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Clara Inés Espí Chávez
Martes, 13 de marzo de 2018
müttando con Clara Inés Espí

Maléfica y müttante

[Img #15702]Pronunciar su nombre supone una confusión semántica con lo que ha evocado en mí la película, “Maléfica” evoca maldad, nada agradable, la verdad. Sin embargo, la encuentro una criatura maravillosa que ostenta un liderazgo natural en su territorio, las ciénagas, un entorno natural envidiable repleto de fantásticos bichos rarunos.

 

El liderazgo del hada está basado en el respeto por el orden natural, por el entorno. Quedan patentes dos cosas: que su fuerza radica en sus alas y que la sustentan unos valores nobles indispensables para mantener el equilibrio en su hábitat.

 

Maléfica conoce el amor, lleno de curiosidad y respeto por el mundo del otro, un amor dulce, de juventud, de recuerdo perenne que un día, simplemente, se acaba. También el hada se enfrenta al rey, que desea expandir su reinado invadiendo las ciénagas.

 

La ambición por la conquista suele llevar consigo una falta de respeto por saber qué se cuece en el territorio que se pretende conquistar. Es imposible valorar lo que no conocemos. La verdadera conquista nace del respeto, de la intención de ser más grandes cuando lo conquistado forme parte de nosotros. La derrota del rey, unida a que el hada no reconoce su poder, desata la obsesión, además de la conquista del territorio, de acabar con Maléfica, por el poder que ella representa. Lo que desconocemos se torna peligroso.

 

La ambición lleva consigo una gestión emocional impecable, bien sea para comprender al otro bien vaya dirigida hacia el dominio o manipulación, como es el caso. Stefan traiciona impecablemente a Maléfica evocando ese amor que tuvieron, durmiéndola y cortándole las alas, que es lo más parecido a asesinarla.

 

El momento en que Maléfica es consciente de que Stefan le ha robado las alas es explosivo, doloroso, impactante, su manera de estar en el mundo va a ser muy diferente. “Ahora es cuando se vuelve mala” decían mis hijas. A mi juicio, Maléfica sólo es mala en una escena, cuando maldice a la princesa Aurora en la cuna. La emoción que le genera la pérdida de sus alas, se perpetúa en un estado emocional de resentimiento que le lleva a buscar la venganza.

 

[Img #15701]El juego emocional que se da a partir de ese instante es lo que más me ha gustado de la película. Maléfica vigila a la princesa Aurora para asegurarse de que a los 16 años se pinche con la aguja y su maleficio se cumpla. Al tiempo que la protege para culminar su venganza hacia el rey, se va fraguando una relación recíproca de amor con la niña. Desea deshacer su maleficio y no puede, arriesga su vida yendo a palacio por el amor que siente hacia Aurora, de hecho es su beso de amor verdadero el que la despierta del sueño eterno. Al igual que en Frozen, es el beso de Elsa el que hace que Ana reviva. Uf, menos mal que vamos avanzando con el estereotipo del amor verdadero procedente de un príncipe o de un hombre salvador. El amor verdadero procede de cualquier persona que ame de verdad.

 

Maléfica no es mala, se concede la emoción de la ira, transita la venganza, también se concede la emoción del amor hacia la princesa y vive en coherencia con cada una de esas emociones. Como siempre, buscamos ganadores, así que proclamamos campeón al amor, no porque sea una película sino porque el amor vivido en coherencia genera una vibración tan alta que nos hace casi invencibles. Con invencibles quiero decir diseñadores de nuestra propia vida, responsables, creadores… Maléfica es coherente, es honesta consigo misma, persigue su meta, la visualiza y encuentra el camino para que las cosas ocurran. En la vida real esto pasa, no es cosa de las pelis, se llama manifestación y comienza con una visión.

 

El momento culminante, cuando Aurora está a salvo, cuando la venganza ya ha quedado atrás, cuando sólo queda defenderse para salir del castillo, las alas vuelven a Maléfica, las abre con seguridad, majestuosidad y poderío, sabe quien es. Ahora la juzgamos buena, en el cine sonarían aplausos…

 

Concedernos una gestión emocional ágil es el mayor acto de generosidad que una persona puede hacer consigo misma. Habitar un positivismo impuesto solo nos ayuda a perdernos una parte fundamental de nosotros mismos. Por eso me encanta Maléfica, por müttante.

 

Y tú, ¿te dejas invitar a una ronda de emociones ágiles?

 

Mientras lo piensas…que la müttación te acompañe.

 

https://muttando.com/blog/malefica-y-muttante/

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