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Juan Mariano Pérez Abad.
Lunes, 22 de enero de 2018
ESPECIAL VEGAMEDIAPRESS. 5-F- Huelga de Hambre de padres de tutelados

La historia de Paloma Alvarez: creían que iba a morir de cáncer, su hermana usurpó su papel de madre y la Justicia "secuestró" a sus hijos

[Img #15532]Los protagonistas

 

El Diario Digital VegamediaPress está decidido a proporcionarle voz a la protesta que un grupo de padres que consideran que la tutela sus hijos les ha sido arrebatada de una forma abusiva e injustificada por las Instituciones del Estado. Dentro de esa línea informativa, queremos prestar este espacio divulgativo para que cada uno de los participantes nos cuente su historia y, con ella, los motivos que les llevan a protagonizar una acción tan drástica y enérgica como una huelga de hambre, a la intemperie y en pleno mes de Febrero en Madrid.

 

PALOMA ÁLVAREZ LINARES. Dos hijos tutelados:

 

Estaba casada y tenía adoptado como hijo a un sobrino mío discapacitado, cuando en octubre de 2001 conseguí quedarme embarazada mediante técnicas “in vitro” después de 14 años de tratamiento. En junio de 2002 nacieron mis dos hijos pequeños, mellizos.

 

Seguramente debido a tantos tratamientos hormonales para la fecundidad, durante el embarazo se me desarrolló un cáncer de mama, pero acepté ningún tratamiento médico hasta que, por el tiempo de gestación mis hijos, pudieron sobrevivir fuera de mí. Cuando empezaron a tratarme, el tumor estaba ya tan avanzado que me dieron una esperanza de vida de entre 20 días y 2 meses. Estuve en tratamiento intensivo: quimioterapia, intervención quirúrgica, más quimioterapia, radioterapia, braquiterapia… durante once meses. Milagrosamente sobreviví.

 

Tengo una hermana mayor muy manipuladora, con la que he tenido siempre una relación negativa, ya que siempre ha intentado destrozarme la vida. Su matrimonio con un hombre influyente y adinerado se había convertido en una auténtica pantomima desde de que ella protagonizó una fuga con una aventura extraconyugal, abandonándolos a él y a sus dos hijos durante unos meses. Hacia el final de mi embarazo, cuando la enfermedad me estaba llevando al borde de la muerte, mi hermana se entrometió en mi casa y en mi vida con la excusa de ayudar al padre a cuidar de mis hijos. Durante mi estancia en la UCI tras el parto, ocupó mi lugar en todos los aspectos, modificó a su gusto el nombre con el que yo quería inscribir a mis hijos en el Registro y usurpó mi papel de madre, actuando como si yo ya me hubiera muerto. Cuando, paulatinamente, pude empezar a hacer vida normal, me fue imposible recuperar mi lugar. Ella ya había establecido una relación de íntima amistad y complicidad con el padre. Empezaron los desprecios, los ninguneos, los graves maltratos psicológicos por parte de los dos. Actuaban como si fueran ellos los dos padres, como si yo no existiera. Supongo que les defraudé al no morirme, algo con lo que al parecer ya contaban. Ella estaba especialmente obsesionada con mi hija, de la que decía haber soñado que iba a tener el nombre con la que fue inscrita por mi marido en el Registro y que iba a ser suya. La manipulaba constantemente contra mí, intentando hacerle creer, según iba creciendo, que “su madre” era ella.

 

Esta situación de “invasión” de mi vida familiar por mi hermana se prolongó durante años y me llevó a caer en una profunda depresión. Estuve ingresada durante un mes en Enero del año 2009 y, como al regresar con el alta a casa no me encontraba totalmente recuperada, entre ambos me forzaron a irme de mi casa y alojarme en casa de mi madre, donde estuve hasta el mes de Agosto. Durante todos esos meses nos incomunicaron a mi madre y a mí con mis hijos pequeños, no permitiendo llamadas, ni visitas, ni cartas… NADA, fueran las fechas que fueran. Tuve otro ingreso desde agosto hasta octubre de ese año y al darme el alta y volver a casa me encontré con que mi hija entraba en pánico con sólo intentar acercarme a ella y rechazaba cualquier tipo de contacto conmigo, decía que me odiaba y que su madre era su tía.

 

Por más que lo intenté, mi matrimonio fue empeorando hasta que nuestra relación su hizo insalvable, llegando un momento en que le planteé el divorcio. Era una situación muy difícil porque era yo quien sostenía la familia. Él sólo había trabajado durante un año en un empleo que yo le busqué, pero no quiso renovar el contrato y dejó de trabajar cuando nacieron los mellizos, por lo que económicamente dependía de mí. Él se negaba a divorciarse, pero como yo me mantenía firme en mi decisión, me dijo que me arrepentiría, que me iba a dejar sin nada y que me iba a destrozar la vida. Yo intenté llegar a un acuerdo de divorcio, dialogar, pero me fue imposible. Había dos viviendas, dos coches y tres hijos por los que mirar, pero me amenazó con llevarlo judicialmente y quitarme a mis hijos… y así lo hizo, con la ayuda de mi hermana.

 

Mientras yo me mataba a trabajar, empezaron una campaña de difamación contra mí en el colegio, con la familia, con amigos, en mi trabajo… y cuando me quise dar cuenta se había ganado todos los apoyos, excepto el de mi madre, que era testigo directo de todo lo que ocurría. Entonces, sin haberse molestado en ponerse en contacto conmigo para contrastar mi versión, el colegio intervino en medio de toda esta guerra, lanzando acusaciones falsas contra mí ante Servicios Sociales con todo lo que el padre (y hasta mi propia hija totalmente manipulada por él y por la tía) les iban contando. En octubre de 2010 falleció mi madre y ya fueron a por todas. Mientras tanto, él cada vez era más agresivo y consiguió que le concedieran una pensión de IPT por un trastorno psiquiátrico.

 

Ahí empezó el auténtico calvario. Los Servicios Sociales empezaron un seguimiento de nuestras vidas y yo, ignorante de todo lo que ocurre con el tema de menores y tutelas en este país, les confié todo el sufrimiento que estaba viviendo. Empezaron a tergiversarlo todo, utilizando sólo lo que querían y como querían, manipularon la información que tenían y no dudaron en inventarse cosas que no eran verdad.

 

Todo se precipitó cuando el día 21 de diciembre de 2012 llegué a casa del trabajo y mi hijo pequeño me contó que el mayor se había tenido que ir corriendo por la escalera porque el padre había intentado pegarle. Ya no pude más y al día siguiente presenté una denuncia en comisaría en su contra. Por su parte, él presentó una demanda de medidas cautelares de divorcio solicitando quitarme el contacto con mis hijos. A pesar de que él aportaba el testimonio de su hermano y mi hermana, y de haber pagado 9.000 € por un informe psicosocial privado para intentar incapacitarme para cuidar de mis hijos, no pudo conseguirlo.

 

Pero la verdadera tragedia me sorprendió cuando se celebró la vista de este juicio en el juzgado de familia 28 de Madrid. Donde yo esperaba con ansiedad que la juez hubiera sabido ver la verdad y rechazara definitivamente sus falsedades, me encontré con un informe falso del equipo psicosocial y un juicio pantomima donde no se me admitieron pruebas, ni informes médicos, ni testigos… ni siquiera aceptaron escuchar mi testimonio. La jueza no le dio a é la custodia de mis hijos, sino que nos quitó a los dos la patria potestad y envió a mis hijos pequeños a un Centro de Menores en el que mi hermana tenía “libre acceso”. Los “secuestraron” en su colegio el día 06/06/2013 y estuvieron en el centro hasta el 06/05/2015. Eso supuso un cambio radical en su vida y un sufrimiento inhumano para ellos, destrozó su vida, la de su hermano mayor y la mía, matándome en vida.

 

Todo lo relacionado con ese juicio (tanto la magistrada como la psicóloga del equipo psicosocial) ha sido denunciado y admitido a trámite ante Fiscalía General por los presuntos delitos de falsedad en documento público, cohecho y prevaricación.

 

Pero desde entonces, por más que estoy luchando con todos los medios a mi alcance, me ha sido imposible recuperarlos. Mi hijo pequeño no paraba de llorar y repetir que quería volver conmigo y que rechazaba el acogimiento familiar que había solicitado mi hermana, hasta llegó a hacer una huelga de hambre en el Centro de Acogida. Lejos de escucharlo, lo llevaron a la IMMF, que entonces estaba en Gran Vía 14, para presionarlo y amenazarlo con “pudrirse en la residencia” si no admitía irse a vivir con su influyente tía, a la que le había sido concedido derecho a visitas y salidas desde el primer día.

 

Yo, siempre he sido respetuosa con las normas porque confiaba en “el Sistema”, pero poco a poco he ido descubriendo que Protección de Menores se ha convertido en una institución monstruosa dominada por la corrupción, que no muestra el menor interés en proteger a los niños. Estando tutelado por el Centro de Acogida, atropellaron a mi hijo en la calle. Cuando sucedió, él estaba solo en la calle a las 20 h (era una noche de Octubre) cuando conmigo jamás salían solos. Me enteré porque él me llamó por teléfono desde el móvil del señor que lo atropelló. Estuve con él en urgencias pese a que los Servicios Sociales me ordenaban que no fuera al hospital. Al ser un menor tutelado, no se hizo ningún atestado ni me ofrecieron ninguna información, se negaron a darme ningún informe médico suyo y no permitieron siquiera que mi hijo pudiera dormir esa noche conmigo, a pesar de que lo suplicaba y de que estaba todo magullado.

 

En otra ocasión, mis hijos salieron de la residencia con permiso de vacaciones con la familia en el verano de 2014, 20 días con la tía (a la que adjudicaban turno incluso antes de concederle el acogimiento familiar de mis hijos) 20 días con el padre y 20 días conmigo. Estando con la tía mi hijo me llamó muy angustiado desde el pueblo de Ávila donde estaban diciéndome que estaba fatal, que la tía lo estaba maltratando y me pedía que fuera a por él. En lugar de ir directamente a buscarlo, llamé al CAI que llevaba su expediente y se lo comuniqué a la Directora (Natalia) para que fueran a buscar a mi hijo. Me aseguraron que irían pero no hicieron absolutamente nada.

 

Estando después con el padre, no me dejaban hablar con ellos ni verlos y forcé una visita yendo directamente a su domicilio. Mis hijos bajaron a la calle pero noté muy raro y distante a mi hijo y no paraba de mirar a la ventana, donde supongo que estaba el padre observando. Cuando les tocó venir donde yo estaba, en casa de mi hijo mayor, mi hijo está muy frío conmigo. Sufrió un colapso y tuvo que ser ingresado durante unos días, entonces me di cuenta de la enorme presión a la que le estaban sometiendo para que dejase de hablarme. Al darle el alta, mi hija y él se encerraron en el cuarto de baño y al salir me dije que me odiaba, que “lo sabe todo”, que no quiere volver a verme en mi vida nunca más y que no vuelva a tocarlo. Consiguieron que por fin él dijera que no quería estar conmigo y que quería irse a vivir con la tía.

 

El día 06/05/2015, por sentencia de la Audiencia Provincial, le dieron mis hijos a mi hermana en acogimiento familiar con mi oposición y me privan de contacto con ellos, todo sin permitirme ser escuchada. Sin embargo, a partir de ese momento el padre gozó de completa libertad para mantener contacto con ellos. Mi ex-marido y mi hermana se salieron con la suya, mientras que los Servicios Sociales seguían manteniendo la tutela de los niños, con el beneficio de las dotaciones económicas que eso les pueda reportar. Una vez que ponen a un niño en la diana para tutelarlo, no hay quién lo evite ni lo recupere, colaborando todas las instituciones a hacerlo posible. Ahora, cuando cumplan los 16 y tengan edad para decidir sobre su propia tutela, ya los están instruyendo para que la pidan con su padre. Eso le permitirá a él despojarme de mi casa y exigirme una pensión de alimentos.

 

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) consiste en volcar a los hijos en contra de alguno de los progenitores y en mi caso lo han utilizado ferozmente para hacer su negocio y salirse con la suya. El padre y la tía los manipulan a su antojo contra mí y me impiden cualquier tipo de contacto con ellos, con la ayuda de unas
Instituciones que deberían cumplir con la función de protegernos de ese tipo de maltrato y abusos. Mientras, yo me consumo de demanda en demanda, totalmente arruinada, enfrentándome a los informes falsos de los Equipos Psicosociales, a esta jueza y a la presión social de las asociaciones feministas subvencionadas por los Servicios Sociales que se esfuerzan en desacreditarnos a todos los que queremos denunciar esta mafia ante la opinión pública.

 

No se han conformado con excluirme a mí y desde marzo del año pasado han empezado impedir cualquier contacto entre el pequeño y su hermano mayor “porque me apoya”. La niña ya estaba volcada contra él desde mucho antes y desde los Servicios Sociales no hicieron absolutamente nada por evitarlo. De hecho, el verano pasado denegaron el permiso para que pudieran pasar una semana juntos “por no considerarlo conveniente”. A partir de entonces condicionaron su contacto al criterio de sus acogedores (su tía) Hasta que empezó este nuevo bloqueo contra el hermano mayor, siempre habían tenido libertad para verse y estar juntos.

 

Aunque sé que pueda resultar inútil, sigo luchando legalmente porque me resulta imposible dejar de intentar recuperar a mis hijos. Sueño incesantemente con poder hablar con mis mellizos y contarles toda la verdad sobre lo que nos han hecho y sobre todo lo que llevamos sufriendo… y con abrazarlos.

 

Ojalá pueda conseguir que mi caso sea un testimonio de cómo se están quitando los hijos a sus madres y familias en este país para tutelarlos. Para el Sistema de Protección de Menores, los niños sólo son la mercancía de un negocio auténticamente millonario, donde lo que menos importan son ellos y donde la crueldad con la que actúan es infinita e inhumana.

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 28 de enero de 2018 a las 15:50
ludy moreno
esto se lo han hech
o a muchas madres, a muchas

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