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Juan Eladio Palmis.
Miércoles, 22 de noviembre de 2017
palabra de palmis

La invasión de los bárbaros del sur

[Img #15392]Después de unas jornadas de asueto en lo referente a escribir para este soporte digital, porque en todos los trabajos se fuma, espero recuperar mi rincón etéreo con la esperanza de que alguien me haya echado de menos.

 

Cuando las gentes tímidamente pudimos a empezar a leer (los que no éramos señoritos con biblioteca con estanterías de exposición, o clérigos de panza en astillero) por fuera de la Enciclopedia Escolar franquista, mucho más revisada y corregida que la biblia, nos endiñaron unos libros donde las crónicas históricas, en los cada día de ellas y las noches del pecado, nos había salvado la santísima iglesia católica vaticana de poder caer en las garras de unos bárbaros del norte, capaces de producir la inestabilidad interna que genera el comer todos los días tres veces, o que se pudiera ir en la hora de la muerte a un paraíso con mujeres, y birlaran a los pecheros buenos de la tremenda alegría y la gloria de estar sentado viendo al padre por toda una eternidad ¡manda cojones!

 

Si los Alanos como pueblo y gente no existieron del modo y manera como lo expresó el clero trinitario vaticano para las gentes españolas; si tampoco los Godos representaron nada en España; si los Romanos fueron, como los Godos, un puñado de señoritos al estilo de la intervención fascista (no en armamento) en la rebelión clérigo-milico-patronal del treinta y seis del pasado siglo que todavía sigue gobernando España, el secular olvido del pueblo originario que estaba aquí viviendo antes que ellos aquí en la Ibérica, al que se le desplumó de todo, tal y como después se haría con el indiano en Las Indias, fue y sigue siendo la razón de la constante mentira de un sistema, el español, que ya dejó su impronta muy particular cuando fue imperio, y se nota donde y como, por los mocos del recuerdo de su paso.

 

Ahora, increíble pero acontece hoy en día, un puñado de mandamases, en la cortija murciana, puestos a dedo por causa y motivo de ser militantes o muy tolerantes con la secta del opus, o mientras tengan dinero (que será por siempre) la vaticana de los vaticanos, nos quieren proteger de la invasión de los pobres del sur: unas hordas muy peligrosas para todos nosotros que nos estamos dejando el culo por ellos, tal y como se lo está dejando desde los tiempos del domund la iglesia católica en tierras de bárbaros.

 

Dice el abundante en colesterol, fruto de las muchas jamadas patrias, delegado del gobierno del vaticano que nos acaban de poner en la cortijá murciana, que los pobres del sur que vienen el patera, el que menos cobra un sueldo del islam, y vienen a joder la marrana de nuestra glorioso bien hacer, no solo traducido en la vuelta a la ciencia que algunos rojos progresistas quisieron abandonar con su verdad inquebrantable, demostrada científicamente, de que el mundo se hizo en siete días, que Adán, en realidad, tuvo dos mujeres, y que fueron, por tanto, hermanastros los que se aparearon para sacarnos adelante, sino que gracias a ellos, a ese franquismo tardío pero más efectivo que el profundo, nos quedan por ver muchos gozos como son jubilaciones y caminos santos cortijeros, y santificar a muchos franquistas que están como pajaricos con la boca abierta esperando.

 

Los bárbaros del sur, los espías que vienen en patera, es lo más desestabilizador que nos puede ocurrir, por lo que no va a haber más remedio que volver a instaurar de nuevo al tribunal de la santísima y santa Inquisición para que nos libre de esos espías que vienen del sur a apoderarse de nuestra ciencia y nuestro paro.

 

Salud y felicidad.

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