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Juan Eladio Palmis.
Martes, 2 de enero de 2018
Juan Eladio Palmis

Asdrúbal en Puerto Basuras

[Img #15459]Personalmente soy de los que creo, y le rindo muchísima más confianza a lo que diga y exponga gente de la talla del investigador doctor Iván Negueruela, que aquello que puedan decir alguien del exquisito grupo directivo cortijero que, por tener, gracias a sus donaciones en asuntos celestiales, tienen hilo directo con el papa de Roma, que aunque no lo parezca es de estirpe iberoamericana, no capitalista de Usa (su brazo armado) con granja originaria en Kentucky.

 

 Los encantos arqueológicos públicos que administra la sociedad privada y particular denominada Puerto de ¿Culturas? adjudicados democráticamente hasta el fin de los tiempos, incluido cualquier era glaciar, por las blancas e inocentes manos del ayuntamiento de la cortijá cartagenera, como lo que pervive y persiste sobre todo el turismo cartagenero está basado en el ánimo de lucro de una sociedad privada administrando lo público, tiene que llenar en primicia y ante todo, los muchos picos de bastantes pajaricos gorriones que exigen lo suyo a pico abierto insistentemente.

 

Del mismo modo que la administración de Puerto Basuras no invierte un euro en limpiar los fondos del puerto y aligerarlos del fango por años acumulados, y nadie le riñe (al contrario) le aplauden que invierta en ferrocarriles, puertos del País Vasco, polígonos de tierra adentro, como si fuera un ministerio de fomento para las obras y los sobres, Cartagena, su equipo de mandamases, saben que puede seguir estirando la soga y apretarle a un vecindario que entra en orgasmo social cuando ve los bares llenos, le importa un pijo las listas y los problemas del paro, porque encima sus medios subvencionados le dicen con insistencia que todo va de puta madre para arriba.

 

Sacar a flote; ubicar para que sea visitable el palacio de los cartagineses de la otra orilla de Mediterráneo, de los de Cartago, donde vivían y moraban la elitista dinastía socialista de los, por entonces, apellidados Barca, es algo que molesta a la cita empresa privada y particular Puerto de ¿Culturas?, que se siente y participa de la estirpe pepera de los Cornelios Escipiones, y con lo que tiene por explotar, dando sueldos de miseria a su gente, aunque últimamente haya lavado un poco a ese respecto la cara, entiende que el ayuntamiento de Cartagena se centre en su labor que es poner multas, talar árboles, y disponer los semáforos para que los viejos cansinos aligeren el paso de una puta vez y se enteren que las calles son para los coches; porque el turismo es cosa de ellos y de los con el pico abierto.

 

Un bien patrimonial de la categoría mundial que significaría recuperar el Palacio del Cartaginés Asdrúbal para nuestra cultura pasada, nos sacaría de ese sin sentido que significa la venta de un puñado de cafés, de botellines de agua, de un turismo de cruceros, de cuentas oscuras en cuanto a su verdadero costo, que nos venden como la reostia turística para la ciudad, que aparte del ensayo fisiológico que representan los cruceros al comprobar que el envejecimiento en los rubios del norte puede que sea tan jodido o más que el nuestro mediterráneo, poco efectivo acarrea por fuera de la calle Mayor, poco o nada más aporta.

 

El Palacio de Asdrúbal, que con un porcentaje muy bajo de los derroches de Puerto Basuras y de los repartos de Puerto de ¿Culturas? se pondría en brete, sería la vuelta a la lógica ausente en Cartagena por años, donde se amasa actualmente el pan con el salvado y la harina pura se la llevan los amichis de los amichis, al tiempo que cualquier potencial que no interese a los citados amichis de los amichis, se aparta con indiferencia y con la virulencia de una incultura campeadora por una ciudad que si pudiera trazaría (puede que lo intenten) unos muros haciendo una cruz abarcando el centro.

 

Y a todo lo demás del caserío, como ya están haciendo: que le den por saco.

 

Salud y Felicidad.

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