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Mariano Sanz.
Domingo, 11 de febrero de 2018
Cuando hablan en nombre de todos los catalanes, es rigurosamente falso

¿Quién tiene razón en Cataluña?

[Img #15596]A mi juicio, tienen razón los independentistas catalanes

  • Cuando se sienten vejados por un maltrato del gobierno de la nación que no ha atendido sus reivindicaciones. Es difícil adivinar qué problema hay en que Cataluña sea una nación cuando Murcia y Valencia son reinos, o Asturias principado. No se me alcanza que importancia puede tener vivir en un reino, en una nación o en un imperio.

  • Cuando se quejan de que el asunto independentista ha sido tratado por el gobierno central a golpe de recursos judiciales, comenzando por el Estatuto y continuando por la implicación del Tribunal Constitucional, al que han derivado asuntos que una eficaz negociación política hubiera resuelto.

  • Cuando una consulta, del tipo que fuere (siempre hay posibilidades legales para todo) hubiera colocado el asunto en sus justos términos, por más que la opción independentista (siempre presente, con toda normalidad) en Cataluña y en otras autonomías, nunca se hubiera eliminado. Es una posición política tan respetable como otras. La mala gestión del gobierno central es culpable que esa reacción haya llegado a constituir una minoría muy representativa.

  • Cuando se quejan de la estructura elefantiásica del estado.

 

No tienen razón

  • Cuando hablan de democracia y parten de la desobediencia a la legalidad. El principio de que no se han de respetar ‘las leyes injustas’ abre un peligroso abismo en el que cualquiera puede interpretar la legalidad a su antojo.

  • Cuando hablan en nombre de todos los catalanes, lo que es rigurosamente falso.

  • Cuando siembran el eslogan ‘España nos roba’. Los que verdaderamente los han robado son los corruptos que se han llevado de Cataluña el dinero a manos llenos, confundiendo su interés personal con el de la nación, cuyos intereses decían representar. Recuérdese la expresión de la señora Ferrusola ‘Aixó –refiriéndose a los problemas de corrupción de su clan- no se li fa a Catalunya’. ¿Puede haber mayor, ni más perversa, confusión de términos? Es muy probable que en esta huida hacia adelante haya cierto interés en que esos asuntos pasen a segundo término y el famoso 3% se olvide como ha estado olvidado desde que el Sr. Maragall lo destapara en el parlamento catalán, hace ya mucho tiempo.

  • Cuando se quejan de una mala gestión de la administración catalana, achacándole al estado central todos los males, siendo evidente que las competencias son de la Generalitat, que ha hecho dejación de sus funciones abducida por el huracán del proceso soberanista liderado, sorprendentemente, por un partido que nunca se significó por tales afanes y un “presidente” huido de la justicia.

  • Cuando este proceso ha logrado abrir una amplia fractura no solamente con el resto de España sino entre los propios catalanes, llegando a la perversión de que se asocie no ser independentista con no ser ‘buen’ catalán.

 

El resto de españoles también hemos padecido los recortes, la mala gestión de unos y otros, la prepotencia del partido mayoritario, la ineficacia de la oposición, la corrupción que ha enfangado hasta las más altas instancias. A diferencia de los catalanes, no disponemos de enemigo exterior sobre quien polarizar nuestra ira. La aparición de nuevos partidos es un síntoma palpable de que los grandes han trabajado tan mal que han permitido el surgimiento de unos por el centro y otros por la izquierda, que probablemente den al traste para siempre con el bipartidismo.

 

 ¿Tendrá solución ‘El fecho’ catalán. Creo que todos deseamos que así sea. Si es posible, dentro de la nación o como quiera que se le llame a este país. Si la mayoría de catalanes, prefiere constituir un estado propio, asociado o no con España y Europa (cuyas opiniones también es preciso tener en cuenta), habrá que arbitrar los mecanismos necesarios para una ‘desconexión’ que no sabemos, a priori, donde puede conducirnos a unos y otros.

 

Es mi modesta opinión.

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