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Juan Eladio Palmis.
Lunes, 8 de enero de 2018

La magia de los republicanos

[Img #15479]Porque ser mago y rey a dedo señalado con todo el sistema detrás apuntando, no tiene nada de magia. El ser republicano en una España dictatorial, donde cada partido político de los denominados constitucionalistas son un verdadero nido de amparar ladrones, sí que conlleva una magia especial que no cabalga a lomos de camello alguno, porque todos los camellos, absolutamente todos, están al claro servicio de la magia real.

 

Corren tiempos donde tan solo un puñado de gentes, normalmente las menos productivas y procuradoras de recursos para la sociedad actual, son los que defienden, porque sus chochos se apuntalan en ellos, la magia de los reyes; esa magia que les permite vivir siendo simple y llanamente un gasto inútil para una sociedad que no los necesita ni los quiere.

 

Pueden seguir viniendo de oriente; y es entonces cuando se aprecia el triunfo abrumador del cuento oriental que tanto ha calado en los mayores que son los que realmente creen, tienen a bien, con la escusa de la inocencia, esperar que otros, que no creen en la monarquía oriental, los limpien de las ladillas que llaman ingenuidad, cuando solo es un conformismo porque la formación intelectual da para esa creencia y un poco más de lo inyectado.

 

Los niños, las chiquillerías de ahora, creen en los reyes lo mismico que en un republicano puede creer en la necesidad real, máxime cuando el rey, hasta los magos de oriente,  todos los reyes, solo, de siempre, han reinado tratando de beneficiar a una parte del pueblo en claro detrimento de la otra, a la que se le pide, o se le ordena y exige, según el caso, que tiene que guardar la obediencia de una ingenuidad social que le viene como anillo de cardenal al dedo de un cura párroco.

 

Es tanta la influencia, el acoso imperial de un estado, el Vaticano sobre el Español, que  en regiones como la cortija murciana con el año de calendario que empieza, debería de lucir en todos los organismos oficiales presidiendo la bandera imperial vaticana, y dejarse de gaitas nacionales y nacionalistas, ya que hasta la cuenta del tiempo, nuestra cuenta ibérica, española, de la cuenta del tiempo llamado de la Era, correspondería ahora a que republicanamente caminamos por el año 2.048, y no el 2.018 del concordato a cojones de rebelión y cañonazo.

 

Parecía impensable, en los mejores años de la lucha sindical y popular contra la opresión del franquismo, que llegaría un día, hoy mismo, donde la gente se siente feliz viendo sin futuro a sus hijos, y soñando tan solo con que se hagan políticos, se metan a medrar en un partido, roben a manos llenas, y se jubilen pretoritos de impunidad social, o, en el supuesto caso que no les guste la política, está el clero: un poder en auge con tan solo a falta del canto de un pelo rizao para decir que puede opinar o no, y quien tiene derecho o no.

 

El poder popular ha muerto, lo han matado desde unos medios de opinión cuyos empleados a su vez se han feliz y alegremente suicidado. Y lo que algunos desconocen, principalmente porque no lo han vivido en sus carnes, la desfachatez que es capaz de desarrollar un país como el nuestro a la hora de que se bajen de los camellos aquellos que llenan de babosería a los mayores culicagaos.

 

Porque la magia republicana es demasiado justa para poder campear en un país echado a perder en conformidad plena de sus gentes.

 

Salud y Felicidad.

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