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Jesús de Las Heras.
Miércoles, 7 de febrero de 2018
Jesús de las Heras

¿En qué se diferencian los católicos de los comunistas?

[Img #15586]En dos cosas muy llamativas: los católicos se sacrifican por los demás para sentirse bien, mientras que los comunistas sacrifican a los demás para sentirse bien ellos. Ejemplo de ello lo tenemos las fechorías de Largo Caballero y Juan Negrín y otros muchos que en este país abrazaron la causa definida por Carlos Marx, por no mencionar al peor de todos ellos, Lenín, y a su continuador, Stalin, que finalmente se llevó todo el triste crédito por obra y gracia de Nikita Kruschev, que parece ser que sí que quitaba algo: la memoria histórica de los asesinatos en masa decretado por Vladimir Ilich Ulianov, que se escondía bajo el pseudónimo de Lenín.

 

El otro aspecto por el que se puede distinguir a los católicos de los comunistas es que mientras que los primeros siguen a un hombre que murió por los demás, los segundos siguen a líderes que sacrifican a los demás sin ningún problema para imponer su ideología. Además de los antedichos, podemos citar también a Kim Jong-un, presidente dela República Democrática de Corea (del Norte), que todavía no ha tirado sus bombas atómicas porque tiene miedo de que se las tiren también a él (que perezca su pueblo parece que le trae al fresco, como a todo buen líder de lo comunista); o a Fidel Castro, cuyo legado sigue fielmente su hermano Raúl y en cuyo nombre se sigue encarcelando a los disidentes del gobierno sólo por el hecho de disentir; sin olvidarnos al discípulo de Fidel Castro, el comandante Hugo Chávez, que hundió a su país en nombre de un ideal nada genial, labor que sigue su discípulo Nicolás Maduro, que no duda en ordenar a su policía y ejército tirar contra el pueblo desarmado (y no precisamente con bolas de goma) y ha promovido un ejército de "malandros", o delincuentes cuyos delitos nunca son resueltos si son aprovechables a favor del régimen.

 

Con estas ideas básicas el lector ya sabe cómo puede evitar confundir a un comunista con un católico. A menudo dicen aquellos que Jesucristo era comunista, porque defendía al pueblo. Pero en su ignorancia no llegarán nunca a comprender que mientras El Salvador murió por su pueblo porque se preocupaba por su bienestar, los líderes de lo comunista jamás han muerto voluntariamente por su pueblo (sí, se habla del Che Guevara, pero él murió pegando tiros, con las armas en la mano, así que no tiene nada de mártir), porque se preocupaban de su bienestar, el de ellos mismos, no el del pueblo, del cual siempre se han servido, y al que fueron incapaces de favorecer en nada en los 67 años que tuvieron el poder absoluto en la extinta Unión Soviética. Por eso un comunista es todo lo contrario de un católico, pues el primero acude a las armas para imponer su ideología siempre que puede, mientras que la ideología de los católicos les dice que quien a hierro mata, a hierro muere, que hay que perdonar al enemigo, y que cuando les peguen, que pongan la otra mejilla. Son los malos católicos, los que se han apartado de su dogma y de su ideología, los que han hecho daño, aunque hayan pretextado que lo hacían en nombre de su fe, al revés que los comunistas, que cuando más fielmente siguen su ideología es cuando más daño hacen, como los Jemeres Rojos en Camboya, que asesinaban a todo el que supiera leer.

 

Podríamos estar hablando durante horas de esto, pero eso ya lo ha hecho, y mucho mejor que yo, Federico Jiménez Losantos durante más de setecientas páginas en su excelente HISTORIA DEL COMUNISMO: DE LENIN A PODEMOS. Es un libro que saludo en clave de enhorabuena por haber tenido la valentía y la oportunidad de escribirlo, y a los que lo lean, por su preocupación por nuestro país y por lo que se nos viene encima, si somos tan culpablemente ingenuos que nos dejamos seducir por cantos de sirena.

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