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Jesús de Las Heras.
Martes, 13 de marzo de 2018
Ahora tenemos otro presidente que dice que es de derechas, pero hace la misma política que el anterior

La huelga del padre

[Img #15700]Hace unos días tuvimos la huelga de las madres, o sea de las mujeres, y ahora los mismos quieren montar la huelga de los padres. Pero yo me pregunto quién subvenciona a los viejos. Sólo un iluso cree que las cosas pasan porque sí. Cuando lo de los trenes del 11M se armó una buena con que si fueron los de la ETA o los islámicos los que pusieron las bombas, y al final se dictó sentencia sin saber qué explosivo había explotado. Los cadáveres no presentaban huellas de metralla, pero el juicio se basó en una mochila sin explotar con metralla en su interior que se encontró en una furgoneta supuestamente abandonada por un islamista que está en la cárcel cumpliendo una pena de cuarenta mil años y que apareció días después. El resto de las pruebas desapareció casi inmediatamente. Pero se montó una buena con lo de "¡Pásalo!", y se consiguió lo que se quería: que el PP perdiera las elecciones. Pero el que salió perdiendo de verdad no fue ese partido, fue España.

 

Porque el triunfo se le vino encima al político más incapaz e incompetente de todos los que hemos tenido, que es en sí toda una hazaña, teniendo en cuenta que ninguno de ellos ha cumplido con su obligación, que es servir al pueblo español, ni lo suficientemente hábil como para que no se notara. Como me dijo en una ocasión un amigo al que respeto, esto no es una opinión, es un criterio. Porque el criterio sin opinión es oro puro, pero la opinión sin criterio es una estupidez. Y sí, Zapatero nos vendió un bonito caramelo de las maravillas que iba a hacer cuando llegara al poder, cuando ni soñaba en llegar a tenerlo. Luego vinieron las rebajas, claro. No es lo mismo predicar que dar trigo. Pero hizo algo que no había hecho nadie antes: metió mano en la Caja de las Pensiones. E incluso dedicó dinero de ella a cotizar en bolsa, con el riesgo que eso supuso. Y no me consta si en esa operación se ganó o se perdió dinero, lo cual es preocupante. No hay transparencia en la gestión de nuestros políticos, claro, porque esto no es una democracia.

 

Ahora tenemos otro presidente que dice que es de derechas, pero hace la misma política que el anterior, que hay quien dice que tampoco era de izquierdas. Entonces, ¿de qué son? Aunque quizá la pregunta más adecuada sería "¿de quién son?" Porque, desde luego, al pueblo español ni lo favoreció el anterior, ni lo favorece este. El presidente anterior llegó al poder por la movida callejera de lo de los trenes, que impulsó la noticia en los medios de comunicación masivos , que impusieron una versión de los hechos que es más que discutible. El presidente actual llegó al poder por la manifiesta incapacidad de su predecesor, que encontró el país con superávit y lo dejó en un déficit cercano a la bancarrota. Muchos creían sus mensajes salvíficos, hasta que los presidentes de EEUU y Alemania, Obama y Mérkel, lo pusieron firmes y le obligaron a desdecirse, de un día para otro, de sus teorías y pedir al pueblo español un sacrificio en lugar de empeñarse en su palabra dada de no renunciar a ninguna de las conquistas sociales conseguidas. A pesar de que, según él, "España es un concepto discutible y discutido". Bueno, también había dicho que él era rojo, y sin embargo su política no tuvo nada que ver con los rojos, pues los ricos medraron bajo su gobierno tanto como bajo bajo los de Aznar y Rajoy.

 

Por todo eso, yo no creo en las movidas sociales. Las orquesta alguien siempre. En Cataluña las han organizado los separatistas, y las de signo contrario presumiblemente otros partidos, o puede que los empresarios que están detrás de lo de Tabarnia, que a mí en realidad me parece la mejor manera de desactivar el separatismo, en lugar del artículo 155, que no se ha sabido o no se ha querido aplicar bien. Pero los medios de comunicación de uno y otro signo han convencido respectivamente de que sí o de que es ilegal (¿cómo puede ser ilegal una ley? Podrá ser injusta, inoportuna o muchas otras cosas, pero no puede ser ilegal por definición) a la gente que no se ha leído la Constitución Española. Yo creo que dicha constitución es muy mejorable, pero sí me la he leído, y por eso sé que ni es ilegal aplicarlo, ni se ha aplicado bien ese artículo. Por miedo, porque el que sí se tenía que haber aplicado era el 116, que define y establece el Estado de Sitio. Faltó a este gobierno el valor que sí tuvo la Segunda República en 1934, cuando la intentona golpista de Companys.

 

Tampoco creo que esta movida ciudadana sea inocente. Aún conservo el solivianto que me produjeron las palabras irresponsables de Cándido Méndez tras una reunión con Zapatero en que se le escapó en televisión que "ahora hay que canalizar el descontento", y si me vienen a la mente esas palabras es porque las manifestaciones de jubilados me parecen una manera de encauzar el descontento. Los pensionistas recibiremos (pues, sí, yo también lo soy, aunque los llame "viejos", siempre en sentido cariñoso) el plato de lentejas que recibieron en su día los sindicatos que decían representar a los trabajadores, y este sistema corrupto seguirá corrompiendo a la sociedad para que renuncie, sector a sector, a lo que solucionaría de verdad todos nuestros problemas, que sería asumir la responsabilidad que todos tenemos en plantear el problema y en resolverlo. Es solución se llama Cortes Constituyentes. Que los españoles digamos de una puñetera vez qué país queremos, qué régimen queremos, que en mi preferencia personal, y en mi criterio, tendría que ser una república de verdad (y no los dos remedos diferentes que padecieron nuestros padres y bisabuelos); si bien si el pueblo elige (cuando se le pregunte, si algún gobernante se atreve a hacerlo) monarquía en lugar de república, tendré que acatar el resultado de las urnas, aún sabiendo que no es lo mejor para nosotros. Pero la diferencia entre esa monarquía salida de las urnas y esta sería que esa sí sería democrática, elegida por el pueblo. No por Franco, como esta.

 

Por todo esto me pregunto que quién subvenciona a los pensionistas para hacer esta serie de movidas callejeras. Quizá me equivoque, y nadie lo haga, pero no tengo una respuesta clara. Quizá sea porque no creo en la calle. La calle es veleidosa y bastan cuatro demagogos para alborotarlas. En la calle surgió el 15M que dio origen a PODEMOS, el partido que iba a acabar con las puertas giratorias, los altos sueldos a los cargos, y el sistema mismo desde dentro. Pero se ha quedado en discusiones de patio de vecinos en que si no han llegado a las manos ha sido porque los de enfrente no han querido, pero ni han renunciado a sus enormes sueldos de diputados y otras clases de "representantes" de los ciudadanos (ya que dedicar parte de tu sueldo a financiar cosas de tu elección no es renunciar al sueldo exagerado), y con su hacer, y sobre todo su no hacer, han demostrado que el sistema no se puede cambiar desde dentro. Podrá cambiarse desde arriba, si el Rey convoca Referéndum, o desde abajo si nosotros los abstencionarios conseguimos convencer a nuestros conciudadanos de que es mejor no votar que seguir dándoles legitimidad a estos partidos que nunca harán nada por nosotros, sino por el propio Sistema de Partidos que define el propio artículo 6 de la constitución: "Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política", lo cual es una falsedad, aunque la diga la ley: ni expresan pluralismo político (todos hacen lo mismo, excepto en cuestiones cosméticas) ni son el instrumento de participación de los ciudadanos en la política, sino todo lo contrario: los partidos ponen en las listas (cerradas o abiertas, a efectos prácticos es lo mismo) a los suyos, que votarán según su ideología o las órdenes de su Jefe de Partido en lugar de en el interés del pueblo español. Porque si no lo hacen, los multarán, los echarán del partido, e iniciarán una campaña mediática en su contra, bajo la etiqueta de “tránsfugas”.

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