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Juan Sánchez.
Domingo, 28 de enero de 2018
El sistema está podrido hasta la médula

Ruta suicida en Cartagena

[Img #15545]El sistema está podrido hasta la médula. Negar esto es ser cómplice y partícipe de la misma corrupción. Solo un corrupto negaría la pestilencia en las instituciones. Solo los corruptos intentarían desplegar abanicos de quimeras sobre más enredos para ocultar sus propias culpas. El sistema en sí mismo  es la corrupción. Escuela de corruptos que ha calado hasta los cimientos primigenios de nuestra sociedad. Nada se libra de la infección, y mucho menos la política.

 

Me llama muchísimo la atención -últimamente utilizo en exceso los superlativos, por qué será- la sorpresa de ciertos cargos políticos cuando alguno de los suyos, en plan kamikaze, intenta destapar la podredumbre interna, pongamos, en un municipio al azar. Igual podría valer Cartagena que Murcia o Mazarrón. Lo mismo da, que da lo mismo. En todas partes se cuecen habas, y no para elaborar esos riquísimos michirones. -A lo que vamos, que se nos va la pinza y la panza en sopas y sopetes de pan, y lo que no es pan- Y ves en un pleno, pongamos de Cartagena, como la primer edil sale en defensa de sus funcionarios. Algo por otro lado elogiable, pero, y aquí está el pero, y a sabiendas que el tal kamikace conoce en profundidad el tema, la mejor postura habría sido apartar las manzanas podridas y defender a los sufridos, laboriosos y honestos funcionarios restantes, la mayoría más bien silenciosa -Ya ampliaremos el concepto más adelante-. Y no salir a capa, de capar, y espada Tizona del Cid campando a sus panchas, algo azorada, eso sí- y al encontronazo del oponente, sin saber de la misa la media. O sabiéndolo, que sería aún muchísimo peor. El tiempo, parco en palabras fugaces, definitivamente lo dirá.

 

Decíamos al principio que absolutamente todo está podrido. Y todo es todo. Nada escapa de ese todo para teletransportarse a una realidad paralela, o para lelos. Una realidad donde todos serían buenísimos, excelentes personas, grandes seres humanos, solidarios, desprendidos, desinteresados; amorosos angelitos que revolotean sobre nubecillas de algodón de azúcar teñidas de azul y rosa a partes iguales y se lanzan inocentes besitos de monja unos a otros y otras por amor al mayestático universo que tan generosamente les regaló la vida, y tal.  ¡NO, coño, NO! La realidad es bastante más sucia. La realidad, y no os descubro nada nuevo, es que aquí hasta el tío más buena gente, presuntamente, vendería las tripas de su vecino si con ello sacara algún beneficio. Y más en estos tiempos de penurias y estrecheces. No te jode. Pero no todo el mundo es igual. Y la pasta no lo justifica todo, ni de coña. Y la gran mayoría que sufre en este país podrido hasta en los libros de historias para mear y no echar ni gota, son buenas personas, honestas, sencillas y trabajadoras. Que no pueden sacar adelante a sus familias por tener que mantener a tanto hijo de perra con mando en plaza, y tal.

 

Los pocos y pocas que han arriesgado sus vidas, y digo bien, sus vidas, para destapar la mierda sin perdón que infecta nuestras instituciones públicas, han sido motivo de persecución, acoso y derribo desde todos los frentes habidos y por haber. Porque haber, hay muchos frentes interesadísimos en que la mierda propia no quede en evidencia. Y esos frentes, que suelen ser muy populares –comprendes- hacen piñata con los higadillos de quien osa meter las narices en sus asuntos. Asuntos de familia. Familia de clanes MAFIOSOS. Donde todo lo que pasa queda sepultado por esa ley no escrita de la OMERTÁ. Y pobre de aquel iluso que pretenda destapar la caja de los truenos, no habrá descanso en esta tierra de HIJOS DE PUTA podridos hasta el alma.

 

Podría nombrar unos cuantos valientes: hombres y mujeres. No lo haré. Mi silencio es obligado. No quiero poner una diana sobre su espalda. Así son las cosas cuando la cosa va de quebrar la fuente de ingresos de esa mafia que nos roba la vida vía institucional, política o empresarial. Admiro vuestra labor y lo sabéis. ¡¡Ánimo, y a por ellos!! De igual modo, animo a esa mayoría silenciosa de buenas personas que trabajan por y para el pueblo, y hacen una labor encomiable solucionando y evitando problemas y pesares al vecindario, y callan por temor a esas mismas represalias, que denuncien hasta el robo de un lápiz público. Porque ese lápiz es de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas que han de padecer lo que no está escrito para pagar sus sueldos. Aunque solo sea por consideración y respeto hacia sus vecinos, amigos y familia propia, que no sigan callando, que sean guerreros blancos en un mundo de demonios negros, malsanos, infectos de lo más ruin del ser humano. Dañinos, destructivos del futuro de nuestros hijos, Y de todos los pueblos. En anónimo, mediante terceros, a través de prensa no podrida, que la hay, mediante panfletos en la vía pública, echadle imaginación y redaños, coño! De vuestra honestidad y responsabilidad depende mucho, muchísimo, tanto como que el ciudadano vuelva a creer en sus instituciones… DENUNCIAD YA!!. ¡¡QUE NO HAYA PAZ PARA LOS CORRUPTOS, LOS MALVADOS!!

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