe en conciencia. Cuando la ley emana de la justicia, no puede haber justicia ilegal. ¿Sueño?

 

Si hay independencia del poder judicial con relación a los otros dos es algo discutible, ciertamente, y no pretendo estar en posesión de la verdad porque sí. Pero lo que nadie puede discutirme es que los otros dos poderes son independientes entre sí, porque tengo una prueba objetiva. Se llama artículo 99 de la Constitución Española. Dice que el Congreso de los Diputados elige al Presidente del Gobierno. Curiosamente siempre ha sido uno de ellos, un diputado, aunque nada parece indicar que no pueda ser un no diputado. Pero no se ha dado el caso. ¿Es eso independencia del Ejecutivo sobre el Legislativo? Ese artículo es la sentencia de muerte de la democracia en España. Nunca la ha habido, y parece que nunca la va a haber. Tendríamos que invalidar esa constitución, y elegir Cortes Constituyentes, cuyos diputados tuviesen como único encargo elaborar una constitución que nosotros, el pueblo, aprobásemos por enorme mayoría. El Presidente del Gobierno ha de ser elegido por sufragio universal, y no puede ser diputado en cortes. Ni ninguno de sus ministros.

 

Y este descontrol de la clase política por parte de la gente que ellos dicen representar (faltando a la verdad, claro) es lo que propicia la corrupción. Lo corrupto no son las personas, lo corrupto es el sistema.

 

Estos días se ha emitido la sentencia de «Caso Gürtel», pero nadie ha hablado de ella. Ni de qué ha ocurrido con los supuestos delitos cometidos por la familia Pujol. Casualidad, ¿verdad? Es que estábamos todos deslumbrados con «lo de Cataluña».

 

Cataluña se quería separar de España, y eso no lo podíamos consentir nosotros, porque somos españoles. Pero esa «desconexión» ha sido mentira desde el principio. Los que se quieren separar no son Cataluña, sino solo algunos catalanes. Pero aunque lo quisieran todos los catalanes, tampoco podrían hacerlo. ¿De qué iban a vivir?  Independizarse no es posible si no se puede uno emancipar. Porque vivir solo del dinero de los papás no es digno. Así lo han entendido las 1600 empresas que se han ido de Cataluña recientemente. «En mi nombre no», parece que dicen.

 

Y si se ha hecho evidente que Cataluña nunca se podrá independizar de España, ¿a qué viene toda esta histeria? Los periódicos no hablan de otra cosa. Ahora el tema es la prisión de Junqueras y la fuga de Puigdemont. Parece que el tema de Cataluña va para largo. Se suceden los capítulos de este folletín uno a uno en una interminable tomadura de pelo, hasta que nadie sepa quiénes demonios eran Gürtel o Pujol. Y mientras tanto la izquierda (ERC) está en la cárcel y la derecha (PDeCAT) en su casa riéndose de todos nosotros o haciendo turismo.

 

¡Despierta, España, despierta, que te están robando! Y no te van a devolver nada. Primero fue el Oro de Moscú, luego fue el rescate bancario, y ahora lo que esconde el show de Cataluña.

 

Pidamos Cortes Constituyentes. Pidamos una República en la que se nos incluya a todos nosotros, y no como en las otras dos que hubo, que murieron porque en ellas no cabían todos. Cuando el pueblo controla al estado y al gobierno no hay corrupción.

 

¡Viva la República!

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1 Comentario
Fecha: Martes, 21 de noviembre de 2017 a las 08:49
Atilano
Estimado Jesús, a mi entender y desgraciadamente hoy más que nunca y creo que por culpa de los catalanes el republicanismo es una utopía en España.
El totum revolutum del nacionalismo secesionista que ha mezclado alta burguesía, izquierda separatista, izquierda radical, iglesia católica, empresarios, fútbol etc etc......y todos ellos que siempre se denostaron los unos a los otros ahora resulta que son todos grandes hermanos republicanos. jajajaja.
Cuanto daño pueden llegar a hacernos estos catalanes.

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