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Juan Eladio Palmis.
Lunes, 22 de enero de 2018
Juan Eladio Palmis

El protocolo de las pelotas

[Img #15539]…De las pelotas de Pozo Estrecho que, llegada su hora, como no había llegado la señora alcaldesa, al mejor y más adelantado protocolo de tiempos modernos imperiales, no se han empezado a repartir; y, servidor y unos amigos, hemos optado por no acatar viejos protocolos que están resurgiendo ahora intentando tapar la nada operativa de un gastazo enorme en euros públicos para que pase días de cobranza y ollas donde lucir palmitos todos a mejor sonrisa de manual.

 

Nos hemos ido a comer a La Palma, por culpa del protocolo y de la extrema importancia que tiene en nuestros excelsos y merecidos políticos el que las gentes les hagamos corrillo de campeones.

 

Encima, un amigo, excelente escritor, me ha dicho: Palmis ¿tú qué coño haces tú aquí si la fiesta es por un palo seco?, y, aunque había cantidad de buena gente, estoy contento por no haber esperado a la alcaldesa ni al protocolo de las pelotas.

 

Dejo de lado el asunto de las fiestas de Pozo Estrecho, pedanía cartagenera, y me remango las mangas de la expectativa porque el día que en España una comisión de investigación que afecte al hacer de los políticos españoles (especialmente de sus rapiñas) emita un veredicto de algo, ese día España volverá a ser un país decente donde funcione la justicia, se cumpla la ley, y el que quebrante los mandamientos jurídicos la pague.

 

En la cortijá cartagenera, fina a la hora de joder y malversar fondos más que repizco de monja, sus mandamases y mandamasillos, visto que ellos no ven perjuicio alguno por ningún lado local, y menos por el lado de la ínclita empresa concesionaria del agua pública (iba a escribir agua bíblica, pero es mucho más milagrosa que todo eso), han decidido montar una comisión de investigación; una más de las muchas que hay abiertas desde que se inventaron, porque saben que de esa manera no se mojan los sobres por culpa de arrimarse al agua.

 

No siempre los dictadores tienen por qué llevar botas altas con espuelas, ir uniformados con mucho oropel en sus galones, o lucir la boina de coronilla que tanto les gusta cuando es de colores vivos a los curas, no, en España, en Cartagena, ahora mismo, a este minuto que le estoy dando a un teclado desgastado, la ciudad de Cartagena está de pleno sumergida en la dictadura de tres partidos amasados en una solo, Pepé, Pesoe y C’s, que con sus voceros, sus muchos ¿y lo mío qué? porque vienen tiempos de bonanza para las granujerías a niveles que la inmensa mayoría de ellas, las que conozcamos, serán siempre a toro pasado, y todas como informativas, en la sabiduría de que en esta cortijá nadie va a pagar nada que no sea si tiene la osadía de robar un serón de naranjas o unos kilos de limones.

 

Cuando se sale de Cartagena, cuando uno abandona por unos días está hermosa ciudad mediterránea, se da cuenta la mala suerte, el poco tino que tenemos sus ciudadanos a la hora de elegir, y los partidos de seleccionar, aquellas personas que tienen el deber y la obligación, sin más cascabeleos ni amores extras, que administrar un presupuesto económico en beneficio de todos; algo simple y elemental que aquí, en esta bonita ciudad mediterránea, se trueca el hacer por amor, según dicen, de pasión encendida por la ciudad, mientras pasan los años, se agotan prepuestos ordinarios y extraordinarios, y lo único que se advierte es que a todo el que llega a mandamás o mandamasillo se le pone cara de rico, y se esponja como las monjas cuando toman posesión de un solar urbano.

 

El agua, la adjudicación de cualquier servicio municipal a una empresa privada, SIEMPRE PERJUDICA al vecindario. Y si a ese perjuicio económico le sumamos, en el caso de la cortijá Cartagenera, fiel espejo, o digno espejo de la cortijá que en breve va a ser denominada, vista la rentabilidad que del euro público está fluyendo y ha fluido para la vía vaticana, como tierra santísima para las peregrinaciones, la cosa pinta como le pintó en su día al conquistador expoliador de lo indiano americano Lope de Aguirre, que como no encontró otro adjetivo, firmó su proclama anti sistema como Aguirre el Pelegrino, barruntando la inutilidad ante un país borracho de agua bendita.

 

Igualico que ahora.

 

Salud y Felicidad

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