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Elbia Alvarez.
Lunes, 29 de enero de 2018
Elbia Álvarez

El relato y la posverdad

[Img #15564]“Relato” y “posverdad” son dos palabras que en los últimos meses me traen de cabeza. Mientras pienso en ello, en estos días invernales que por fin han llegado, miro el pronóstico del tiempo en la televisión y la mujer que lo informa va vestida con modelito de verano a 40º sobre cero. Así que la informadora del clima me transmite un frío aún más desolador al tener que repensar unas palabras que se repiten una y otra vez en unos discursos que casi todos dicen lo mismo. Parece un disco rayado desde hace tiempo que se sigue poniendo. Una y otra vez.

 

Con “relato” nunca he tenido problemas. Pero dado el protagonismo del sustantivo consulto el Diccionario de la Real Academia de la Lengua –que es el que siempre miro a lo largo de esta crónica-, para ver si mi concepto está totalmente equivocado. Admite dos definiciones: “Del lat. relātus. 1. m. Conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho. 2. m. Narración, cuento.”

 

Para entender bien la primera definición busco el sustantivo “hecho”: “m. Acción u obra”. Pensando en esta última definición parece claro que un “hecho” adquiere la objetividad mínima de haber sido hecho, realizado. Y que su existencia es indiscutible. Bien. Volviendo a la primera definición de “relato”, se deduce que es una relación detallada de un hecho que ha ocurrido realmente. Porque si no, no sería un “hecho”. En fin, no me disculpen la dificultad del argumento puesto que es muy difícil para mí entender esta evidencia de otra manera diferente a la ya expuesta. Sin embargo, tal y como yo escucho el uso de esta palabra a periodistas, comunicadores, tertulianos y políticos en general sobre el “relato catalán”, no encuentro por ninguna parte el relato puesto que no está basado en ningún hecho. El separatismo, independentismo, soberanismo, o como se le quiera llamar, no constituyen un hecho, porque ese hecho no existe.

 

La segunda acepción me cuadra más para el relato del que todo el mundo habla: “Narración, cuento”. “Narración” la entiendo personalmente referida a la ficción, pero desde luego se aplica a la no ficción, porque los hechos se pueden narrar. Luego depende de cómo cada uno lo relate, por supuesto. Pero me sigo encontrando con la dificultad espantosa de que se hable de un hecho que no lo es porque no ha sucedido. La palabra “cuento” sí me encaja más, a bote pronto, con el famoso relato. Porque para mí, un cuento es una narración generalmente ficticia –y si es un buen cuento, simbólica-, de algo que procede de la invención y del punto de vista de cada hablante y escritor. Pero por si acaso, vuelvo al diccionario: “1. m. Narración breve de ficción. 2. m. Relato, generalmente indiscreto, de un suceso. 3. m. Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención. 4. m. cómputo. El cuento de los años. 5. m. coloq. Embuste, engaño. Tener mucho cuento. Vivir del cuento. 6. m. coloq. Chisme o enredo que se cuenta a una persona para ponerla mal con otra.”

 

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua afina mucho más que yo. Naturalmente. No soy experta en semiótica ni en política. Y me pone en bandeja de plata –expresión que el Diccionario contiene y la transcribo porque no todo el mundo tiene porqué entenderla: “poner, o servir, algo en bandeja, o en bandeja de plata, a alguien 1. locs. verbs. coloqs. Darle grandes facilidades para que lo consiga.”-, en todas sus acepciones –excepto, quizás, la 4-, el término “posverdad”, que acaba de incluirse en el Diccionario: “1. f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.”.

 

Creo que actualmente es una palabra muy necesaria. Desgraciadamente. En principio, y sin mirar el diccionario, cuando oía esta palabra lo primero que pensaba era: -Pero ¿cuándo fue la etapa de la verdad?-. Por eso fui corriendo al Diccionario.

 

Resumiendo, y a ver si me aclaro a mí misma por lo menos. Contamos con un “relato” carente de “hecho”. Un “cuento” que construye “el relato” sin “hecho”, pero que con el concepto nuevo de “posverdad” se le otorga ese hecho: una realidad deliberadamente distorsionada y manipuladora de lo que todos pensamos, creemos y sentimos. Mejor imposible para los que se creen con el poder de la palabra en particular y con el poder en general.

 

Estoy esperando ansiosa que aparezca el término de la posmentira. Mi primera impresión sería que, tras tantos años, siglos y milenios de mentiras, se empezara a relatar la verdad de las diversas realidades. Aunque porqué iban a cambiar las actitudes de los seres humanos de un día para otro. En este supuesto, utópico donde los haya, el proceso, según la terminología actual, es más complicado. Me permito la licencia de reconvertir la definición siguiendo la del Diccionario sobre “posverdad”: -Posmentira: Aceptación deliberada de una realidad que no manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los honestos son maestros de la posmentira-.

 

¡Uffff! ¡Qué dolor de cabeza!

 

Acabo de escribir lo de posmentira y es una utopía impropia –según los que mandan-, de estos tiempos. Matizo. Las utopías siempre son impropias. Pero necesarias.

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