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Juan Mariano Pérez Abad.
Sábado, 3 de febrero de 2018
ESPECIAL VEGAMEDIAPRESS. 5-F HUELGA DE HAMBRE DE PADRES DE TUTELADOS

La historia de Laura: Dé como Servicios Sociales y la Policía colaboran para "secuestrar" a su hijo y entregarlo a una familia influyente

[Img #15577]El Diario Digital VegamediaPress está decidido a proporcionarle voz a la protesta que un grupo de padres que consideran que la tutela sus hijos les ha sido arrebatada de una forma abusiva e injustificada por las Instituciones del Estado. Dentro de esa línea informativa, queremos prestar este espacio divulgativo para que cada uno de los participantes nos cuente su historia y, con ella, los motivos que les llevan a protagonizar una acción tan drástica y enérgica como una huelga de hambre, a la intemperie y en pleno mes de Febrero en Madrid.

 

El niño de Laura, sobrino biológico de su pareja, vivía en un país extranjero con la tía de su madre biológica fallecida y la madre de ésta. Esta familia tenía en una situación económica muy acuciante y el niño tenía serios problemas de salud.

 

El tío, después de consultarlo con Laura y hablar con el abuelo del niño, deciden traerlo a España con la esperanza de poder tratarlo médicamente y ofrecerle una vida que de ninguna manera podría llevar en su país de origen, por lo que consiguen que llegue a España de un modo irregular en noviembre de 2010. Cuando llegó tenía anemia, tuberculosis… y era hiperactivo; tenía 2 añitos.

 

El niño llega en un pésimo estado de salud; empezaron las pruebas médicas, teniendo que ser tratado de anemia y dos veces de neumonía entre otras cosas.

 

Como ambos trabajaban, pensaron en llevarlo a una guardería y recurrieron ignorantemente y con toda la buena voluntad a los servicios sociales para solicitar una ayuda en el pago, ya que tenían en esos momentos una sanción administrativa que afrontar y les suponía un esfuerzo. Les comunican que tienen que tutelar al niño (algo que ellos pensaron que era un proceso administrativo normal por la situación irregular en la que el niño había llegado a España) y la trabajadora social les sugiere dejarlo en un centro si querían, a lo que ambos se negaron.

 

A pesar de los perfectos cuidados y desvelos de Laura y su pareja, el niño empeora y en enero del año siguiente tiene que ser ingresado de urgencia en un hospital, donde es diagnosticado de tuberculosis. Permaneció en el hospital un mes y durante todo ese tiempo únicamente Laura y su pareja (tío biológico del niño) permanecieron a su lado. Los SS no aparecieron para nada.

 

Un policía empieza a llamar al domicilio periódicamente para preguntar por el estado del niño y Laura piensa que simplemente se están interesando por su bienestar, no sospecha aún que todo el proceso para convertirlo en un “tutelado y adoptado” se había puesto en marcha. Esta situación se mantiene unos seis meses.

 

En ese momento Laura y su pareja deciden no seguir llevando al niño a la guardería, como una decisión propia que cualquier madre puede tomar, valorando como más positiva la opción de llevarlo por la mañana con la madre y la tía de ésta y recogerlo por la tarde dada su delicada salud.

 

Pasan dos años, cambian el domicilio a un pueblo colindante con el que vivían anteriormente y matriculan al niño en un colegio.

 

Un día el policía deja de llamar, algo que les extraña, pero les citan de la Consellería para comunicarles una “declaración de desamparo”, término desconocido para ambos y que no podían ni imaginar el alcance que llegaría a tener. En esa cita les solicitan con carácter de urgencia toda la documentación del niño y, a pesar de que estaba pendiente de unos trámites legales (apostillarla), les hacen entregarla sin darle importancia porque la consideran “muy necesaria”.

 

Un día el policía llama al tío y esa noche, ante la intranquilidad de Laura, no regresa al domicilio… Ha quedado detenido por “falsedad documental” en los papeles del niño. El tío les hace ver que no existe falsedad documental, que sólo están a la espera de terminar con un trámite administrativo, que inicia poco a poco debido al coste económico que suponía.

 

Los SS les hacen dos visitas domiciliarias: una en el verano de 2012, en la primera vivienda, en una urbanización nueva, en perfectas condiciones. Laura se sincera con ellos y les cuenta toda la verdad de su situación, la sanción administrativa que tiene que afrontar… porque no tiene nada malo que ocultar, sin pensar hasta qué punto llegarán a tergiversar y manipular toda la información con la que se hacen.

 

Les hacen un informe nada favorable, haciéndola pasar por una morosa (cuando estaba abonando esa sanción) y haciendo constar el hecho de que tuviera 50 años como algo negativo para el niño y egoísta por su parte, calificando el hecho de tener al niño con ellos, amarlo, cuidarlo, mantenerlo… como un “acto egoísta para satisfacer su instinto materno”. En ese momento les hacen firmar una “delegación de guarda”, pero sin explicarles en qué consiste exactamente.

 

Laura, ya muy intranquila por todo lo que estaba ocurriendo, acudió a un abogado que les dijo que tenía un amigo en Consellería y que se informaría de todo lo relacionado con el niño, pero les tranquiliza diciendo que no tienen nada de qué preocuparse, que no tienen intención de quitarles al niño.

 

En la segunda visita que les realizan en el verano del año siguiente (2013) cuando ya se han mudado a otra casa con unos cincuenta años de antigüedad pero aún no están completamente instalados, aprovechan esta circunstancia y el hecho de que en ese momento se encuentra con ellos la hija de una persona que trabajó para ella y con la que se han involucrado mucho desde siempre en su educación y cuidado, para tergiversar todo a su antojo, haciendo constar en este segundo informe que el entorno rural no es el adecuado, que la niña que se encuentra en la vivienda no es una buena referencia para el niño, que la finca “se encuentra descuidada” (porque habían estado podando los árboles y aún no habían tenido tiempo de retirar las ramas), que el hijo mayor viaja mucho (sólo porque en ese momento se encontraba de viaje)…

 

En este expediente, curiosamente, participa una trabajadora social casada con un ex trabajador de Laura, con la que ésta había acordado un despido por el cambio en su situación económica a raíz de la sanción administrativa, hecho que debería incapacitarla como referente, ya que podía existir una situación de deseos de venganza. De hecho hizo constar en el informe hechos que de ninguna manera podía conocer falseando la información (que trataba muy mal a sus trabajadores, que los cogía extranjeros para no formalizar sus contratos…). Todo mentiras, ya que Laura no tiene ninguna denuncia de este tipo en la magistratura de trabajo.

 

Laura no está de acuerdo con los informes que le realizan y así lo hace constar por escrito pero como respuesta sólo recibe una notificación que le lleva la policía a su casa diciendo que tiene que entregar al niño en 10/2013. Laura se niega, les pide explicaciones, pero sólo le responden que “no da el perfil”. Después de tres años amando y cuidando al que consideran ya su hijo y con el que se habían establecido unos fuertes vínculos afectivos… no da el perfil.

 

Firmó que no estaba conforme.

 

Incluyeron al niño en un “Programa de familias canguro”, un programa ideado para niños cuyas madres renuncian voluntariamente al niño siendo éste muy pequeño y que lo acogen temporalmente mientras se resuelve su expediente de adopción. Con un presupuesto de 350.000 € en el año 2013, el año en que incluyen al niño de Laura en ese programa, “único” niño incluido ese año en el mismo. En este programa se incluyen familias de un cierto nivel económico y afines a la Administración.

 

Laura acude a “la mejor abogada de Asturias”, que consigue exponer el caso a la Fiscal y paralizar esta entrega pero les comunican una nueva fecha de entrega del niño: el 07/11/2013.

 

Laura empieza a desesperarse ante una situación tan desgarradora porque el niño ya tenía casi 6 años, estaba plenamente integrado en la familia como si fuera un hijo más (de hecho creía que su tío biológico era su padre, porque querían infundirle seguridad y no consideraron beneficioso para el niño contarle sus dramáticos orígenes debido a su corta edad) y ella se sentía como una madre a la que quieren arrancan inhumanamente a su hijo. Necesita confiar en las medidas cautelares que le ha dicho la abogada que va a solicitar.

 

Ese fatídico día, y por consejo de su abogada, Laura no entrega al niño pero hace “vida normal” para no complicar más las circunstancia. Lleva al niño al colegio como un día más y acude después a su puesto de trabajo con el alma en vilo, a la espera de la llamada de la abogada diciéndole que todo se había solucionado, pero a las 13:00 le llama su madre para decirle que la policía “ha secuestrado” al niño del colegio…

 

Laura entra en shock, se siente incapaz de reaccionar, pero intenta actuar de forma que el niño no pudiera asustarse más de lo que ya estaría y decide “colaborar” para poder seguir teniendo contacto con él y que no le destroce esta medida. Les lleva una maleta con ropita y cosas personales de su hijo y la psicóloga del programa canguro se pone en contacto con ella para que le explique los gustos del niño en cuanto a comida, juegos, costumbres… y Laura “colabora”. Todo con tal de evitarle más sufrimiento.

 

Consigue poder verlo a los quince días y… lo encuentra totalmente desolado, según sus palabras textuales “como un trapito”. Al niño le han dicho que está con esta nueva familia porque Laura “está malita y no puede cuidarlo” y Laura, pensando que todo el malentendido se aclarará y que esa situación sólo es pasajera, no lo desmiente, hasta el momento en que le indican que debe decirle al niño que no es algo temporal sino que lo han llevado con otra familia porque Laura “no lo puede cuidar”. Ella se niega, al darse cuenta de que lo único que pretenden es que el niño culpabilice sin motivos a Laura de su situación y del terrible sufrimiento que está sintiendo. Ahí empieza la guerra. No le permiten llorar en su presencia, ni hacerle fotos… El niño, muy angustiado le pregunta “¿Sabe papá lo que me pasa?” en la creencia de que “su padre” y “su hermano” sabrían sacarle de esa situación y conseguirían que pudiera volver a su casa.

 

En las visitas Laura observa que la única finalidad que tienen es la de ir destruyendo el vínculo que les une y que Laura intenta impedir llevándole preparada sus comidas preferidas y dándole todo el cariño del mundo. Les hacían firmar las visitas en blanco, con la amenaza de que si no firmaban harían constar que no habían acudido, les negaban información de la familia con la que estaba el niño, les presionaban de mil maneras…

 

El niño empezó a estar agresivo con su hermano mayor, algo que nunca había ocurrido con anterioridad, y Laura está convencida de que ya lo estaban manipulando contra ellos, seguramente culpabilizándoles de todo su sufrimiento y haciéndole ver que “no hacían nada” por recuperarlo. El día 03/07/2013 tienen la última visita con él.

 

Laura no se rinde, investiga todo lo que puede las circunstancias que rodean a su hijo: la familia con la que está (muy influyente), el colegio al que acude… e intenta verle por todos los medios.

 

Sale la sentencia del juicio para recuperar a su hijo y es demoledora. La jueza argumenta que Laura tiene deudas con la Administración, tiene 50 años más que el niño y que todo el bien que le hizo fue egoísta y únicamente con el objeto de satisfacer su instinto maternal.

 

Comienza un calvario para Laura. Junio de 2014. La familia con la que vive el niño se lo lleva de vacaciones suspendiéndose las visitas y, a la vuelta, SS les dice que el niño ya va a pasar a preadopción y que celebrarán un última visita “de despedida”, pero que Laura debía convencerlo de que “iba a ser muy feliz en la nueva familia, que iba a estar muy bien…” y que no llorarían. Laura se negó. Los tres se negaron. No querían “despedirse” de su hijo, prometieron que lucharían por él lo que hiciera falta con tal de recuperarlo y… el niño desapareció. Como la otra vez: un día cualquiera dejó de ir a su nuevo colegio también.

 

Desde entonces Laura y su familia sólo viven volcados en conseguir cualquier información del niño, dónde está, cómo está, con quién está… una situación que ha llenado de un inmenso sufrimiento a toda la familia.

 

No sabe NADA de él y no se cansa de decir que en ningún momento se cumplieron los requisitos legales para la adopción, que les fue “robado”, entre informes falsos y venganzas personales. Han presentado un recurso de casación ante el Tribunal Supremo que fue desestimado y en estos momentos tiene solicitado todo el expediente para intentar seguir luchando para recuperarlo…

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